Ignacio Ruiz Quintano
Abc
En la dictadura, el “enterado” era el Jefe del Estado, que daba el visto bueno al cumplimiento de la pena de muerte. En la democracia, los “enterados” somos todos, representados en el prócer Pachi López, compendio de toda la moral y todas las lecturas del español medio o españolejo.
–¿La “eutanasia” de Noelia? –dijo López en la sede de la soberanía nacional, como dicen los pazguatos–. Es absolutamente legal y me parece correcto.
La “eutanasia” de Noelia como apoteosis del Estado de Derecho liberal (el Estado como rey Midas que convierte en derecho lo que toca), que deja en jaculatoria infantil el “Yo, la Muerte” de Felipe II. Es la cultura de la muerte occidental, cuyo nihilismo europeo se resume en “la corta frase” nietzscheana, “Gott ist tot”, que para Heidegger significa que el Dios cristiano ha perdido su poder sobre lo existente. Dalmacio Negro atribuía las leyes de este nihilismo al humanitarismo, que justifica su propagación y financiación por el Estado: “Esas leyes simbolizan el triunfo del Estado, dueño de la vida y de la muerte, verdadero y único liberador, frente a la Iglesia; la victoria final de la cultura estatal (ahistórica) sobre la eclesiástica (vinculada a la tradición); de la Moral (de los valores, no la de las virtudes) sobre la Religión”…
–La eutanasia limpió Alemania de locos, impedidos y enfermos incurables. El futuro se encargaría de devolvérselos en proporciones gigantescas.–anotó Penella de Silva en su alegato antinazista “El número 7”, convencido de que las cosas hay que decirlas a su debido tiempo y que, para un periodista, “su debido tiempo” debe significar mejor un segundo antes que un segundo después.
Mediáticamente, la “eutanasia” de Noelia en esta España loca parecía, ay, Sonsoles, una de aquellas grandes tardes isidriles en Las Ventas, en cuyo Patio del Desolladero se congregaba la crema de la sociedad (“¡los del clavel!”), servida al día siguiente en mundanales “negritas” por Suárez-Guanes en estas páginas. Los liberalios celebran el triunfo del Estado de Derecho liberal como “los del clavel” celebraron la Puerta Grande de Morante, ahora, en su jubilación activa, tentando con Bonilla miuras en Zahariche.
Juanma (“la eutanasia es un deresho”) es tan kelseniano como Pachi (“la eutanasia es la ley”). En una conversación con Carl Schmitt (“Mientras el imperio siga ahí”), Hold-Ferneck pregunta a Kelsen: “Si a un legislador que se ha vuelto loco se le ocurre la idea de ordenar, escuche usted, que cada domingo deben fusilarse diez personas, porque son pelirrojos o algo así… ¿es eso ley?”
–Un día –cuenta Schmitt– Hitler se llevó a Popitz con él a la ventana y le dijo que sentía compasión por todas las criaturas. Decía que, en el fondo, era budista. Y todos quedamos impresionados.
¡Humanitarismo!
[Martes, 31 de Maro]

