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martes, 15 de agosto de 2017

Biarritz





Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Madrid, en agosto y con dinero, Baden-Baden. Eso dijo el marqués de la Valdavia, pero los madrileños bien, en agosto y con dinero, preferían trasladarse a Biarritz.

    El mejor cronista del veraneo en el Norte, aquí, en ABC, fue Wenceslao Fernández Flórez, para quien el encanto principal de Biarritz (en cuyo Casino le llaman “Fernande Floris”, de profesión “wenceslao”) consistía en que siempre parecía que os iba a ocurrir algo extraordinario.

    –¿Por qué esta pequeña ciudad nos atrae y retiene? Por el profundo respeto a todo aquello que no nos importa.
    
La socialdemocracia es Biarritz en agosto y con dinero.
    
En Biarritz, dice WFF, es donde podemos creer que la Humanidad se ha librado de casi todos los dolores: no se ven farmacias, nunca se tropieza con un entierro; nadie pide limosna y están siempre llenos los cafés; en Biarritz es inútil pasar hambre, porque el sol y el aire marino ponen tan buen color en el rostro que no se puede parecer famélico, y una madre de familia, que no hubiese comido en un mes, semejaría apenas una deportista sometida al régimen de moda, tostada y enjuta, y lo más probable es que la contratasen en seguida para maniquí de un modito.

    Un día WFF no comprende cómo pudo llegar a los periódicos españoles la noticia de que un veraneante español fue agredido a la salida de un restaurante en Biarritz, porque en Biarritz nunca es agredido nadie: por lo menos, las agresiones no son oficialmente reconocidas: todo está preparado para que jamás ocurra nada molesto.

    –Cuando un mes de agosto se anunció la ejecución de Sacco y Vanzetti, una manifestación fue detenida por los guardias, sonaron tres disparos y cayó muerto el caballo de un gendarme. Los diarios locales aseguraron que los disparos eran de extranjeros y que el caballo había fallecido en el acto, sin sufrir absolutamente nada, para que los multimillonarios yanquis no se disgustaran demasiado.
    
Y así nació el Reich socialdemócrata de frau Merkel, UE para el contribuyente.