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domingo, 30 de septiembre de 2012

Camus

Ignacio Ruiz Quintano
Abc Cultural

    Antes, cuando una civilización sentía que su final se acercaba, mandaba a llamar a los curas.
    Ahora manda a llamar a los cineros.

    Mal que bien, un cura te dejaba sin chocolate con soconusco, pero sabía latín.

    ¿Qué sabe un cinero?

    En San Sebastián, hecho un Dum Dum Pacheco de la intelectualidad, el cinero Oliver Stone se ha tomado su chocolate con soconusco y, a cambio, ha entrado a los capotes con una docilidad que raya en el juanpedrismo:

    –El hecho de que Aznar fuese un aliado de Bush y participase en su coalición significó una desgracia para España. Para estas cosas está disponible el Tribunal Internacional de la Haya. Si le queréis llevar a juicio depende de vosotros.
  
Será cosa de estudiarlo, en cuanto Bolinaga, el gran Manitú del bilduismo, coja un poco de peso.

    Y no se mueve una hoja.

    Que en esto consiste la verdadera crisis.

    En Francia andan a palos con el centenario de Camus.

    La diferencia cultural entre un país vivo y un país muerto es andar a palos para poder vivir del muerto mientras llega el día de morir del vivo.

    España era un país vivo cuando andaba a palos por Gallito y Belmonte como ahora anda a palos Francia por Camus y Sartre.
  
Creo en la justicia, pero defenderé a mi madre antes que a la justicia.
  
Fue la declaración de guerra de Camus a la mafia moral de la izquierda, con su Sartre estrabón y farsante.

    –Si un terrorista lanzase una granada en el mercado de Belcourt (Argel) que frecuenta mi madre, y la matase, yo sería responsable en el caso de que, para defender la justicia, hubiera igualmente defendido al terrorismo –fue lo que dijo Camus.

    Había, pues, que acabar con Camus, y que pareciera un accidente.

    Lo explica Revel:

    –Diciendo que no había Bien absoluto en la izquierda, Camus hizo desencadenar contra él una campaña de denigración cuya maldad y falta de honradez sólo fueron igualadas por su eficacia.