lunes, 14 de octubre de 2019

De aquellos Egos...



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Los Galácticos eran Egos dibujados por un argentino. De ellos salieron cuatro torres al final de la Castellana que marcan el techo de la capital de España. Gallardón y Flóper (y yo, ya puestos) las hubieran querido aún más altas, pero desde sus azoteas se ve la sierra de Madrid, y tampoco hace falta más.
   
 Esos Egos fueron Figo, Zidane, Beckham y Ronaldo, el jugador, por cierto, que mayor impresión ha dejado en Mourinho. Ni Cristiano ni Messi ni leches… ¡Ronaldo Luis Nazario de Lima! El Fenómeno.
    
¿Y Casillas?, preguntará algún pipero.

    Casillas no era galáctico; Casillas era de Móstoles. Tenía el récord de asistencias al Combinado Autonómico, y era un récord al alcance de Ramos, que se lo ha levantado.

    A los Galácticos les ha salido un Suetonio que es Roberto Carlos y que cuenta su estilo de vida en el vestuario blanco: básicamente, que hacían lo que les salía de los dídimos, lejos de la vida cenobita que el tonto contemporáneo espera de sus ídolos del balón.
    
Al balón aquellos Egos le daban los días de partido, y el resto del tiempo lo pasaban en un avión. Beckham vivía en Inglaterra y se entrenaba en Madrid, cuyo cielo podía competir con el de Atlanta en tráfico aéreo, y todo por el ir y venir de los Galácticos. Esa locura es hoy inviable: primero, porque no hay Galácticos (Hazard no sería digno ni de atarle a Ronaldo el borceguí), y luego porque serían denunciados por Greta Thunberg bajo la acusación de atentado al cambio climático.
    
¡Me estáis robando la infancia! –gritaría Greta en la terminal madrileña de los vuelos privados, y los Galácticos no podrían hacer nada.
    
A Greta le han robado la infancia Trump y esos tipos noruegos que le han quitado el Nobel de la Paz para dárselo al etíope Abiy Ahmed. Y la gente, hasta cierto punto, lo entiende. Pero… ¿con qué cara podría robársela Ronaldo? ¿Y Figo, que es portugués y creció con la imagen de Sor Lucía?
    
Los Galácticos son el pasado, y el presente es Lucas Vázquez. Oyendo a Roberto Carlos parece que en el vestuario de los Galácticos todos los días fuera el cumpleaños de Benjamín, aquel bético cuyas fiestas eran asaltadas de madrugada por la brigada moral de Lopera, en quien Joaquín creía ver a Jesucristo. También en Flóper veía Butragueño al Ser Superior, pero Flóper nunca, que se sepa, invadió un guateque galáctico. ¿Para qué? Jugaba más Figo en un banderín de córner que Hazard y Lucas Vázquez en las dos bandas.También a Cruyff le traía sin cuidado lo que Romario hiciera en la noche de Sitges... mientras metiera goles.

    Lo gracioso es que los Galácticos exigían un Gestor de Egos, pero Hazard y Lucas Vázquez, también.
    
Camacho, amigo de acostarse como en Burgos y de levantarse como en Cieza, les duró a los Galácticos una semana. Luxemburgo, el de los cuadrados mágicos en el campo, no les hacía madrugar, pero les quitaba el chato de vino y el tercio de cerveza, así que… ¡puerta!

    –Con Luxemburgo no bascula Cicinho –decía López Garrido, que era un político muy de ver bascular a Míchel Salgado entre medianoches de apio, medialunitas de ajonjolí y bocaditos de jamón en el palco.
    
Desde luego, el gran Gestor de Egos de los Galácticos fue Del Bosque, antes de su exaltación al marquesado. Por Roberto Carlos nos hemos enterado de que su gestión de Egos venía a ser una gestión de horarios, acomodando los horarios de los entrenamientos a los horarios de los “after hours”, como hiciera Menotti en el Barcelona en la época de Maradona y Cyterszpiler, para desesperación de Schuster, que debía entrenarse a la hora que él acostumbraba a acostarse.
    
A las siete de la tarde, se entrenaban los Galácticos con Del Bosque. A esa hora, tenía dicho don Eugenio d’Ors, en Madrid, o das una conferencia o te la dan. Por supuesto, son horas para artistas, no para un medio centro. Los centrocampistas de brega tienen un reloj biológico distinto al de los gambeteadores de profesión.

    En aquel tiempo había un catalán afincado en Madrid, don Ignasi Buqueras y Bach, que presidía una Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles. La cosa, para aquella gente, era que en España viviéramos como en el cementerio de Viena, aunque los vieneses dicen que su cementerio es la mitad de grande que Zurich, pero el doble de divertido. ¡No va nada del huso horario de Camacho a las 7 de la mañana al huso horario de Del Bosque a la 7 de la tarde! El señor Buqueras diría entonces que lo del Madrid de Del Bosque, más que entrenar, era trasnochar. Y el caso es que de aquella cultura de los Superegos de Del Bosque viene el actual relajo de los Miniegos de Zidane. Bien mirado, es lo mismo que ha pasado en Hollywood.


El Gestor de Egos

LA ANSIEDAD DE COURTOIS

    Los gánsteres del cerco a Courtois lo acusaban de “ansiedad”, y no de la de Nat King Cole, precisamente, lo que ha llevado al portero a denunciar la falta de respeto que para los verdaderos ansiosos supone la campaña mediática desatada contra él. Para compensar, ha dejado caer una gran mentira: que el público del Bernabéu es “muy crítico”, como queriendo decir que es “muy entendido”. Qué mal lo debe de estar pasando, el hombre. Tampoco el capitán ha salido a defenderle de los piperos como Messi defendió a Dembelé, expulsado por Mateu por decirle cosas: “¡Si no sabe hablar!”, protestó el argntino. Como cuando Desnica, extremo sordomudo del Rijeka, fue expulsado en el Bernabéu… por insultar.