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jueves, 29 de mayo de 2014

El Tuerka

Stalin de tertuliano


Hughes
Abc

Muchas de las formaciones políticas que concurrían a las Europeas estaban lideradas por tertulianos. Tenían un tertuliano televisivo como mínimo. Es curioso que su voluntad antisistema se haya servido de la televisión. Es más fácil salir en la tele a presentar una peregrina idea política que a presentar un disco. El caso más espectacular es el de Pablo Iglesias, alias «El Tuerka» (el mejor apodo desde «El Buitre»). Empezó en tertulias de derechas haciendo de «tertuliano sparring», ese tertuliano de izquierdas al que rodean y someten cuatro de derechas para darle tortas dialécticas. Pero El Tuerka salió respondón y las tortas las daba él. Así que se fue a La Sexta y allí se ha convertido en estandarte perroflauta (el perroflauta redicho, ¡el Gallardón perrofláutico!). El Tuerka parece liofilizado por un plomizo compromiso interior y por la más absoluta ausencia de humor (en las cosas él solo ve ricos y pobres, toda la realidad suya es rico y pobre, rico y pobre, de ahí no sale) y lleva perilla y coleta como el de la tienda de cómics de los Simpson. En esa perilla que comparte con algunos vigilantes privados, Johnny Depp y el falso monje shaolín, hay algo inquietante e ideológico, una especie de perpetuación adolescente. Un narcisismo impugnador, un hombre antisistema de puro antiguo. Se ve alguien así y se sabe que está contra todo. Su éxito sobrevenido nos recuerda la importancia de las tertulias televisivas, abandonadas por los grandes partidos a portavoces de tipo marhuéndico. La izquierda se las fue robando a la derecha hasta convertirlas en un Operación Triunfo para encontrar líder. Él.