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martes, 30 de agosto de 2016

A Paco (Jémez)

Miguel Ángel Portugal, Paco Jémez y Rafa Berges,
 en El Arcángel antiguo, poco después de que un servidor llegara a Córdoba

Francisco Javier Gómez Izquierdo

    Admirado Paco:

      Me dirijo así a Ud, como admirador, porque siento que lo está pasando mal y porque sospecho un cierto desvarío nada extraño en temperamentos como el de Ud.

     No creo que le lleguen estas letras, pero sepa Ud. que uno o dos días después de que Ud. fuera sustituido por José González, va ya para diez años, el secretario técnico del Córdoba de entonces, que lo es de nuevo ahora -¡vueltas que da la vida!-, quiso calmar a los aficionados presentando al entrenador gaditano en la sede de una peña pujante y se ofreció a contestar todas las preguntas de los forofos. Me invitaron al acto y a Emilio Vega le afeé la decisión porque el equipo no jugaba mal. El equipo perdía puntos, recuerdo que unos veinte, en los minutos añadidos, víctima de unas ansias irracionales de victoria. “Si los partidos durasen justo 90 minutos, estaríamos en ascenso y Paco sería el mejor entrenador de España”,  recuerdo que dije. José González cabeceaba dándome la razón, pero Emilio se puso explicar no se qué de reacciones, revulsivos y los tópicos típicos de tales ocasiones.

     Volvió Ud. a los pocos años y todo fue bien. Hizo jugar a cuatro chicos que se fanatizaron con sus explicaciones y sus métodos comenzaron a recibir todo tipo de alabanzas. En el Rayo predicó unos principios gratos a los ojos de observadores simples y compuestos, pero creo, con perdón, que cayó Ud. en tentación pecando de soberbia.

      Es Ud. reconocido universalmente como un valiente y así lo veo yo también, pero créame, dicho sea con el respeto y cariño que le tengo, corre Ud. el peligro de envenenarse por falta de atención al material que le corresponde gestionar. Ud no puede exigir a sus laterales una velocidad que ni sospechan, a sus centrales una técnica individual inalcanzable y a sus mediocentros que sean Busquets y De la Peña a la vez. ¿Se ha dado Ud. cuenta del desasosiego en el que viven sus porteros y que les hace cometer errores que no se ven ni en infantiles? La segunda vuelta del Rayo la temporada pasada no precisaba valentías extravagantes ni tácticas suicidas. La segunda vuelta del Rayo quizás hubiera tenido un mejor final, si Ud se hubiera sentado a recapacitar y hubiera optado por soluciones mas conservadores y mas fáciles de asimilar en mentes carentes de la brillantez que Ud. supone en todas las criaturas con las que trata de cerca.
    
Observo apesadumbrado que en Granada –¿por qué en Granada, míster? ¿quién se ocupa de lo que le conviene?-, en vez de corregir sus desmesuras, las ha agrandado, y cuando asistí a su presentación en El Arcángel e intuí que la base del curso se iba a apoyar en Tito y Nacho comprendí que los agujeros en defensa amenazaban con ser abisales, y ante la insistencia de que Fran Rico, un futbolista al que le pierde su miedo a fallar, recibiera en defensa, no me sorprende que el centrocampista gallego haya huido a Éibar en busca del fútbol sin complicaciones de Mendílibar. ¿Se ha dado cuenta de lo que ha hecho Ud. con el mejicano Ochoa? ¿Y con esos defensas a los que Ud. hace jugar donde no saben? ¿Y si le dijera que lo tiene Ud. mucho más difícil en Granada que en Vallecas? Lo sé. No se echará para atrás. Morirá con las botas puestas, pero comprenda que esto del fútbol no es la legión y que muy pocas veces se reconoce el honor en la derrota. Si la derrota se convierte en costumbre, no dude que los que hoy le abrazan le empezarán a dar la espalda y dejarán de recomendarle en plazas de la categoría que Ud. merece.

     Dirá Ud. que con amigos como un servidor no necesita enemigos, pero tengo el convencimiento de que pocos aficionados han defendido tan fervientemente sus métodos, conceptos y sistemas como quien suscribe. Se lo dice uno que le ha visto entrenar muchísimas veces y que sufría como si fueran propios aquellos reveses a deshora en El Arcángel ante el Salamanca, Elche, El Ejido... ¿Recuerda aquel gol de Barkero en el 98 de falta desde el medio campo? ¿Y el cabezazo de Tena pasado el 95? ¿Y la decena de empates seguidos en casa más las dolorosas derrotas ante el Cádiz, la Real ó el Celta? Ud. por entonces no merecía reproches y los tuvo. Hoy, en el Granada, permita que le avise de que puede convertirse en el entrenador más goleado de la Liga. ¡Ojalá me equivoque!