Follow by Email

martes, 29 de mayo de 2018

El laberinto

La huella, de Mankiewicz


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Decíamos ayer que el Estado de partidos en España es como el laberinto de “La huella”, de Mankiewicz, pero pasada por Ozores.
    
¡Qué confusión de cosas! ¡oh Dios! ¡qué laberinto! –suspiran por Juan Ramón las Marías en la caja del híper ante la moción de censura.

    En el Estado de partidos no hay política (lucha por el poder), sino consenso (reparto del poder), cuyo factor de gobierno es la corrupción. Delante, ahora, no tenemos un cambio de Régimen, sino un trastrueque de consensos.

    Este Estado de partidos cree que su salvación pasa por la reconversión territorial que las derechas vasca y catalana deben pastelear con la derecha de Madrid, que es Rajoy, señalado para perpetrar la reconversión territorial como lo fue González para cometer la reconversión industrial. El ruido y la furia que se avecinan con la moción de censura de Sánchez sólo es otro cuento sin sentido contado por un idiota, como decía Shakespeare de la vida donde la confusión hizo su obra maestra. En esta representación, Rivera no es sino el hortera (el mancebo) de la Tía Javiera para votar a conveniencia. Por ejemplo, los Presupuestos, de votación y sustancia clavados, estos del 18, a los de junio de 1935, reseñados en ABC:

    –Bueno –explicó Calvo Sotelo en la tribuna–, y si no hubiese presupuesto antes de fecha ¿qué pasaría? (Todos se miraron). ¡Pues no pasaría nada! (Suspiro de alivio). (Algunas voces: “¡Eso es: nada!”) Se aprobarán en la mañana del lunes, o del martes, si queréis, y eso, que ya se hizo en otras ocasiones, no perturbará la vida española. Y si alguien dice que con ellos se falta a esta Constitución, que va a ser reformada, puede contestar que muchas más veces se le faltó, y en asuntos más graves. Pongámonos en el peor: que no haya presupuestos ni el martes ni en julio ni en agosto. ¿Y qué? En todo caso no se perdería nada, porque lo que se está discutiendo son los presupuestos peores que he conocido nunca.
    
El 36, ya se sabe, se los llevó a todos luego como en un cha-cha-chá.