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sábado, 16 de noviembre de 2013

Riau-riau


 Waylon Smithers es Gallardón
Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El gobierno devuelve los moscosos a la Justicia y la Justicia, agradecida, devuelve a los psicokillers a la calle, aunque con mucho dolor de los jueces, al decir del ministro de Justicia, para quien la solemnidad consiste en poner voz de odre (“Basso Profondo”).
    
Poco a poco uno va pillando los emoticones de esta españolada histórica que es el riau-riau etarra (las vacas del pueblo ya se han escapau, etcétera).

    El emoticón de la derrota de la Eta es la sonrisa de la carnicera Del Río, si damos crédito al ministro del Interior. Y si damos crédito al ministro de Justicia, el emoticón del dolor judicial sería la sonrisa (pichi, de luna lorquiana) que el jueves, día grande del riau-riau, vi dibujada en la cara del juez Pedraz, modelo de tantas cosas, al cruzarme con él en una acera a la hora de almorzar.
    
Almorzar tranquilo es todo lo que pide hoy el español medio, para quien las víctimas de Kubati son un latazo, y más cuando se acaba el rescate bancario y vuelve el crédito, que es dinero de bolsillo. Con razón el niño prodigio de las juventudes socialistas de Brunete ha pedido ya en Tuiter la ilegalización de la Avt. Después de todo, somos un país cuyos futbolistas internacionales se niegan a retratarse con el dictador de la Guinea, que, ajeno a Estrasburgo, sigue aplicando su doctrina Parot.

    Hombre, en lo que dure el riau-riau etarra, al ministro de Justicia habría que pedirle, con permiso de Estrasburgo, un favor: silencio.

    La palabra, para lo concreto. El silencio, para lo inefable.

    Decía el Séneca gaditano que una de las cosas racionadas por Dios es la tontería, y que todos tenemos, sobre poco más o menos, un cupo bastante igual de tonterías para el curso de nuestra vida.
    
Cada vez que nos callamos –insistía el Séneca–, nuestro amor propio nos hace creer que defraudamos a la Sabiduría… Pero cada vez que nos callamos es la tontería lo único a que hemos estafado.
    
Aunque nos perdamos su voz de odre.