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miércoles, 23 de julio de 2014

Parejas


Sidney Wang pone cara de Pablemos en casa de Lionel Twain

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    En los 70, las dos consignas más oídas en las calles de Madrid no eran “Amnistía” y “Libertad”, como cuentan los pesados de la Transición, sino “Hay iguales”, que cantaban los ciegos, y “Sólo parejas”, que salmodiaba el portero de un garito en la Cuesta de Santo Domingo que frecuentaba el “Giocondo” de Umbral.
    
Y la primera pareja profesional que conocí fue la de Felipe González y Alfonso Guerra, “Felipe y Guerra”, nuestros Ginger y Fred de los 70.
    
Felipe, el Cantinflas que venía a nacionalizar la Banca y a licenciar al Ejército, era el “Isidoro” de Carrero, la apuesta socialdemócrata de Schmidt bendecida por Kissinger, que no quería en España otro Cunhal.
    
Guerra, el fox terrier de pelo duro que decía Gil de Biedma, era el culto, que es la forma de reverenciar al pícaro que tiene el español.

    –¡Lo que sabe el Guerra!

    Todo el trabajo de Guerra en la “clandestinidad” fue un álbum de pintadas antifranquistas hechas en un garaje sevillano. Con eso fueron a Francia y le levantaron el partido a un viejo. El “New York Times” los llamó “nacionalistas españoles”, y se pusieron tan contentos que en la fáustica noche del 82 prometieron en un balcón del Palace la reconquista de Gibraltar.
    
La collera Iglesias-Monedero, Ginger y Fred posmodernos, es una vulgar copia marketinera de la collera Felipe-Guerra en la España de la infantilidad. Monedero va de fox terrier de pelo duro y, aunque tiene la música, le falta la letra: todos sus truños universitarios no dan para un aforismo del garaje de Guerra.
    
Y de Iglesias cabe decir lo que en los 80 el pintor Rufino Tamayo dijo a Octavio Paz en un bar madrileño de artistas:

    –Y esta gente, ¿cuándo pinta?

    ¿Cuándo trabaja Iglesias, si todo el día está en TV?

    Mas su triunfo, como el de Gonzalón, no depende del trabajo, sino del glamour. Llegará a La Moncloa, y con su coleta será como Sidney Wang (Peter Sellers) en “Murder by Death” llegando a casa de Lionel Twain (Truman Capote) para cenar.