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lunes, 22 de diciembre de 2014

Bajarse al moro




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Hollywood y la Biblia.

    Eso dijo Patton en Rabat cuando le preguntaron durante un desfile que le parecía Marruecos.
    
Hasta los goles de Sergio Ramos en el Mundialito (ya tiene cosa que ahora que lo gana el Madrid lo llamen Mundialito), los españoles en Marruecos eran Millán Astray, fundador de la Legión, y Juan Goytisolo, beneficiario del Cervantes que no nunca iba a aceptar.
    
Para crear su Legión, Millán Astray tradujo del japonés el Bushido (el camino del guerrero) y lo mezcló con la organización de los legionarios franceses y la bizarría de los Tercios flamencos.
    
Para pillar el Cervantes, Goytisolo no tuvo más que dejarse arrullar por Wert, el ministro que susurraba a los progres, que firmó el cheque por “las propuestas estilísticas complejas” de Goytisolo, español afincado en Marruecos, aunque nada tenga que ver con “El morito Juan” que a mediados de los 80 (con Goytisolo por testigo) rodó El Fary para el programa “Tatuaje” de Ullán.
    
Cuando la década se iba, Colomo llenó los cines con “Bajarse al moro”, un entretenimiento costumbrista (el costumbrismo hizo a España), y ahí había quedado el intercambio cultural Marruecos-España hasta el desembarco del Madrid, que encarna otro costumbrismo, que es el costumbrismo de ganar, y esta vez contra el equipo del Papa de Roma, hecho de armas que no se veía desde el saco de Carlos V en 1527.

    Carlos V se la lió a Clemente VII, y Florentino Pérez, a Bergoglio, sobre quien el “As” había publicado una ironía que no pasó desapercibida:
   
 –(San Lorenzo) es el equipo del Papa Bergoglio, ese necesario héroe que lo mismo lucha contra la pedofilia que amiga a EEUU y Cuba.
    
Desde que el biógrafo de Madiba suplicaba a Guardiola que no se fuera del Barça, porque, si Pep se iba, qué sería de los niños que pasan hambre en el mundo, no habíamos visto un silogismo semejante, pero así está hoy el fútbol.

    Sobre el terreno, lo más conmovedor fue ver a los aficionados marroquíes salmodiar “¡Cristiano! ¡Cristiano!” como si fueran los kikos de Kiko Argüello, que es lo que se impone en los estadios. Y por primera vez en la victoria no hubo toreo a la verónica (Raúl, que tenía de profesor a Ponce, mejor que Ramos, que tiene de profesor a Talavante) y tampoco bandera española, justo cuando Xavi acaba de confesar que una vez él gritó “¡Viva España!”:

    –Grité “¡Viva España!”, pero quizás venía de tomar unas cervezas.
    
Xavi, ex cerebro de España, se ofrece como constatación de esa sabiduría popular (tirando a cani) que asegura que en España hay más tontos que botellines de Mahou.

    Este Madrid, como el del abuelo de Majalrrayo, tiene pinta de que va a seguir ganando. No es invencible, pero cuenta con la literatura del Brasil del 70, y hasta Casillas, que vuelve a estar feliz porque vuelve a estar sin competencia, encaja como un guante en el papel de Félix Venerando.
    
Lo del Madrid en lo que va de año no es más que el reflejo futbolero de la política de la cañonera que hizo incontestables a Inglaterra en el XIX y a América en el XX. Y a quien no le guste, que se vaya de “cerves” con Xavi (corderos contra pajaritos a que Xavi es de los que dicen “cerves”).


LO QUE VALE BALE

    El piperío mediático tiene dos caprichos: Isco en el fútbol, y en la política, Pablemos. Lo que valga cada uno es lo de menos. Para hacerle un hueco a Isco, el único camino es prescindir de Bale, jugador incomprendido al que perjudica incluso su diadema. Lo ponen enredado en la línea derecha (Pegaso atado a un arado), y como es galés carece de la imaginación de aquel extremo del Sporting, Alfredo Megido (hoy vive en La Habana), que se cambiaba de banda según le diera el sol. Los periódicos nos van dando veneno hasta que nos sepa bien. La última copita de Bale la sirve el “Sunday Express” para decir que el futbolista ha dado permiso al United para negociar su traspaso por cien millones de euros.