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jueves, 7 de noviembre de 2019

El desprecio

Él es un alma ensombrecida por no sé qué decepciones primarias,
 por no sé qué fracasos iniciales que le mantienen en guardia perpetua 
contra el prójimo


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

  
  Lo más tenebroso del llamado debate en TV fue la mirada de Sánchez (¡el desenterrador!). Si la de Abascal, por mirar a los ojos, fuera una “mirada de derechas”, la de Sánchez, por mirar al suelo, sería la “mirada de izquierdas”: una actitud de amo (hacerse el amo) firmando cartones de bingo (¡el diálogo!) con la inmensa fuerza liberadora del desprecio.

    –¿Acaso podía tener miedo a esos seres insignificantes?
    
Sin un Trump que lo mandara a sentar, Sánchez, que tiene sus jefes y que ha puesto en marcha la Ruptura del Frente Popular del 36 (nada que ver con la Ruptura Democrática de la Junta del 74), escenificó en el plató su plan moral.

    –No pudimos llegar a entendernos –dirá Lerroux de Azaña, otro despreciador profesional–. Él es un alma ensombrecida por no sé qué decepciones primarias, por no sé qué fracasos iniciales que le mantienen en guardia perpetua contra el prójimo.
    
Lerroux es un Hernán Cortés (el gaditano, no el extremeño) del retrato literario, y en la desconfianza permanente y aisladora de Azaña ve “una muralla desde cuyas almenas el castellano otea el horizonte, mira sin compasión a los siervos de la gleba que labran su terruño, desprecia a casi toda la restante humanidad y se reconcentra y recrea en la contemplación y admiración de sí mismo, porque él sabe, él cree, que lleva dentro un gran hombre…”

    Para Ortega, las restauraciones (y ésta de la Ruptura lo es) son lo más artificioso que presenta la Historia: algunos las quieren, pero nadie, ni los que las quieren, las creen.

    –La Historia tiene de río que no sabe andar hacia atrás.

    He ahí, precisamente, el truco de la Ley de Memoria Histórica del sanchismo. Marcha atrás, lo más homologable al Frente Popular (y nos atenemos sólo a las descripciones que hace en sus memorias don Niceto Alcalá-Zamora, su presidente), “Viernes 13”, va de un jugador de hockey mágico que cura a un grupo de adolescentes heridos para que puedan irse del campamento a casa (tuit de @doctorow).

    Ay, mandilones.