Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Lo dijo en la primera movida del Golfo el general Schwarkopf: “Ir a la guerra sin Francia es como salir a cazar ciervos sin tu acordeón”. En su promoción del caos mundial, el imperio anglo puede salir a cazar ciervos sin acordeón, pero no a bombardear civiles (las víctimas de todo lo que cae del cielo son siempre civiles) sin “su” Biblia.
–¡Es con voz de la Biblia, o verso de Walt Whitman, / que habría que llegar hasta ti, Cazador! –dice Rubén a Roosevelt.
A estos tipos no se les cae de la boca, la Biblia. “Porque nuestra lucha no es contra sangre ni carne, sino contra principados, contra autoridades, contra los gobernantes de estas tinieblas, contra espíritus de maldad en los lugares celestiales” (Efesios 6:12), citaba, al hilo del bien versus el mal, Robert Mueller, director del FBI. “Por tanto, no os preocupéis por el día de mañana; porque el día de mañana se cuidará a sí mismo” (Mateo 6:34), citaba, al hilo de la confianza en Dios (fundamento del dólar), Collin Powell. Era 2003 y, al decir de Wollin, estaban impulsando el nuevo reino de la mitología, en el que unas fuerzas ocultas se empeñan en destruir un mundo creado para los hijos de la luz, que son los neocones.
Trump-47 confiesa no ser cristiano, pero siendo Trump-45 agarró una Biblia y al jefe del ejército, Milley, y fue a retratarse a la iglesia de Saint John, vandalizada en las protestas por la muerte de George Floyd. Tucker Carlson, que conoce bien a esta tropa, teme que la rapiña del Pérsico se plantee como una guerra religiosa del cristianismo contra el islam, concepto que cuenta con el apoyo retórico de la derecha española, cuyos partidos políticos tienen a sus Savonarolas comprados en los chinos agitando contra el Papa “las aguas heladas del cálculo egoísta”. Un ayatolá muerto y un Papa silenciado indica que los alienados van en serio. El secretario de Guerra trumpiano se pone su traje de Pee-wee para dar por liebre de la Biblia el gato de un monólogo de Tarantino que justifique los bombardeos desde el cielo (hacen suya la versión del cernícalo Saramago según la cual “la Biblia es matar, matar y matar”), y la directora espiritual del Presidente, Paula White, se viste de San Jerónimo para reescribir la Biblia de modo que quede claro que Trump es Jesucristo. Se trata de hacer pasar la violencia imperial por violencia religiosa, mito que ya desmontó en su día el teólogo W. T. Cavanaugh, para quien la idea de que la religión tiende a promover la violencia es parte del acerbo cultural convencional de las sociedades occidentales, emperradas en vender la moto de la “democracia liberal” en Oriente Medio. Lo que Cavanaugh llama “mito de la violencia religiosa” no fue sino la guasa liberal para suprimir el acceso de la religión al poder público.
[Martes, 21 de Abril]

