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jueves, 23 de febrero de 2012

Hasta el rabo, sigue siendo toro

Martes de Carnaval
Plaza de Toros de Ciudad Rodrigo
Viendo a Iván Fandiño

Jorge Bustos

Los que saben dicen que el torero valiente del momento no es ninguno de los que petan las revistas del puchero sino Iván Fandiño Barros, ex pelotari, natural de Orduña, vizcaíno como salido de los altos hornos que, según Márquez –mi instructor en asuntos de tauromaquia– se atreve con las ganaderías preconstitucionales que rehúyen las figuras como los grupos parlamentarios la opinión personal.

Lo que separa a Fandiño de los pitiminís del escalafón es que él, a diferencia de los otros, mata toros de verdad, de los que meten miedo.

A uno le da miedo cualquier toro, a decir verdad, incluso le dan miedo los ratones... de biblioteca del alumnado valenciano, nuestros precoces Dubceks del litoral que se han quemado las pestañas leyendo seguramente el De subventione pauperum de Juan Luis Vives y así se lo hacen saber –blandiendo vademécumes de politología renacentista– a los primates de la porra, según la dialéctica informativa trazada por El País. Pero a un torero se le presupone valor como a un diario global el grito en el cielo de los reprimidos, así que acompañé a unos amigos hasta Ciudad Rodrigo, donde se celebra el Carnaval del Toro, para ver torear a Iván Fandiño. Se ve que cada terruño de nuestra plurinacional nación celebra el carnaval a su modo y es mejor así, porque no quisiéramos ver a las drag queens canarias corriendo los encierros con esas plataformas.

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