martes, 7 de febrero de 2012

NYT


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Que el antifranquismo de Garzón es puro folclor viene dado por la historia y el hecho de que el “New York Times” publique un suelto defendiéndolo.

El NYT constituye la reserva espiritual del pintoresquismo español: reyes y toreros (sic) alternando en los bares de la Plaza Mayor; José Tomás devolviendo su Medalla de Bellas Artes; retrato “ecuestre” del alcalde de Marinaleda; los Indignados de Sol agrupados en la lucha final; niñas de los años 40 caminando en pleno zapaterismo por Madrid; o las niñas del propio Zetapé recibiendo de éste el beso de buenas noches cuando lo de Iraq:

Buenas noches, papá. Y no te olvides de traer los legionarios a casa.

Que así es como entre nosotros el NYT se ha ido forjando un prestigio (“presto digiti”). Casi podemos figurarnos la vida ideal de sus corresponsales en Madrid: desayuno en el Gijón leyendo el periódico global en español, almuerzo en Diverxo, siesta en el Teatro Español, cena en La Ancha y copa en el Cock. Y lo que dijo aquel reportero inglés en nuestra guerra civil:

Extraño país España, que hace el espionaje público y la propaganda secreta.

Primicias del NYT que asombraron a Revel: en el 33, su corresponsal en Moscú, Walter Duranty, más stalinista que Stalin, negó la hambruna de Ucrania; en el 85, su enviado especial a Angola, James Brroke, descubrió que “Angolan writers Bloom in independent climate”; en el 86, previno que los efectos sobre el medio ambiente del Invierno Nuclear (que ya estaba refutado por “Nature”) causarían… ¡cuatro mil millones de muertos!

Y aquí estamos. Con Garzón.

Seguir leyendo: Click