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martes, 15 de julio de 2014

El babosoak

 Hughes
Abc

Será baboso en vasco. Aunque suena a título de Bernardo Atxaga es la práctica sanferminesca en que una mujer enseña los pechos y los hombres acuden al uníseno para manosearla. Alguien se quejará por el barbarismo (doblemente bárbaro), pero es que no hay palabra española para ello (me asombra que con la cantidad de palabras anglosajonas que uso cada vez hable peor inglés). En España estaba el magreo. Esto podría ser multimagreo. A medida que nos adentramos en los vicios concurridos hemos de recurrir a otras lenguas. Es como lo del blanco y los esquimales. Siempre nos faltan palabras para algunas cosas: amiga, novia, esposa y amante parecen suficientes, pero luego lo interesante está entre medias. Definir cuesta. «A ver, qué somos, ¡y no me salgas con barbarismos!». Son las relaciones líquidas que pedía Nothomb. O el amanteamigo de Rocío Jurado. Con el mamading pasa lo mismo. Aquí hay virtuosos del mamoneo y la mamandurria, pero mamading no había porque es mamoneo en serie. «Cuando Manolo sube a la Planta Noble le decimos: Ea, Manolo, a Magaluf». Lo del babosoak es como en las fruterías: enseñar no es ofrecer. Si cada vez que la Libertad nos enseñara un pecho saliera del fondo una mano para hacer moc-moc, ni Delacroix sería Delacroix ni la libertad sería la libertad. Bien es verdad que los guiris acuden al manoseo más como atavismo que por lo sexual. La tetisuelta en andas tiene algo de sacrilegio mariano, de saturnal guiri. Por encima del bodrio antropológico del hombretoro, establece una libertad orgiástica que reduce los Hemingway a bonobos.