martes, 28 de abril de 2026

Cuarta de la temporada madrileña con variado encierro de toros portugueses. Los adioses. Pepe Campos & Moore

 




PEPE CAMPOS


Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.
Domingo, 26 de abril de 2025. Cuarta corrida de toros de la temporada madrileña. Variado encierro de toros portugueses. Media entrada. Tarde primaveral.

Cinco toros de Palha (de procedencia compleja, en la actualidad con predominio de origen Baltasar Ibán), bien presentados, serios, de fina lámina (el tercero, escurrido, con cara, y cuarto, castaño, cornivuelto), primero y tercero cinqueños; nobles, a excepción del sexto que desarrolló sentido; mansos; el primero encastado; el segundo desgastado en varas, manejable; el tercero flojo; el cuarto castigado en varas; el sexto, castaño, flojo. Un toro de Couto de Fornilhos (procedencia Conde de la Corte), lidiado como quinto, corniveleto, escurrido, manso, con calamocheo. 

Terna: Sánchez Vara, de Guadalajara, de verde manzana y oro; veintiséis años de alternativa; doce festejos en 2025; tímidas palmas y silencio. Francisco José Espada, de Fuenlabrada (Madrid), de blanco y oro con cabos blancos; diez años de alternativa, tres festejos en 2025; algunas palmas con pitos y división. Luis Gerpe, de Seseña (Toledo), de salmón y oro, con cabos negros; diez años de alternativa; seis festejos en 2025; silencio y herido (herida en la región parietal y en el mentón; traumatismo en el hemitórax derecho, y puntazo en el muslo derecho).

Suerte de varas. Como ejemplo de la decadencia de la suerte de varas en los tiempos actuales (a no ser que los piqueros viajen a San Agustín del Guadalix y hagan el paseíllo en la Feria de los Tres puyazos), exponemos lo sucedido en varas en el cuarto toro de Palha. Primera vara, Francisco José Navarrete, en contraquerencia, trasera, el toro empuja, se le aplica metisaca y se le tapa la salida en una vara larga, el astado sale al capote; segunda vara, Adrián Navarrete, al toro se le mete debajo del caballo, la puya se le coloca caída, y se le receta metisaca al astado que sale suelto.

La corrida de Palha (remendada con un toro de Couto de Fornilhos) nos vino a continuación de nuestra presencia en la Feria del Aficionado celebrada este fin de semana en San Agustín del Guadalix. Fue el cuarto festejo que presenciamos sin solución de continuidad. Y esto pesó (por la excelencia vivida en Guadalix) a la hora de valorar el juego variado de los toros portugueses que ayer se corrieron en Las Ventas, que en líneas generales permitieron que se les pudiera hacer faenas tras haber sido pasados por la trituradora del caballo de picar. En este particular, como es de dominio común, nos encontramos ante uno de los males de la lidia actual, la poca preocupación de matadores, banderilleros y varilargueros por hacer las cosas bien a la hora de picar a los astados. Tenemos anotado que se puso en óptimas condiciones a los toros para ser picados, en la segunda vara al tercer toro, y al sexto en sus dos compromisos. Aparte está el asunto de dónde caen las puyas, y el correlativo manejo barrenador de las mismas. Para matar a los toros de Palha (que ya no dan tanto miedo como antaño) tuvimos la consabida terna de toreros modestos que han toreado muy poco en temporadas anteriores. En este sentido hay que valorar que estos matadores poco placeados tienen el arrojo de ponerse delante de los toros de una divisa que las denominadas figuras no ven, como se suele decir, ni en pintura. A pesar de ello, esto no debe ser óbice para que la crítica que se les haga sea la debida o la correcta. Nada de permisividad. Así es la vida en la tauromaquia.


