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miércoles, 26 de diciembre de 2012

La Navidad según Holden Caulfield

J. B. y la que está cayendo
(Colección Look de Té)
 
Jorge Bustos

No sé si han cogido ustedes el metro de Madrid en época navideña, pero siempre huele como si alguien acabara de vomitar dentro. Últimamente además se intensifica el olor porque con las huelgas los vagones se cargan el doble, o el triple, y producen unas náuseas terribles, no sé cómo no mueren más ancianas a diario ahí abajo, con la obsesión que tienen siempre las viejas por la higiene. Fuera del metro, en cambio, la ciudad se pone muy bonita, sobre todo por el centro, con todas esas luces y millones de niños entrando y saliendo de tiendas acompañados de sus madres. Hace ya mucho que no soy tan pequeño como para volverme loco paseando por las tiendas de juguetes, pero me gusta acercarme a ellas para ver las caras de ilusión de los enanos. Supongo que la Navidad tiene que ver con esas caras que ponen los niños en esas tiendas, porque luego crecen y pueden acabar en el Ejército o prostituyéndose en cualquier empleo cochambroso, y entonces celebrar la Navidad puede volverse un trago increíblemente desagradable. En serio.

A mí Jesucristo me cae bien, ya lo he dicho alguna vez, pero con el resto de la Biblia no puedo. En especial con los discípulos, a los que me cuesta distinguir de los fariseos. Gente como esa la hay ahora en todos lados, en especial en el periodismo, sacando vocecitas de lo más hipócrita para echarnos unos sermones la mar de falsos que ni ellos mismos se creen. No puedo con eso, se lo juro. Todo el día hablando de la que está cayendo. Al final Jesucristo nació en un comedero de mulas y miren luego la que armó, ya podrían los periodistas hacer lo mismo en vez de estar quejándose todo el día.

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