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viernes, 28 de septiembre de 2012

Presupuesta, que algo queda

Koiné con humor y metáfora
 
Jorge Bustos
 
Al legendario economista John Kenneth Galbraith, más que testar científicamente la operatividad del keynesianismo, lo que de verdad le preocupaba era cómo terminar de una vez por todas con el lenguaje críptico de sus colegas. Cómo vertirlo a una koiné mayoritaria, con humor y metáforas, sin incurrir en la acción de divulgar, que es al conocimiento lo que el porno al amor, de modo que cuando tratan de vendernos a tal escritor por su estilo muy divulgativo estamos siempre tentados de preguntar cómo es que acabó así. El caso es que el presidente Lyndon Johnson quiso sacar partido de los desvelos pedagógicos de Galbraith y lo contrató como asesor. Un día, el demócrata le encomendó la escritura de un discurso ardoroso sobre economía. Cuando Galbraith terminó de leérselo en el despacho al presidente, este, esbozando una sonrisa, concluyó:

Ken, me has salvado la vida. Es un discurso brillante, con el sello de las personas seguras… Es una lástima que nadie lo vaya a entender. ¿Nunca has pensado que escribir sobre economía se parece mucho a mearse encima? Solo uno nota el calor, pero nadie más se da cuenta.

Si un clandestino ordenanza hubiera colocado ayer un par de orinales en la sala de prensa de La Moncloa bajo las butacas de Luis de Guindos y Cristóbal Montoro, muy probablemente los habría retirado llenos. Uno los ve esforzándose sinceramente por volver inteligibles sus Presupuestos Generales del Estado y por un momento se conforma con no pedirles más, hasta que se acuerda del IVA, de la poda fiscal de junio y de sus amigos funcionarios, que son los nuevos judaizantes del tertulianismo inquisidor. 
Entre Montoro y De Guindos, acaso para vigilar los golpes bajos como el árbitro en el boxeo, se sentaba Soraya Sáenz de Santamaría, y los tres formaban un verdadero triunvirato, porque existe una virilidad femenina que la vicepresidenta sabe ejercer en las ocasiones solemnes, que ya van siendo la mayoría.

El escritor es el elemento macho de la sociedad. Esparce el polen de sus ideas y fecunda al político, que es claramente el elemento femenino —le explicaba Ernesto Giménez Caballero a un Joaquín Soler Serrano con los ojos como pelotas de naftalina.

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