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domingo, 27 de septiembre de 2015

"¡Quién pudiera emigrar!"





Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El “tabarróna catalán” lo dejó resumido casi en un tuit un aforista austrohúngaro (¡la “patria” de Berlanga!) que escribió mucho y bien (es decir, mal) de los periodistas:

    –No existe nada más miserable bajo el sol que un fetichista que, anhelando un zapato femenino, tiene que conformarse con una mujer entera.
    
El separatismo catalán es fetichista del zapato de España (también a Jesulín lo que más le gusta de las mujeres son los zapatos), pero ha de conformarse, y se sabe miserable (¡ah, la “Porca misèria” de TV3!) con la nación entera.

    El tratamiento, pues, corresponde a la ciencia médica, no a la filosofía política.

    No hay secesión, palabra fina (johnfordiana) que serpentea en la glotis del tertuliano como si fuera la copa de Higea de la farmacia. Hay sedición, pero la sedición, pasada por el consenso, es en el Código español una rueda de hámster, y ni Torres Dulce quiere contar esa historia.

    –¡Centralidad! –exclaman los padrinos del consenso (cuando el consenso entra por la puerta, la democracia sale por la ventana).

    Y, asqueado, el contribuyente hace suyo el suspiro benaventino (cada vez que a Benavente le pateaban los estrenos): “¡Quién pudiera emigrar!” Por asco, que el asco, dicho por Ruano, también reluce:

    –¡El asco español, la honda melancolía de quien piensa y escribe en España!
    
Ratos así, entre la Quica separatista y la Pelá dialogante, siguen siendo la vida (política) española.