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miércoles, 2 de mayo de 2018

El Derecho

 Yuri Dombrovski


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    La tautología “Estado de derecho” que repiten los loros del Konsenso soberano sólo significa que cualquier mequetrefe de los partidos, que en España son órganos-facciones del Estado, puede hacer del derecho un sayo: esa tautología es la manzana que el barbero te mete en la boca para pasarte la navaja y que asistas aseado (sin las barbas de “La vida de Brian”) a la lapidación de un juez de Pamplona que, según el ministro de Justicia del marianismo, habría dicho “Jehová”.

    Los mecanismos mentales que llevan a la lapidación del juez de Pamplona (“enemigo del pueblo desenmascarado”, en jerga estaliniana) están en “La facultad de las cosas inútiles”, el libro en el que el moscovita Yuri Dombrovski fue registrando la enloquecedora cotidianidad de “los balnearios de Stalin”.

    –¿Por qué dediqué once años a escribir este grueso manuscrito? Es muy sencillo: de ningún modo podría no haberlo escrito.
    
Pues lo aterrador del estalinismo no son sus crímenes contra la humanidad, sino su metódica eliminación de las “cosas inútiles”: el derecho, la libertad y la imaginación.

    –El derecho –suspira Zibin, el protagonista– es la facultad de las cosas inútiles. En el mundo sólo existe la conveniencia socialista. Esto me lo enseñó una mujer, mi jueza instructora.
    
Un viejo le explica luego el proceso: el camarada Vishinski llegó y lo puso todo en orden. No tengan miedo del derecho, dijo, nos llevaremos bien con él. Lo amputaremos sólo un poco. Y así lo hizo, con la satisfacción general. Diez años atrás, los profesores habían lanzado el eslogan “Abajo el derecho” desde sus cátedras universitarias.

    –¡Y qué profesores! ¡Faros! ¡Pensadores! ¡El cerebro y la conciencia de la intelectualidad revolucionaria! Así decían: ¡El derecho es una de las cadenas con las que la burguesía esclavizó al proletariado! Pero nosotros lo liberaremos de ese peso. Y lo hicieron. Había un sinfín de ilustrísimos como esos.
    
“Todo hombre es abyección”, dijo Gógol. Y por eso, hoy, todos somos Catalá.