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jueves, 27 de septiembre de 2012

Enugu

¡Madrid!

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

   Con Lindo y Pep Guardiola en Nueva York, los gringos cursis compran de España la imagen que les vende el “New York Times”, que es la de Biafra, capital Enugu.

    –España no es Uganda –se defiende Mariano.

    Ni Madrid es Enugu, a pesar del “dirty chic” de la apoteosis perrofláutica que vino a rodear al Congreso y acabó rodeando a Miguel Ángel Aguilar, al que perdió su traje.
  
En Madrid, llevar un traje casi supone hoy lo que en el 36 levantar la mano para parar un taxi: el “paseo”.
  
A Aguilar le llamaron político, guardaespaldas y tertuliano facha, los tres gremios trajeados que nos quedan, y ante un agresivo chequista con pinta de cuidarse con los consejos de Txumari Alfaro y de instruirse con las columnas de Aguilar, Aguilar improvisó la sonrisa de Gene Wilder cuando escapó el jovencito Frankestein.
  
Seguí el espectáculo perrofláutico como seguía de niño la Vuelta a España: un rato de cuneta y otro rato de televisor, mientras recurría una multa de 150 euros enviada a mi hijo por cantar en una calle de Malasaña un sábado de mayo... ¡de 2011!
  
–…la persona denunciada se encontraba gritando o vociferando, lo que perturbaba el descanso de los vecinos.
  
Vecina de Malasaña es la delegada del Gobierno, la sin par señora Cifuentes, de cuya tolerancia no cabe dudar, pues tiene Madrid que parece la cama de un loco.
  
A los 150 euros de la multa del cante, que consta de cuatro folios de jerigonza medioambiental, sumaré los 1.500 de un Aranzadi de segunda mano para responder a doña Laura Seguí, instructora, y doña María Isabel Sánchez, secretaria, el peso de cuyas nóminas me abruma, más las de los guardias municipales de esta Operación Overlord en Malasaña.
  
¿Es que no han visto ustedes la nómina de un ordenanza en Jerez de la Frontera?