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jueves, 26 de noviembre de 2020

Maradona

 


Con Pelé y Platini

Francisco Javier Gómez Izquierdo
 
        Soy otro incondicional de Maradona. Uno de esos apuntado al principio fundamental maradoniano que te hace pensar en lo que “el Pelusa” supuso en tu vida. ¿Felicidad? No. Feliz fui con Juanito, Viteri y Kresic. Con Maradona caí en la molicie del fútbol, en un disfrutar sin medida y esperar el Estudio Estadio como el momento más importante de la semana. Que se fuera al Nápoles fue una decepción descomunal y una sensación de orfandad que nunca entenderán aquéllos que no aman al fútbol sobre todas las cosas. Buscábamos las noticias sobre el genio y envidiábamos a los napolitanos que disfrutaban con una delantera “Mágica”: Maradona-Giordano-Careca. Vivimos Mundiales con la angustia de la eliminación de Diego. En el 86, en el partido contra Inglaterra, asistimos frente al televisor a la clase de fútbol más extraordinaria que se haya impartido hasta la presente. Eso era y creo que debe ser el fútbol. La picardía, la astucia, el desparpajo de un tocado por los dioses que con toneladas de duende engañó al mundo entero en una décima de segundo. De la mano sólo supieron en el momento, él mismo, Stevens, el 2, y Fenwick, el 14. Puede que también Shilton, pero nadie más lo vio. La pequeña duda del árbitro vino por la desesperación de Fenwick. El engaño, tan perfecto como la mejor gambeta, perdurará por los siglos de los siglos. Para enmudecer las lenguas que preparaban una crónica sobre tramposos Maradona fabricó su apoteosis. Fueron los segundos balompédicos más hermosos y definitivos que se recuerdan. Un “ahí tenéis, boludos” que creo enmudecieron mis ojos y los de millones de aficionados. Lo de Méjico no se volverá a repetir porque ya saben ustedes cómo se las gasta ese artefacto que quiere erradicar la pillería del fútbol. Por eso el fútbol no va a volver a ser como cuando lo jugaba Maradona. Tampoco la Copa de Europa. Cuando el ídolo volvió a España empezó el negocio de la Champions. El Sevilla de Luis Cuervas soñó con ella pero para entonces Maradona bajaba de la montaña aunque su zurda siguiera trazando maravillas.


        A partir del 88 acudía en tren a Sevilla siempre que el Burgos visitaba el Villamarín o el Pizjuán. El penúltimo partido de la 92/93 el Sevilla jugó contra un Burgos ya descendido pero como comprenderán no podía dejar de ver a Maradona en directo. Recuerdo que estaba el Papa en Sevilla y había un ambiente sensacional. Fue el famoso partido de la bronca con Bilardo al sustituirlo. Salí del campo pesaroso -el fin de Maradona y el fin del Burgos- y esperé a saludar a Edu que era de Gamonal y autor del gol del empate que apeaba al Sevilla de la UEFA... y por ver si veía a Maradona. No pudo ser porque se marchó a casa antes de que acabara el partido con un cabreo monumental.
     

Hablándolo con el Gaitu ayer tarde dijo que no recordaba lo que pasó en Sevilla pero que de la ida en El Plantío hay una imagen inolvidable en la esquina del córner del fondo norte que pega al Arlanzón. Como a Pelé en Evasión o Victoria, algún “salao” le echó una naranja “al Pelusa” y éste, ni corto ni perezoso, como atraído por un impulso irrefrenable, se lió a toquecitos que tuvo que interrumpir ante la obligación reglamentaria de sacar de esquina. Hay por ahí un vídeo con un papel de plata pero de la naranja de El Plantío sólo tienen la imagen los que lo vieron en directo. Detalle eterno de un personaje inmortal.
     

Maradona era arte puro y el mayor talento que ha parido el fútbol. No me gustan las comparaciones que empujan a que elijas entre Di Stéfano, Pelé, Cruyff, Messi o Maradona. Son tramposas y mal planteadas. ¿Qué hubiera sido de Messi ante Goicoechea, Gentile, Arteche, Camacho...? ¿Y de Maradona en estos tiempos en los que los árbitros de fútbol pitan las personales del baloncesto?  Ese repóker es incomparable, pero ninguno de los otros cuatro, y miren que Messi es de una perfección y se diría que de una exuberancia que acalla la mínima objeción, ha llegado tanto al corazón de los que añoramos un fútbol sin objetores de conciencia.
      

Su vida, un desastre. Un continuo despropósito. Un no parar hacia su destrucción. El malditismo con el que se nos presentaba quizás nos lo hizo más querido. Expertos lo explicarán como corresponda. Yo sólo sé que todo se lo perdono en pago a las sensacionales tardes que he pasado disfrutando de su arte.

 Descanse en paz.


      ¡Ah! Ayer hubo Champions. Ganaron los de siempre, menos el Liverpool. No parece que vaya a haber novedad para octavos.