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lunes, 29 de agosto de 2016

La jaima de Zidane



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    En plena guerra europea por el burkini (las únicas guerras que le es dado afrontar hoy a la pobre Europa, extinta en agosto de 1914), Zidane plantó su jaima futbolera en el Bernabéu, que descansa sobre el mismo mástil que el año pasado, Casemiro, herencia de Mourinho y, por tanto, ninguneado como Dios manda.

    En realidad todo es como el año pasado (eso incluye, naturalmente, la Copa de Europa), pero las masas contemporáneas aman la tranquilidad, y todo lo que quieren, en el fútbol o en los toros, es ver a sus ídolos hacer sus monerías con el mínimo esfuerzo.

    Los dos o tres toreros más ricos (no por lo que hacen en la plaza, desde luego) se pasan el año posando con el mismo toro tonto y doméstico mientras su público pela pipas con una mano y con la otra pide orejas. En el último San Isidro salió en Madrid la mejor corrida de toros de lidia en muchas ferias, unos saltillos de Moreno Silva, cuando David Adalid emocionó a los aficionados hasta las lágrimas con un simple par de banderillas, pero la Crítica Selecta tiró al ganadero al pilón por traer a Madrid unos toros fascistas y totalitarios.

    Madrid y Barcelona son los toreros ricos del fútbol español, con los demás equipos haciendo cada domingo el papel de pastueños “garcigrandes” que juegan en abierto, como manda la prensa socialdemócrata, para llevarse el correspondiente “set”. Simeone tiene dicho que si juegas abierto contra Madrid y Barcelona te meten seis, pero Simeone tiene bula para cerrarse, y los demás, no. Aun así, “set” por “set”, ni Madrid ni Barcelona han igualado la marca goleadora en Liga de Mourinho, que pasaba por ser el Maguregui de Setúbal, y la causa es que algunos partidos se tuercen, como el del sábado en el Bernabéu contra el Celta.

    Cuando se marchan las azafatas de los Emiratos, Zidane, que siempre ha oído voces (para los que insinúan que sólo oye a Flóper), pone en el Bernabéu su jaima y su baraka, en doble homenaje a Molowny (si Molowny es mangas Zidane es capirotes), y luego sus futbolistas van y vienen, incluido el portero Casilla, quien harto hace, el hombre, atendiendo por Casilla, vistiendo de amarillo y llevando sobre sus omoplatos un 1 y un 3, es decir, un 13.

    –Anda, paga tú, que hoy es tu santo y cumpleaños –dijo Curro Fetén, un genio de la crítica taurina, a un conocido gafe que se le pegó en la barra del bar un martes y trece.

    El verdadero martes y 13 del portero del Madrid son los centrales, que ante Orellana volvieron a cantar, con lo que el Mejor Central de la Historia desciende un escalón y se queda en Mejor Central del Mundo, salvado por el gol de Kroos, que tiró desde lejos, como Modric y como Casemiro (como tiraban los centrocampistas del Ajax en la época de Arie Haan), e hizo barraca, mientras el piperío se entregaba al palique preotoñal.

    ¿Le quitará Flóper con Isco a la Juve los “leures” que el United soltó por Pogba? (Bien mirado, al lado de los cuarenta de Illarramendi, los cuarenta de Isco serían precio de ganga.) ¿Marchará James al Chelsea a tirar paredes de rabona con Hazard? ¿Será Mariano (nada que ver con el de La Moncloa y tampoco con el de Fabero, Mariano Arias Chamorro, Marianín, goleador de los 70) el Pokémon de Zidane?

    Antes del partido, a James lo veía Hughes con menos horizonte que un bajo en Lavapiés. (Un pipero hubiera dicho “que un bajo en el United”, después de la escandalera canicular que nuestro periodismo patriótico le montó a Mourinho por cambiar a Mata… “por bajo”: “Mou odia a los bajos”, “Mou llama enanos a los de Burgos”, etcétera.) Después del partido, lo que hay es un estirón de James y un encogimiento de Isco, que es quien realmente está a la venta. El fútbol es la Bolsa contada por Leopoldo Abadía, el chaval de los ochenta años.


LOPETEGUI
    Lopetegui, que fue portero antes que fraile, le ha hecho un “zapatones” a Casillas, que quiere jugar su quinto Mundial, como un Michael Phelps cualquiera. Porque un “zapatones” es lo que Luis Aragonés, reputado de “Zapatones” y de “Sabio de Hortaleza”, le hizo en la Selección a Raúl, provocando un motín de Esquilache (el adulado pueblo español sólo se mueve por los recortes) en los públicos, que amenazaron con no volver a comer pipas si Raúl no volvía a capitanear el Combinado Autonómico. Luis resistió y… ganó, como había demostrado Cela. Lopetegui parece imitarlo, enviando a Casillas al pabellón de reposo del fútbol.