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lunes, 28 de mayo de 2018

De la Champions del Madrid al ser o no ser del Córdoba

 Quintanilla en el Mirandés

Las lágrimas de Karius


Francisco Javier Gómez Izquierdo

        Vi la final de la Copa de Europa en Cádiz con mi doña, madridista de nacimiento que no resiste mirar a su equipo dos minutos seguidos porque le atacan unos nervios tan incontrolables que no le queda más remedio que salir del salón del televisor y ponerse a hacer faenas fuera del horario lógico. Ayer, por ejemplo, le dió por pintar unas sillas viejas.
       
Mi doña se suele asomar cuando le avisamos de los goles y cuando marcó Benzemá, se apiadó de Karius porque no había visto cosa parecida en su vida. Se santiguó ante la obra de arte de Bale en el 2-1 y soltó un “pobre portero” en el 3-1 del galés. Lo de la racha en las copas de Europa del Madrid es difícil de explicar el mismo día del partido porque en todas han pasado cosas más propias de la caprichosa fortuna que del lógico discurrir de un partido convencional. Pero como Zidane, que no niega su buena suerte, y el Madrid están hechos para la mejor competición del Mundo y las diosas de la Champions, que las hay, van a ser, pese a quien le pese, siempre propicias, no hay razonamientos ni explicaciones adecuados a tan aplastante dominio en las finales e incluso en las eliminatorias, donde lo insólito se ha convertido en corriente fenomenología. Esta decimotercera Copa es posible que se lleve la palma por la extraña plaga de guardametas atacados de majaretería transitoria en la noche del Madrid. Buffón perdió los papeles en el Bernabéu discutiendo un penalty que fue, en vez de presionar al árbitro en el minuto 92 para que acabara el partido, que era lo reglamentario. Al alemán Ulreich del Bayern se le amontonaron los malos pensamientos en nefasto día para mayor gloria de Benzemá y a otro alemán, el “pobre Karius”, le nació anoche una fuente de agua caliente entre los sesos para que hasta mi doña se apiadara de la criatura al verlo llorar como una Magdalena al final del partido.

     Los antimadradistas dicen que eso sólo le pasa al Madrid y puede que tengan razón, pero es innegable que el equipo siempre está avizor para recoger la presa en la décima de segundo más precisa. En la décima de segundo que nadie espera y a veces por el elemento del once más insospechado capaz de ejecutar a coces o con arabescos.
      
Felicidades al Madrid y los madridistas, pero los cordobesistas teníamos nuestra semifinal de Copa de Europa en Reus, y a las 20,30 estaba un servidor ante el televisor como el “pobre Karius” ante Bale. No cabía otra que salir a ganar y con el gol en la primera parte de Quintanilla, un central vasco que no había cuajado en equipos menores -Mirandés, Almería...- pero que con su inteligencia natural ha sabido acoplarse en una defensa ya respetable, la cosa no pintaba mal. El Reus sin intensidad, nosotros tranquilos, el público del Municipal con mayoría blanquiverde ... y de repente una falta tonta la cabecea Atienza, cordobés en Cataluña, para amargarnos la noche. Tendría que llegar el minuto 89 para decidir como los grandes equipos. Con un gol sentenciador. Con el muslo y sin saber cómo de ese otro central, Aythami, que parece dispuesto a morir antes que perder la vida.
      
Como dijimos la semana pasada, puede que un empate valga en la última jornada a Spórting y Córdoba. Miro la clasificación y los partidos y no lo tengo tan claro, pero apostaría que junto a Lorca, Sevilla y Barça B -increíble- baje también la Cultural Leonesa que tendrá que agradecer eternamente el infame favor del Huesca al Gimnástico de Tarragona. La Cultural, el Albacete, el Alcorcón, el Almería o nosotros... a no ser que el Rayo ejerza de campeón el domingo próximo.