jueves, 30 de abril de 2026

Menús


Alicia Moreno


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Con el programa carnavalero de Alicia Moreno, ya sabíamos que lo mejor sería al final, en el entierro de la sardina. “Los madrileños, gente pródiga en invenciones imprevistas... (?)”, había escrito la delegada municipal de Artes y Oficios, el organismo vertical que se ocupa de atender a los progres en la capital. Y fue Gallardón y soltó una “invención imprevista” que ha arrasado en los periódicos: “Triunfó Doña Cuaresma, la del gesto agrio, pero su victoria es pasajera.” ¿Quién es Doña Cuaresma? Pemán, que era de Cádiz, y que sabía del carnaval más que la Moreno, explica que Doña Cuaresma, como en el Arcipreste de Hita, vence a Don Carnal por tres a cuarenta, pero que no desconoce la existencia del enemigo. “Ni siquiera –escribe– hay que pensar que la formulación del carnaval, ‘Don Carnal’, es específicamente sexual. El Arcipreste reconoce, como Freud, que el cimiento libidinoso del hombre aguijonea ‘en todo tiempo’, sin mesura. No tiene acotación cronológica fija. El ‘Carnal’ se refiere más bien al régimen alimenticio. Por eso, en la pelea del libro del Arcipreste, viene con un cortejo de pollos y cebones, frente a la Cuaresma, que viene con escolta de lampreas, cangrejos y pescadillas. Es casi una batalla de ‘menús’. Es a la carne de vaca o cerdo, ni que a la señorita o ramera, a lo que alude, frente a la vigilia, la denominación de Don Carnal.” Y trae Pemán a colación la exclamación de aquel teólogo católico alemán que, después de visitar las severas y puritanas congregaciones jansenistas de Holanda, exclama al llegar a Colonia y encontrarse con una cabalgata: Al fin una ciudad con procesiones y con carnavales... ¡al fin, una ciudad católica!” Esto, en el fondo, es lo que el nuncio del Vaticano querría explicarle a Rodríguez al amor de un caldito cuaresmal que Rodríguez le debía al nuncio. A Lawrence de Eurabia, que ya ha recibido el apoyo político del islam, con sus imanes y sus mulás –y sus columnistas convertidos en máquinas de sedar–, lo sulfura que los obispos católicos no le quieran votar. ¿Por qué, si, con él, toda la legislatura es carnaval, que bebe, come y se juerguea en previsión de que al cabo viene la crisis, con su ayuno y penitencia?