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martes, 20 de mayo de 2014

Duodécima de Feria. Dos toros y un "Verano sangriento"*


José Ramón Márquez

Hoy no había a quién regalarle una entrada, porque nadie las quería. Hoy, con más papel en el bolsillo que El Globero, no encontré a nadie que tuviese el más mínimo interés en ir a la corrida. ¿Quién torea?... ¿Quién? Así uno tras otro y sin colocar un boleto. Nadie tenía el más mínimo interés. Incluso antes de entrar a la Plaza bromeábamos sobre cuáles podían ser los tres carteles de menos interés de la Feria del Isidro. Y luego, resulta que la de hoy ha sido una “Corrida Histórica”, según he leído en el titular de un diario de difusión nacional, por haberse suspendido a la muerte del segundo.

Para esta tarde de martes la empresa de los Choperón Father & Son había programado una corrida de toros de El Ventorrillo, esa deplorable marca ganadera herrada significativamente con la letra efe de Ful que es propiedad de la empresa Edificaciones Tifán S.L. y cuyo representante es el emprendedor español don Fidel San Román. Es divisa harto sufrida por los abonados de Las Ventas cuya procedencia es... ¡Juan Pedro!, lo cual es garantía de “fijeza, galope alegre y prontitud en la embestida”, tal y como nos recuerda cada día el programa oficial de la Plaza. Ignoramos la causa de que en las nigromancias que se verifican de manera tan poco transparente y a las que se da nula publicidad se tomase la decisión de que dos de los Ful de Estambul no tenían derecho a hollar con su pezuña el sacrosanto arenal de Las Ventas, siendo inmediatamente sustituidos por dos Chospes, divisa albaceteña de idéntica procedencia y cuyo hierro es el fruto del quercus ilex, la bellota.

Los toreros que completaban la terna eran David Mora, Antonio Nazaré y Saúl Jiménez Fortes.

David Mora se va a porta gayola a saludar a su primero, Deslío, número 20, de la ganadería titular. Más que porta, kilómetro, por lo lejísimos que se pone de la puerta del chiquero. El toro sale veloz, el torero se trompica y cae, quedando el capote por encima de su cuerpo; el toro hace por el hombre y durante unos instantes que se hacen eternos le echa de acá para allá como un pelele. La sensación, cuando se le llevan a la enfermería, es que lleva un buen tabaco. En el ruedo ha quedado un charco de sangre, que hace suponer que el pitón ha calado en alguna vena importante, la impresión se refuerza cuando Félix Rodríguez sale de la enfermería con el vestido verde y plata embadurnado en sangre.

En seguida se hace cargo de la lidia del tal Deslío Antonio Nazaré. El toro es un auténtico idiota, que ni en varas ni en banderillas tiene nada que decir, lo que se esperaba. En el tercio de muerte se deja trapacear sin la más mínima clase, sin el más mínimo interés. Tampoco Nazaré  realiza ninguna hazaña con él. Toro insulso, como los de tantas tardes, y torero insulso, como los de tantas tardes. La única viveza que demostró el bandido de Deslío en su prescindible vida fue para cebarse con el cuerpo de David Mora.

Se corre el turno y en segundo lugar sale el tercero, Fetén, número 7, castaño salpicado, serio, bien armado, alto... nada que ver con las hechuras juampedreras de su origen. Este toro ha atropellado o cogido a Jiménez Fortes tres veces: la primera en el saludo de capote, ahí se ha librado de la cogida porque el toro cuando hacía por el cuerpo del torero se despistó con el capote que estaba en el suelo, que hizo el quite él solo; la segunda cuando el torero dio un traspiés y cayó en la cara del toro, que hizo por él hiriéndole; la tercera al entrar a matar, cuando el toro echó la cara arriba en el embroque haciendo que el torero saliese trompicando y con la taleguilla rota. También Fetén había herido a Nazaré en el tercio de quites, cuando le pegó una buena voltereta mientras el sevillano le daba chicuelinas, que le mandó cojeando a la enfermería.

