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martes, 23 de julio de 2019

Airecillo



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Madrid Central es un peaje socialdemócrata del Ursulismo Europeo (UE), y no tiene vuelta atrás. En el jaleo judicial sólo hay paripé, aunque divertido: la avocación del juez para ponerse al frente de la Salud del Pueblo parece una redacción (con bocadillos de Forges) de Sor Lucía Greta, que hablará en la Asamblea francesa como el Niño Jesús (Lucas 2:41-50) en el Templo ante los doctores de la Ley.
Concurren los presupuestos del “periculum in mora” –dice el juez.
Los latinajos a lo fray Gerundio son el comodín de la justicia, y a veces, del fútbol (recuerden el “ad pedem literem” de David Vidal a los periodistas), para zanjar una discusión. Es verdad que, cuando el abogado de la Manada tiró del “in dubio pro reo”, todo el mundo le tapó el latinajo con un “alemanajo”, el “gesundes Volksempfinden” (“el sano sentir del pueblo”) del Código hitleriano, y es que aquí la última palabra siempre es alemana. (“Menos lobos, que en París estabais aprendiendo alemán cuando llegaron los americanos”, tuiteó Trump a Macron cuando a éste le dio por levantar su “grande armée” contra los Usa).
Madrid Central, se nos dice, es la garantía del sano airecillo madrileño, ese cierzo velazqueño que era para Ramón el ciervo de los vientos (“triste, cornamentado, corredor”), y para vigilarlo Macron nos venderá un skater volador como el que mostró al mundo en el desfile de la Bastilla: el skater sobrevolará Madrid Central cortando el viento con su napia macroní y entonces… “¡ay de los que ahora reís!”

Un buen socialdemócrata alemán, Sloterdijk, fecha la inauguración del siglo XX a 22 de abril de 1915 con el primer uso masivo de gas clórico como recurso bélico (alemán): ganas de toser y zumbidos en los oídos eran los síntomas, como en Madrid Central cuando pasa un automovilista que no es residente.

Madrid Central será nuestro claro del bosque heideggeriano: la aireación (“Luftung”) en lugar del claro (“Lichtung”). Que a esto se refería Zetapé cuando quería ser supervisor de nubes.
Si los hombres somos discípulos del aire, las nubes serán sus tutores.