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jueves, 5 de octubre de 2017

¡Mentira!

La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Desde que Platón criticó las mentiras de Homero, la mentira es la verdad de la imaginación.
La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo, tiene dicho Revel, es la mentira. Por eso resulta entrañable comprobar que el único argumento del español de orden contra la sedición sea que los sediciosos dicen mentiras (muy bien apañadas, por cierto, como ha demostrado Hughes en su indagación sobre ese “derecho a decidir” que hace que la Independencia pueda alcanzarse buscando, gritando y pidiendo... democracia).

En la política no hay más verdad que el poder: conquistarlo, defenderlo y ampliarlo. El resto es literatura (no siempre homérica): mentiras.

En el nazismo todo era mentira, menos lo malo. Pero la mentira no es un invento nazi: Lenin desencadenó la Revolución de Octubre, de la que ahora se cumplen cien años, al grito de “¡Todo el poder para los soviets!” Pero cuando en la rebelión de Kronstadt los soviets se alzaron contra la dictadura del Partido, Lenin no dejó en pie más que “el soviet de la Complutense” (?) que dirigía, antes de colocarse como partisana en el Ayuntamiento de Madrid, Rita Maestre.
La madre de todas las mentiras es la Revolución francesa, una mentira en sí misma, y partera, en lenguaje marxiano, del terrorismo (Convención), la corrupción (Directorio) y el militarismo (Imperio) ilustrados. De la mentira de la Bastilla (espectáculo de la chusma que a Saint-Just le pareció “propio de caníbales”), bendecida por el “Te Deum” real, a la Gran Mentira del 15 de julio del 91 con el decreto de la Asamblea que transforma la huida del rey a Varennes… ¡en rapto!... a fin de detener la Revolución, que avanzaba hacia la abolición de la propiedad.

La Europa contemporánea se balancea sobre una telaraña de mentiras alrededor de la Mentira Suprema: la resistencia de las naciones continentales al fascismo. Y la acedía moral que produce la combatimos chupando caramelos “toffee” del “Estado de Derecho”, tautología huera, chirle y hebén que… ¡ya ven!