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lunes, 18 de noviembre de 2013

Fútbol y política

Chinchón


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    La semana arrancó con un académico de la Española diciendo que Casillas (dos Copas de Europa) vale lo que Di Stéfano (cinco Copas de Europa), y que quien no lo vea así es porque habita en las tinieblas de la extrema derecha.

    ¡El fascismo! He ahí una de esas palabras escabrosas que cada jueves nuestro académico tiene que definir como un Valdano cualquiera.

    Aquel fascismo madrileño que hace un par de años aterrorizaba a las aficiones del Barça y del Athletic en la final copera del Manzanares.

    –El que nada comprende es entre nosotros correspondiente de la Real Academia Española, poeta, rastacuer… –dijo Darío.
   
 Raza servil y trepadora, dijo el indio Alberto Guillén, que entrevistó a muchos para “La linterna de Diógenes”. Entre ellos, a don Armando Palacio Valdés, “el primer novelista español después de Cervantes” (así se presentaba él), que dedicó su discurso de ingreso al “malogrado” Pereda: “En ese discurso lo he elogiado mucho, mucho. Pero eso son compromisos oficiales, de los que uno no puede evadirse. ¿Sabe usted? Pero aquí, en la intimidad, es otra cosa. Es un buen paisajista nada más, pero no conoce el alma de las mujeres, y quien no conoce el alma de las mujeres, mal puede llamarse novelista. ¿No le parece?”

    Ni novelista… ni casillista.
    
Si seguimos la lógica académica, el casillismo sería el ismo de la extrema izquierda, aunque el único discurso oficial que se le conozca a Casillas sea el que dirigió a la nación tras campeonar en Suráfrica:

    –Estoy orgulloso de ser el capitán de estos individuos (sus compañeros), aunque son unos cabrones y están todo el rato dándome por el culo.
    
Son palabras que a nuestro académico le ponen los ojos de Marujita Díaz, pero como bolitas de alcanfor.

    Sabíamos cómo salivan los futbolistas gracias a José-Miguel Ullán, que al no ser académico pudo ocuparse un día de estudiar el sialismo futbolero de López (Atleti), más compacto que el de Raúl (Madrid), más corto, a su vez, que el de Manjarín (Deportivo).
    
Pero, ¿cómo hablan los futbolistas?
    
Para quienes sientan esa curiosidad, Casillas (“no soy galáctico; soy de Móstoles”) se ha abierto una cuenta tuitera a nombre de “Casillas World”, que suena a Marina d’Or, pero que no deja de ser ansia de unidad de destino en lo universal.
    
De hecho, Casillas fue el español más aclamado a su llegada a la Guinea, país donde sólo han triunfado Trevijano con una Constitución, el Pocero con alguna construcción y Bono con un pelazo como el de Barry White en “Can't Get Enough Of Your Love Baby”. Si se tiene en cuenta que los futbolistas son más de jugar donde los quieren que donde les pagan, la Guinea podría ser el destino de las grandes figuras en decadencia que juegan por amor, dejando Catar para las grandes figuras en decadencia que juegan por dinero. Es una salida que les debemos a Villar y a Goicoechea: no pudieron hacer que el Combinado Autonómico jugara en Bilbao, pero han hecho que juegue en la Guinea, que es una dictadura con doctrina Parot, para escándalo de nuestro académico, aunque tampoco más que Catar, sólo que Catar tiene dinero y el guiño de Guardiola.


BLATTER, VALDANO Y CRISTIANO

    Primero fue Blatter, gracioso como un reloj de cuco, con su monólogo de Club de la Comedia en Oxford. Luego, Valdanágoras, ocurrente como un psicoanalista argentino, poniendo por delante de Cristiano a las dos versiones de Messi, el sano y el cojo. Y al final, el propio Cristiano, negándose a recibir las explicaciones de Blatter, un tío que va por el mundo teñido, sobre el Balón de Oro, adjudicado a Messi como el Paquiro a José Tomás. Del prestigio de esa piñata absurda habla que en la Guinea la pelea, y a mamporro limpio, fue, a falta del pelo de Xavi, el escaqueado, por los pantalones… de Iniesta.
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