lunes, 13 de febrero de 2012

Justicia mediática

La madre

Francisco Javier Gómez Izquierdo

Mis vecinos están dispuestos a linchar al presidente de la Comunidad porque llevan dos días sin poder ver Telecinco.

-No nos enteramos de lo que pasa con los hijos de Bretón.

Ahora que hemos aprendido a idolatrar a los jueces y que es muy democrático y progresista estudiar la carrera de Abogacía por televisión mientras los charlatanes que tienen acomodo en todas las cadenas nos van enseñando en qué consiste el Estado de Derecho... es tiempo de suprimir gastos y tiempo en las Facultades y “juzgar según nuestra conciencia”, como dijera Garzón... y no conforme al ordenamiento jurídico. En contra de la corriente opinión, el juez fue mal instructor (se le iban por prescripción, dilación judicial, ilegales tomas de pruebas...), y pésimo abogado defensor. Alguien lo pilló certeramente cuando alegó ante el tribunal: “...yo creí que...”

¡Válgame el cielo! Hay jueces que creen que... y policías, que tal como jueces.
Veamos a este Bretón que hace justos cuatros meses dice que perdió a sus dos niños, y del que se cree saber hasta de qué lado se acuesta en la cama: los psicólogos ya le han registrado el alma -ellos dicen personalidad- para que el vulgo haga sus números. Nos cuentan que es manipulador, ordenado, obsesivo con la higiene, que no sufre ni padece, que tiene rasgos psicopáticos... y muchas detalles más, de los que ninguno tiene perdón. Un servidor, que sabe de las mañas de esta lepra que idiotiza al mundo, les preguntaría... “¿Y qué quieren decir ustedes con eso?”

-Fíjese si es listo que tiene 120 de inteligencia – dice una señora que es vecina de los padres del preso de moda.

Los psicólogos hablan mucho, pero en realidad no dicen nada, y en el caso presente nadie se ha parado a preguntar a quien corresponda por qué no se detuvo inmediatamente al que ya todos ven como culpable. El lugar de la desaparición, las explicaciones sobre la aún esposa en Huelva, y el escaso movimiento de personal en el parque llamaron la atención de esos policías de base que sólo han quedado para obedecer las órdenes de comisarios burocratizados. Recordarán ustedes que José Bretón tuvo diez días para meditar bajo la ducha de su casa sobre lo que pasó aquel 8 de septiembre, y cuando el juez empezó a reparar que un padre debe responsabilizarse de su prole, entendió que aquel hombre escondía alguna verdad terrible.

No seré yo quien diga que Bretón es culpable, porque estoy convencido de que el Estado de Derecho, tan banalizado en los medios, debe respetar de modo efectivo el principio de presunción de inocencia. Si la investigación no prospera, a Bretón lo tendrá que soltar el juez por mucho que escandalice al vulgo y por muchos intelectuales y gentes de la Cultura que salgan preguntando por el paradero de Ruth y José... pero sí quiero apuntar que a un señor “desapartao” y condenado a cien metros de alejamiento de su esposa en un pequeño pueblo de Córdoba lo han metido seis meses preso sin posibilidad de acortar pena, pues las condenas de seis meses se cumplen “a pulso”, por romper el alejamiento. Resulta que Rafael estaba en la puerta de su casa despidiendo al hijo que le había ido a visitar y dispuesto a coger el coche para ir al trabajo a seis kilómetros. Una corriente de aire cerró la puerta y como el hijo de 16 años tenía la llave de la casa del padre en la casa de la madre y la madre estaba en Córdoba en las Rebajas, el “nene me dijo que le acompañara y que me sacaba las llaves”. Al día siguiente, alguien le contó a fulana que había visto a fulano a la puerta hablando con el nene... y la fulana se plantó ante el juez a explicar la maldad del ex marido. A las dos horas fue detenido por la Guardia Civil y pasadas otras cinco entraba en el Módulo de Ingresos a cumplir tan gran delito.

-Mire usted... perdí mi casa, veo poco a mis hijos y ahora he perdido el trabajo... Y de verdad, no he hecho nada.

Está bien que se proteja inmediatamente la debilidad femenina, pero tampoco estaría mal que ese derecho abarcara también a los niños “y niñas” de dos y cinco años... pero la señora Gallizo y el señor Garzón “creen” que la Justicia anida en sus corazones puros.


El padre