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sábado, 20 de junio de 2020

Ojalateros

Pie de María Soraya
Detalle


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El “voletío”, según el Séneca, expresa el tramo menor, afanoso y valiente, en que, de alero en alero, fraccionan su vuelo las fuerzas de progreso. Voletío, pues, de María Soraya, en el corralillo patrio para pedir… moderación en las formas.

    Dicho por alguien que la estudió, la moderación en las formas se impone siempre que la insensatez y el extremismo de fondo han pactado la impunidad de sus desmanes.
    
Nada hay más moderado que los modales de los atados al poder con pactos secretos de inmoralidad política.
    
Ahora que todo lo que somos flanea, se echa de menos aquella virilidad romana de Jean Cau que en los 70 veía mil maneras de suicidarse:
    
Balzac eligió el café, Verlaine la absenta, el Che Guevara la selva y Occidente la democracia.
    
En los ambientes de Jean Cau (Sartre y todo eso), democracia llamaban al eurocomunismo, forma comunista de sentarse a la mesa del Estado de partidos (¡esto de hoy, aquí!), frente al cafrismo estalinista.
    
Una juventud refitolera se echa a la calle con su Nietzsche de Wikipedia al grito de “toda gran existencia es culpable”, idea que Cau apalea en su reproche a la moral judeocristiana que predica (en la TV, en la calle) “la culpabilidad de los fuertes y la inocencia de los débiles”:
    
Ciertamente, cuando la víctima grita: “¡Venga, golpea!”, el verdugo se asusta, y puede llegar a pensar que esa víctima posee un defecto absoluto.
    
En su día, frente al “totorreísmo” catalán (ismo de Madariaga alusivo al “tot o res” como categoría del español), María Soraya impuso la moderación, no de Montesquieu, que ve en el moderantismo “el principio de la aristocracia”, sino de la nao “Piolín” varada en la Barceloneta mientras los separatistas le merendaban la cena. Y a promover esa moderación la envían hoy los “ojalateros” del Régimen (los pericos ligeros del “¡ojalá María Soraya donde ahora Pablemos!”) para que frau Merkel nos suelte un dinero de bolsillo. ¡Ay, cuando nos repetían que la pucelana era el ojito derecho de la frau!