jueves, 16 de abril de 2020

Los Simones

Anthony Fauci quiere que lo interprete Brad Pitt en Saturday Nigh Live


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Los epidemiólogos o simones son a la pandemia lo que los economistas a la riqueza: saben de dónde viene, pero nunca adónde va. Por eso el dólar confía en Dios, no en los economistas.
    
–A ése, colega del descubridor del dizque virus del sida Robert Gallo, ya desenmascarado como un sinvergüenza, lo estoy siguiendo desde hace décadas –escribe un loco egregio, el colombiano Fernando Vallejo.
    
“Ése” es Anthony Fauci, el “simón” de Trump, a quien ha querido volver loco con la ayuda del etíope de la OMS (“menos mal que no le hice caso”, tuiteó Trump), que torcía por Xi Jinping y se oponía (“¡xenofobia! ¡xenofobia!”) al cierre americano de vuelos con la China, patria del coronavirus (“¡racismo! ¡racismo!”).
    
Vallejo, que pinta a Bergoglio en una caminata por la plaza de San Pedro (“desierta y bajo la niebla de un sombrío atardecer que él aprovechó para bendecir ‘urbi et orbi’ a la multitud contagiadora, pero ausente”), sostiene que “no se puede paralizar un país porque así lo aconsejan las estrellas del momento, los epidemiólogos, las alimañas más dañinas que le acaban de resultar a la humanidad, sin el dato esencial que les está faltando”: los contagiados.

    –Aparecen como autores de infinidad de artículos que se publican en montones de revistas y juntan sus firmas a las de otros tan vivos como ellos para ganar méritos y apoyos y becas. Son los engañatontos de la ciencia, que se suman a los de la política, la religión, la banca, etcétera.
    
La ciencia es la cadena de montaje de las hipótesis. En su camino hacia la Relatividad, Einstein desechaba una hipótesis cada tres minutos. En buen periodismo liberalio manda el principio popperiano de la falsación: el cerebro es una hipótesis que fabrica hipótesis, y falsarlas es pasarlas por el chino (¡manda huevos!) de la refutación, de Fernando Vallejo en este caso. En cuanto al CSIC del padre Albareda, sabemos que Zp quitó la placa latina de Franco y puso un árbol de Chirino donde sacar a falsar al bacteriófago Jeremiah.