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lunes, 19 de mayo de 2014

Balance liguero de Carletto



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Cuando Ancelotti llegó a Madrid, se parecía a Don Camilo, el cura de Brescello, pero los periodistas, buscando familiaridad, le llamaron Carletto. Su primera declaración sonó a Gramsci:
    
El club más ambicioso tiene que hacer el fútbol más espectacular.
    
Treinta y ocho partidos y doscientos millones de euros después, el Madrid de Carletto ha sido tercero, a trece puntos y diecisiete goles del Madrid de Mourinho, aquella china en el zapato de los filósofos del fútbol, que dice el amigo Pepe Campos, español sin medida (sabe de fútbol casi tanto como de toros) y profesor de Cultura Española en la Universidad de Wenzao, Kaohsiung, Taiwán.
    
Desde la distancia, Campos tiene muy observado el discurso de la escuela marxista del fútbol, último grito (hispanoargentino, por cierto) de una ideología que arrasó a base de aburrimiento con el psicoanálisis, la teología, el arte, la lingüística… “Si juegas bonito y te dejas ganar por un equipo grande, eres de izquierdas. Si juegas duro y correoso y no te dejas ganar por los poderosos, eres de derechas. Siempre y cuando ese equipo grande represente lo políticamente correcto”.
    
Campos fue el primero en denunciar “el pasillo Messi”, un paradigma psicológico, una teoría futbolística, una política que asumían los rivales del Barça:

    –Consiste en dejarlo pasar (¡la diagonal Messi!) para que lo haga bonito, y se considere a la defensa rival, en su conjunto, representante de un mundo moderno avanzado y progresista, ya que propicia estética, imponiendo la idea de que perder con el Barcelona es bueno porque se pierde ante el mejor equipo de la historia.
    
Hasta que Mou gritó “¡el rey va desnudo!” y Simeone, su profeta, la pilló al vuelo.
    
A Simeone, vestido de señor de negro de Mingote, se le rompieron en Barcelona Costa y Turan, su “Lanza de Neptuno” (así llamaron los “seals” su operación contra Bin Laden), pero cerró sin complejos el pasillo a Messi, que este año sólo lo ha tenido abierto con Sergio Ramos, circunstancia que le ha costado la Liga al Madrid (perdió los dos partidos), que despreció la lección de Miguel Muñoz multando a De Felipe por cruzar la raya del centro del campo.
    
Acabó la Liga sin el estreno del sistema de juego que nos traería el espectáculo, pero Carletto se ha defendido con las cuatro disculpas que Ramón Gómez de la Serna atribuía a los directores teatrales para quitarse de encima a los autores noveles:

    –La primera, que pasados los Tenorios (noviembre); la segunda; que pasada la Nochebuena; la tercera, que pasada la cuesta de enero; y la cuarta, que pasada la primavera. Por fin, como viene el verano, se repiten las cuatro disculpas en el año próximo, y así sucesivamente, hasta que llega la inhumación del viejo autor novel.
    
La dejadez de esta plantilla puso el campeonato en bandeja de plata al Barcelona de Pinto, Song, Xavi e Iniesta, cada día más Agamenón (sin boina) del “Tío Vivo”, comiéndole la oreja al árbitro con refranes. Más la posibilidad de un gol decisivo de Neymar, cosa que no se hubiera merecido Florentino Pérez.



FATALISMO ATLÉTICO
    Como Mou acabó con el fatalismo madridista inoculado por Schuster (“imposible ganar al Barcelona”), Simeone ha acabado con el fatalismoatlético (muy, muy, muy Moctezuma), que ya no se debate entre “Pupas” y “Lúser”, y ése es su mayor legado, por encima del resultado de Lisboa, donde faltarán Costa y Turan, aunque el madridismo inteligente echa otras cuentas peores, que pasan por el hecho de que Simeone tiene a Coke, y Ancelotti, a Illarramendi. ¿Por qué? En mis pesadillas se me aparecen las ocasiones del Español en el Bernabéu y las del Atlético en Barcelona… y, salvo escapada (otra) de Bale, no me salen los números. Si no fuera por la falta que nos hace, hasta pasaría de Décima.