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sábado, 13 de junio de 2020

Anticomunismo


 Hughes
Abc
 
Mientras hablaba de Supervivientes, lo que exige no poca creatividad, Alesandro Lecquio reveló algo escandaloso: “De la misma manera que unos odian a los fachas, yo odio a los comunistas”.

Lo primero que llama la atención es que para decir ciertas cosas en España hay que cumplir como mínimo dos de estos requisitos: ser millonario, ser extranjero, o estar de vuelta de todo. Schuster criticó el ultraje al himno en la final de Copa, Figo ha sido uno de los pocos famosos críticos con el gobierno y ahora habla Lecquio, que tiene la libertad del que ha perdido lo más importante (reciba mi pésame).

Inmediatamente llegó Ana Rosa con las sales. “Guerracivilismo no”, pero Lecquio no iba tan descaminado. No sólo por sus razones (“Han matado más”), también porque el anticomunismo puede ser una ideología necesaria.

La penúltima “revolución” conservadora, la de Reagan, en la que aún abrevan los neocons que sobreviven en su odio a Trump, estuvo cimentada en un fuerte anticomunismo que daba cohesión a elementos liberales y conservadores muy dispares.

El comunismo era entonces algo nítido. Era un enemigo claro, preciso. Ahora es mucho más complicado, parece un sarampión zombi y algunos le llaman “populismo”, pero en los debates sobre las formas de resistencia a las políticas de identidad, aquella determinación intelectual se echa de menos.

Más en España, donde el comunismo fue la pila bautismal en la que los franquistas se purificaban para entrar en la democracia-que-entre-todos; llegó luego el segundo “cuarentañismo”, PRISA como intelectual orgánico, y una forma de corrupción muy particular en la derecha: comprar legitimidad individual a la izquierda pagando el precio los demás.

Estos días vemos cómo el PSOE afirma su biologismo en la cuestión del “género”. Chica es la que tiene tesorito. Y eso, como bien indicó Javier “Derroiciones” Bilbao, es lo que decía Hazte Oír antes de ser convertidos en caravana apedreable. Tenían razón. O al menos eran una voz digna de participar en el debate público.

¿Es lo actual una forma de comunismo? ¿Es una degeneración del liberalismo? Excede las posibilidades de este espacio y de este plumilla, pero la actitud “anti” no parece superflua. Lecquio tiene más sustancia que el tertuliano liberalio.


Lecquio tiene más sustancia que el tertuliano liberalio