viernes, 17 de febrero de 2023

Lo de Tamames


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Llevar a Tamames al Congreso, sede, no de la soberanía popular, que eso sólo es metafísica (y en España, patafísica), sino de los gansos capitolinos, para que entone el Canto del Cisne de la Santa Transición es una genialidad de Vox, único partido del malhadado Estado de Partidos que sigue, y de ahí su anacronismo, en el Consenso del 78, llamado de la Concordia (concepto que para Ortega equivalía a “reparto del botín”: el Directorio francés, su modelo), cuando los demás están ya a la vanguardia del Consenso separatista que da por sentada la balcanización de España que el Destino y la Bolsa nos han impuesto.


    En el Estado de Partidos todo es mentira menos lo malo. No hay, pues, Oposición, ese invento inglés cuyo genio político elevó la anécdota de una rivalidad histórica a categoría constitucional. Sobre la base semántica de los partidos (“tories”, o bandidos, y “whigs”, o rebeldes), elaboró Bolingbroke lo que Fueyo llamaba “filosofía homeopática de la Oposición”, que el propio Fueyo enunciaba así:


    –Un rebelde (whig) en cuanto llega al Poder se convierte en un bandido (tory), en tanto que un bandido (tory) se regenera en la Oposición, convirtiéndose en un rebelde (whig).


    Vox lleva a Tamames al Congreso como la República llevó, enfermo, de madrugada y en angarillas, a Ortega para que aclarara ante “aquellos energúmenos” la balcanización intentada entonces: que no era lo mismo ensamblar las piezas de un puzzle, a fin de formar un cuadro, que coger un cuadro y hacerlo añicos, al objeto de crear un puzzle. A los gentiles de la Santa Transición nos gusta fantasear con que la oportunidad de Tamames la hubiera tenido el coordinador de la Junta Democrática, que en esa tribuna, y sin límite de tiempo, habría divinizado la Política como Hamilton, al decir de Talleyrand, habría divinizado Europa.


    Al Psoe, que no existió en la lucha contra la dictadura, no le gusta Tamames porque fue quien completó su eslogan “Cien años de honradez” con un fogonazo de magnesio: “…y cuarenta de vacaciones”. Tampoco al Pp, que piensa lo mismo que el Psoe, sólo que después. Son los atlantes del Estado de Partidos: en la Santa Transición no hubo Gobierno; hubo Estado. Cuando Tamames pidió estar en la Junta Democrática, a Trevijano lo sorprendió mucho que en su despacho no supiera diferenciar entre Gobierno, brazo ejecutor del Estado, y Estado, personificación de la Nación, diferencia que en España (aparte, siempre, Dalmacio Negro) nunca han sabido establecer ni políticos ni profesores ni periodistas, a quienes Bodino (¡e incluso Rousseau!) pilla muy lejos, lo cual les impide diferenciar crisis de Gobierno y crisis de Estado, de cuyo estudio se ocuparon Lenin y Gramsci, replicados en la invivible sociedad española de hoy por Pablemos, eximio profesor universitario que atribuye la relatividad a Newton y la “Ética de la razón pura” (?) a Kant, y el chico de los Escolar. Crania ibérica!

 

[Viernes, 10 de Febrero]