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jueves, 22 de mayo de 2014

Corrida de la Prensa. Chulos con El Fandi (y el mal camino de Juan del Álamo)

Aquí ya no echa la pierna alante ni El Cid

José Ramón Márquez

La corrida de hoy no formaba parte de la Feria del Isidro ’14, porque era la Corrida de la Prensa. En ella hemos visto un rasgo de coherencia poco usual a la hora de contratar los toros: como la prensa de manera unánime se dedica a ensalzar desaforada y continuamente a toda la juampedrez, los responsables de la Asociación de la Prensa, comandada por una deliciosa catalana de adopción (cronista política de "La Vanguardia"), han seguido los dictados de los que entienden y han contratado una corrida de... ¡Juan Pedro Domecq! No invenciones, ni compras para eliminar lo anterior, ni artículo no sé cuántos; lo de hoy era lo auténtico de Domecq, con el hierro del Duque de Veragua, con la divisa del Duque de Veragua y con toda la domecqtización que soñó ese visionario llamado Juan Pedro Domecq (q.D.g.), autor de la exitosa teoría del toro artista.

Más raro hubiese sido que para ésta de la Prensa se hubiesen ido a buscar toros rabiosos. Los propios afiliados que se dedican al asunto de la crítica taurina se hubiesen puesto en pie de guerra, pues no se puede estar todo el día a vueltas con la juampedritis y luego, en fecha tan señalada, abjurar de ella. Afortunadamente se hicieron las cosas como Dios manda en lo tocante al ganado y vino el que debía venir. Unos chalaos se pusieron a hablar de una Corrida de la Prensa en la que se indultó a un toro de Victorino Martín, Belador, número 121, en una corrida concurso con toros de Miura, Cuadri, Hernández Pla... pero la verdad es que pudiendo traer a Madrid seis de Juan Pedro, no se entiende que fuesen a traer esas ganaderías, no vaya a ser que les dé a los toros por hacer cosas feas y la tengamos. Además ya sabemos, porque nos lo repite cada día el programa oficial, página 14, que el toro de la juampedritis, y especialmente estos de hoy que no son de franquicia, tiene la gran virtud de que “se arranca pronto y lo hace galopando con alegría y fijjeza”.

Desde Lo Álvaro mandaron a Madrid seis galanes que no debieron tener problemas para pasar el severo reconocimiento de la ciencia veterinaria. Variedad de pelos para un encierro bien presentado, bastante parejo, con mucha leña, leña de fundas sin duda. Eso es lo que se veía por  fuera. Lo de dentro fue lo de todos los días, pero con más blandura de lo habitual, porque los animales se cayeron más que en ninguna otra corrida en la Feria y no puede decirse que en varas la cosa estuviese a la altura de la “orgía de sangre” que decía uno de los miembros de la Asociación, porque apenas se picó y apenas se les pegó.

Para dar cuenta de esta corrida la Prensa contó con El Cid, Fandila y Juan del Álamo.

De Cid sólo hay que decir tres cosas concisas y concretas, sin irnos por las ramas: la primera es que es inconcebible que consienta ver su nombre junto al de esta inmundicia de ganadería; la segunda que no es de recibo que mantenga a la cuadrilla amagantada, dando el mitin, clavando un palo y bregando de aquella manera; la tercera es que para él sólo hay una forma de estar en la Plaza que es con los argumentos que presentó en la pasada Feria de Otoño, porque lo que no sea eso es decadencia y pasar la gorra por los pueblos, cosa que ya empezó a hacer Lagartijo el Grande.

De David Fandila habrá que decir que ha sido víctima de una conspiración de silencio, de una omertá. Fandila torea como todos los demás. No es ni mejor ni peor que cualquiera de casi todos los toreros que han pasado por la Feria, pero hay dos cosas que le diferencian de ellos: la primera es que torea más que nadie, en todo tipo de Plazas; la segunda es que se ha corrido la especie de que Fandi es torero poco interesante, y la gente no le hace ni caso cuando está con la muleta, porque con este Fandi todo el mundo saca pecho de connoisseur, cuando hace exactamente lo mismo que casi todos los demás. El trasteo a su primero, tan prescindible como tantos y tantos, si lo llega a firmar cualquier otro torero habría estado lleno de esos ¡Bieeeeeennnn! que actualmente sustituyen al caduco ¡Ole! y que denotan la satisfacción estética de la talanquera. De las dos veces que se quedó colocado (y esto si que es raro) creo que no se enteró nadie.

Juan del Álamo está viviendo su momento de dulce, su idilio con Las Ventas que ya veremos cómo termina. Tuvo la suerte de cara en el primero porque tenía la condición imprescindible de trotar y trotar, con menos fuerzas que la ventosidad de una sor, pero inasequible en su deseo de agradar andando más o menos detrás del trapo que se le ofrecía. De la colocación del torero no hay que decir nada porque cualquiera puede imaginársele con las patas espatarradas, con la pierna de salida atrás, con el cuerpo imitando a la alcayata en el cite... lo de todos los días, solo que hoy aplaudido como oro de ley. Y eso con un torillo que dejaba estar, que no tenía genio ni malas intenciones. El hombre no fue ni una sola vez al sitio donde se torean los toros y estuvo tirando líneas, paralelas, aprovechando las condiciones corretonas del toro hasta que llegó la hora de pegarle una estocada desprendida en la que tira el engaño al hocico del animal. Entonces nace tímidamente el pañuelamen y las gentes se contagian.

La otra cara de la vida fue el sexto, Escopetero, número 104, toro muy parado que no servía para el correteo tras el trapo y que dejaba a las claras las vergüenzas del estilo de Del Álamo, pues cada vez que el bicho echaba el freno Magdaleno, dejaba desairado al pobre Álamo, ya que veía perfectamente la horrible forma de su estilo, que se tapa, como se dijo, con el toro repetidor. La clave principal de Juan del Álamo está en el saludo sincero y feliz con que los dos de la toldilla, el Doctor Zaius y su compinche Temple Muñoz, saludaron en pie el paso del torero frente a ellos portando el galardón recibido. Ahí estaban los televisivos apoyando a un torero que, si hace algún tiempo llamó la atención por sus formas tendentes a lo sincero, actualmente ha abrazado el camino del embuste. A esto él dirá que si hasta el periodista de más fama en España se ha levantado de la silla para aplaudirle y hacerle signos de aprobación, es que él está en el buen camino. Pero ¿a dónde te conduce ese camino, Juan del Álamo?


 Programa de Prensa

 Homo faber

 ¡La Prensa!

 Una Infanta de España

 El Paseíllo
Fandi, Álamo, Cid

 El palco municipal

 El palco presidencial
(El del puro es el veterinario)

 Brindis de Fadila a la Infanta

 ¡La pluma!

 El cielo

 La manita del Pirri

 Molés y Emilio Temple Muñoz,
 que perdió el temple (y el oremus) al paso de Juan del Álamo,
 que parecía un patrocinado suyo
Molés y Muñoz son los ideólogos de la talanquera venteña

 Ensimismamiento de El Cid

 Ensimismamiento de Boni

 Los Pepes cidianos

 La lengüita juampedrera

 El rabito juampedrero

 ¡Aquella cuadrilla!

 Juan del Álamo
(¿O Juan de la Encina?)

Una Infanta de España se despide