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viernes, 22 de noviembre de 2013

En elogio de José Escolar, ganadero de ley

 San Isidro 2013
Escolar...

...y sus descalzaperros

José Ramón Márquez

Vengo ahora de un jurado taurino. Yo creo que el mejor jurado taurino que existe se llama “la taquilla”, pero declaro que yo, aficionado sin relevancia alguna, además de a aquél, pertenezco a dos jurados en los que me he visto enredado por una cuestión de pura amistad a Juan Lamarca y a Catalina Luca de Tena, que ya saben cualquiera de ellos que cuando tengan que quitarme, no tienen más que decírmelo.
Hoy hemos sido acogidos en el Club Allard para ventilar los premios que, bajo el nombre de Enrique Ponce, entrega ese restaurante, aunque no sé si la palabra que sirve para designar a un sitio donde se almuerza debería ser la misma que se utiliza para llamar un sitio donde se juega con el alimento y con el comensal de manera tan inteligente en un espacio tan agradable. El caso es que ahí nos hemos encontrado un grupo heterogéneo de personas unidas por la común afición a la lidia dispuestos a ventilar una serie de galardones, que se entregarán en breve en un lucido acto.
Traigo a colación estas minucias porque me interesa reproducir las palabras que yo dije en relación al premio a la ganadería. La discusión se estableció entre dos ganaderías, ambas de gran mérito, pero mi opción era la de votar a José Escolar, por las cosas que expondré a continuación.

Dije, más o menos, a la hora de defender mi voto:

«El toro es la base del espectáculo llamado “los toros”. Sin el toro, el espectáculo pierde completamente todo su sentido, transformándose en otra cosa. Hoy día una enorme cantidad de ganaderos han optado por entregarse a una visión del toro en que éste es un colaborador del toreo, con el que se presupone que el coleta pondrá en marcha una especie de absurdo ballet, pero la eliminación del toro agresivo e impredecible significa, hoy por hoy, la mayor amenaza para la tauromaquia. Por desgracia los toros en nuestros días son un espectáculo extremadamente aburrido. Una cosa es que algunos impenitentes aficionados no dejemos de ir a las plazas, pero otra cosa muy distinta es que ese espectáculo tan tedioso y ausente de emoción sea capaz de atraer masivamente a nuevos espectadores. Ni hay arte, porque eso es algo casi imposible de hallar, ni hay emoción porque el toro prácticamente ha desaparecido. Hubo un tiempo en que los ganaderos sostuvieron el honor de sus divisas sobre la base de echar toros fuertes, violentos, agresivos. Hoy día parece que la competencia se establece en ver quién cría el toro más bobo y con menos intenciones. José Escolar no renuncia a criar toros fuertes, duros y con complicaciones, toros que imponen respeto y ante los que no valen las posturas ni el afeminamiento. José Escolar cría toros sin concesiones, acordes a la particular visión del ganadero, toros empeñados en no dar facilidades y en mantener el honor de su estirpe, para que sólo se ponga frente a ellos aquél que tenga redaños. Además, el padre de Pepe Escolar, el tío Pichorronco de Fuenlabrada, y mi abuelo materno tenían tertulia en el Café de Levante, de la Puerta del Sol.»
Luego, en otro momento, aunque no venga mucho a cuento y hablando de otras cosas, dije esta frase que reseño aquí para que quede constancia:

«Al July le he visto muchísimas veces, desde su presentación de novillero en Madrid, y siempre me ha parecido muy mal torero, pero quién sabe si anunciándose con una de Escolar podría empezar a lavar un poco su depauperada imagen, sólo enaltecida por la crítica más pesebrera y lanar».