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miércoles, 20 de febrero de 2013

La mano de Dios ahora mece la cuna

Pelusas
(Colección Look de Té)

Jorge Bustos

Diego Armando Maradona ha anunciado solemnemente que en cuantito que se lo permita la agenda que lleva en Dubái, viajará a Buenos Aires para reconocer a su nuevo hijo, Dieguito Fernando, alumbrado hace días por Verónica Ojeda, que ya no es su novia.
 
Quiero dejar claro que yo ya tomé mis decisiones y las voy a seguir tomando, siempre haciéndome responsable de las mismas.
 
Con este alarde de madurez sobrevenida a los 52 años, Maradona se reinventa y vuelve a maravillar el mundo esta vez por la vía del ingreso violento en la normalidad, pues convendrán ustedes en que nada hay más normal que reconocer a tu propio hijo, sobre todo si acaba de nacer. Sin embargo, es posible que El Pelusa no haya calculado bien las consecuencias de este giro convencional a su leyenda, erigida sobre un sólido consenso en torno a su malditismo de eterno juguete o adolescente roto o como se diga con que el mundo le ha venido distinguiendo hasta la fecha, ahora vemos que quizá sin fundamento. Si Maradona reconoce a su hijo, me temo que corre el peligro de devenir una persona cualquiera, contraviniendo flagrantemente la tesis de Calamaro.

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