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martes, 19 de noviembre de 2019

Pinker

William Hurt, en “El turista accidental”


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Donde dice digo Pinker dice Diego.

    Desde luego, el fin de semana que Pinker ha dado a nuestro liberalismo de Estado no se le puede desear ni al peor enemigo. Porque, señores, ¿quién es Pinker?

    A Pinker nos lo presentan como el pez piloto del tiburón democrático, pero sólo es un Macon Leary (William Hurt, en “El turista accidental”) que escribe guías de viajes para centristas liberalios. Cuando Ciudadanos emprendió su “viaje al centro”, su guía fue Pinker, quien seguramente no sabía que ese viaje consistía en trasladarse todos de Barcelona a Madrid haciéndose publicidad, como en el año 28 hiciera Marinetti en su “poema parolibero” (¡“paroliberismo” es toda la literatura política que hoy se despacha en los medios!) de “España veloz y toro futurista”, crónica de su accidentado viaje (el coche lo dejó tirado en Los Monegros) a la capital para dar una conferencia en la Residencia de Estudiantes.
   
 Pinker, que cae simpático por su peinado de duquesa de Alba, trabaja de lingüista en Harvard.
    
“El lenguaje… ¿qué es? ¿Qué es?” ¡Palabras de Chomsky a los 85 años, después de pasarse la vida estudiando el lenguaje! –nos dejó dicho Tom Wolfe en “El reino del lenguaje”.
    
Este fin de semana Chomsky y Pinker firmaron un manifiesto de intelectuales para exigir una negociación España-Cataluña con mucho diálogo (que ahí es donde entran los lingüistas).
    
¡Pinker, el “liberal hobbesiano” del antipopulismo o nuevo señoritismo, pidiendo la secesión de Cataluña!

    Alguien, y no un Hobbes (Hobbes se hubiera quitado el cinto y le habría dado con la hebilla), le dio el queo y Pinker retiró su firma de un manifiesto cuyo contenido, al parecer, desconocía, no siendo ese manifiesto su único desconocimiento. En 2014 lo retrataron en un almuerzo al lado de Jeffrey Epstein, “filántropo de Harvard”, y Pinker ya ha dicho que entonces no sabía quién era el lobo del “Lolita Express”.

    –El lobo es cordero asimilado –podríamos decir, parafraseando al poeta Basterra.
    
¡Para habernos matado!