Dispuestos a analizar la corrida de ayer de los Palha (incompleta), se nos viene a la mente, a la memoria, un aspecto a propósito —aunque aparentemente no tenga nada que ver— sobre la larga carrera de algunos matadores de toros, que nunca les lleva al hecho de saber decir adiós a la afición y retirarse para disfrutar de un merecido descanso rodeados de su familia, esposa e hijos (según se exponía en el Cossío al cerrar la biografía de muchos matadores de toros de otras épocas). Estamos asistiendo a un tiempo en el que para que un espada se retire del mundo de los toros tiene que aproximarse a la edad de la pensión o a la de ir a una residencia. Tal vez suceda porque los toros de hoy ya no son tan fieros como en aquellos tiempos lejanos cuando no existía el evolucionado encaste Domecq. Un linaje éste que ha tomado los derroteros de la humillación, de la flojedad, de lo que se denomina tener clase, no de la bravura, ni de la casta, sino disponerse para la colaboración con el torero e ir hacia adelante en las embestidas con obediencia, en definitiva, de disponerse hacia el arte para ser toreado por un artista. Ante esta realidad los matadores actualmente suman años de alternativa, uno tras otro, hasta sobrepasar el cuarto de siglo, desde que se midieron por primera vez a un astado cooperante. Un amplio ramillete de estoqueadores de toros artistas están aproximándose a la treintena de años de doctorado. Uno de ellos es un «ser» superior muy especial, que se fue hace poco pero que volvió ipso facto, que sufrió un percance mítico y ya está en la parrilla de salida de los entrenos que le llevarán a la sucesiva reaparición.


Por el tipo de toro que ha toreado no debería relacionarse, lo que más arriba hemos comentado, con la carrera de Sánchez Vara, un matador con abundantes años de alternativa y muy sufrido en lidias duras y en tragos amargos ante toros de verdad (recordemos que estoqueó a Cazarrata de Saltillo, hace ahora diez años, y por ello pasará a la historia), y que ha matado toros de Reta, un hecho heroico y colosal. Ayer tarde volvió a torear en Las Ventas, y no es que estuviera mal; no obstante, es posible que debiera plantearse ese adiós necesario (tras haber luchado tanto) y que la mayoría de los toreros no saben vislumbrar, ayudados del toro artista que les permite seguir en la brecha, que no es el caso de Sánchez Vara, un torero que difícilmente ha podido estirarse confiado ante la cara de un toro. Ahí dejamos el comentario sobre los adioses, título, por cierto, de una de las grandes novelas de Juan Carlos Onetti, de temática totalmente alejada de la tauromaquia. Sánchez Vara, ayer tarde, recibió a su primer toro a porta gayola y con una serie de verónicas saliendo de esa suerte, rematadas con una buena media (lo mejor de sus lidias), toreó a ese astado, que era encastado y noble, con ligereza y rapidez, sin el suficiente reposo, en una labor de trámite, sin acoplarse; lo mató en la suerte contraria de un pinchazo bajo y de una estocada caída. Al cuarto de la tarde, un toro manejable, le volvió a aplicar velocidad a sus lances y pases, en tarea desvaída. Mató de un pinchazo en la suerte contraria, y una estocada, de nuevo, caída, y delantera en la suerte natural. Mató al sexto toro tras ser herido Luis Gerpe, en la suerte contraria, de un pinchazo tendido soltando, más un pinchazo muy bajo, y, finalmente, de media estocada caída. Banderilleó a sus dos toros sin ensamble.


Francisco José Espada, inició su trabajo ante su primer toro con verónicas movidas, le puso al caballo sin ajuste (tras haber sido llevado el toro con suavidad, anteriormente, en dos templados lances por Iván García). Con la muleta abusó de torear despegado y por fuera, con la pierna de salida retrasada; muy veloz, sin temple, buscando la cercanía, de perfil, y, por lo tanto, ahogando la embestida del toro. Mató de un bajonazo en la suerte contraria. Al quinto, de Couto de Fornilhos, en una labor muy similar a su primer astado, tuvo el inconveniente del cabeceo del toro, molesto por su amplia cuerna, y de nuevo buscó las cercanías, al hilo del pitón, característica del toreo de este matador; que liquidó al toro en la suerte contraria, tras pinchazo y una estocada baja.


Luis Gerpe, fue el torero más dispuesto y el que peor suerte tuvo. En el tercero, un toro flojo, que se descompuso, se mantuvo con firmeza, en una pelea sin lucimiento; le faltó ahormar más al toro, aunque el calamocheo del astado impedía toda colaboración. Mató de cuatro pinchazos, y una estocada en la suerte contraria. En el sexto, otro toro flojo y que desarrolló malas intenciones, pues se le revolvía iniciado el muletazo, sufrió una cogida al querer sacarle partido y no rectificar. Se fajó y dejó buena impresión.








ANDREW MOORE


















FIN