Fetén no es de esos toros del programa, de los de “fijeza, galope alegre y prontitud en la embestida”, más bien es un toro muy serio y ofensivo, con un pitón derecho muy complicado y con muchísimo que torear. No se puede decir que la lidia que le recetó Jiménez Fortes fuese la más adecuada a las condiciones del toro, pero eso no debe hacernos olvidar que la mayor parte de la faena la realizó estando herido y que en modo alguno rehuyó la pelea, a su manera, que cada vez que le intentaba dar un redondo nos ponía de los nervios viéndole cogido. No se puede negar el valor del malagueño como, por pura decencia intelectual, no se puede negar que a este torero le cogen mucho los toros. Cuando el toro rueda, de una estocada baja, el matador pasa a la enfermería.

En esas circunstancias, con los tres toreros en manos de la ciencia médica, ya nos imaginábamos que la corrida se suspendería. Aún seguían llegando rezagados a la Andanada, con sus almohadillas y sus cubatas cuando se oyó la famosa voz de ultratumba:

- “Crrrrssrsrs jjjgjgjjjghh ggrgrrssg ...ría bfrrsssttt dgdtdgdtd...” etcétera.

Nos miramos los unos a los otros, dos médicos, un periodista, dos jubilados, un funcionario, una actriz, dos amantes, un señor de Salamanca y otro de Soria:

-¿Qué ha dicho?

Nadie ha entendido una sola palabra del oráculo de Abella, ese haute parleur a quien todos sus devotos conocemos por Abeya. Al cabo de unos minutos, las bocinas reiteran sus graznidos ininteligibles:

- “Crrrrssrsrs jjjgjgjjjghh ggrgrrssg ...mería bfrrsssttt dgdtdgdtd grstsgtr crssststtst rdfrfdrfdsrf ...dida”

- “La han suspendido”, dice uno. Y es verdad.
***
La muerte, la herida, el dolor, el peligro son consustanciales al toreo, son lo que hace de la Fiesta un espectáculo único en nuestros días. Ante la anestesia social que representan los espectáculos de masas (el balompié en primer lugar), la ocultación de la muerte (tanatorios al borde de las autopistas), la vida vivida en forma vicaria (la novela, el cine), la idiota percepción de estar viviendo permanentemente momentos históricos (la muerte de Suárez, la suspensión de hoy en Las Ventas) o la ilusión de la presencia (la TV), sólo la tauromaquia pone al hombre contemporáneo frente a la verdad eterna de la muerte. Es, en ese sentido, el espectáculo más subversivo que existe

 David Mora
La decisión

 David Mora
El camino

 David Mora
La suerte está echada

 David Mora y Deslío, de El Ventorrillo

 Negro listón
532
10/08

 Cogido

 David Mora en brazos de Ellauri, Félix Rodríguez,
 Jiménez Fortes, Antonio Nazaré y un mono

 La urgencia

 Paisaje después de la batalla

 Emilio Temple Muñoz

 Amorós

 Ramón Valencia

 Pepe

 El portón

 Florencio

 El paseíllo
Nazaré, Fortes, Mora

 Félix Rodríguez regresa de la enfermería

 Félix Rodríguez con los palos para Deslío

 Félix Rodríguez empapado de sangre de David Mora

 Al toro

 La sangre de David Mora marca el lugar de la cogida

 Puro a izquierdas

 Puro a derechas

 El orden

 Fetén

 Acabó con dos toreros

 Cogida de Fortes

 Cogida de Nazaré

 Nazaré, herido

 Camino de la enfermería

 Cogida de Fortes

 Camino de la enfermería

 Arenero con la sangre de Mora al fondo

 Suspensión de la corrida

 Estupefacción en la andanada

 Despedida de las cuadrillas
Se han lidiado dos toros

La torcida mexicana

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El Verano sangriento, 1959,
 de Ernest Hemingway