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lunes, 28 de abril de 2014

Los Tercios y la Wehrmacht


Blanco Madrid, rojo Bayern







Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Los Tercios eran extranjeros bien pagados y mejor dirigidos por los duques de Alba y de Parma. Ellos hicieron el Camino Español, un costurón en el corazón de Europa. (Los españoles no eran muy amigos del voluntariado: había que reclutarlos a la fuerza en las tabernas de Madrid, y el método más socorrido de realizar las levas era tenerlos pasando hambre hasta que firmaran).

    La Wehrmacht fue el terror militar de la guerra relámpago (“Blitzkrieg”): ataque masivo, combinado y veloz.
    
Históricamente, los Tercios serían el Madrid, protagonista del Camino Español sobre nueve Copas de Europa, y la Wehrmacht, el Bayern, aquel equipo de alemanes convencidos de que mejoraban y embellecían el mundo al devastarlo.

    –Al parecer de los germanos, la marca inconfundible de la virtud guerrera consiste en que sus vecinos, expulsados de sus tierras, emigren, y que nadie se atreva a quedárseles cerca –anotó César en su “Guerra de las Galias”.
    
A César, en las Galias, quienes le daban miedo eran los germanos, uno de cuyos máximos exponentes, Bismarck, dirigiría en sus “Tertulias durante la campaña de Francia” (1870-71) una pulla a los franceses que parecía destinada a vengarse del gol de Benzemá:

    –Arrancadle  uno de esos galos su piel blanca y os encontraréis a un turco.
    
¿Qué se van a encontrar mañana los alemanes del Bayern?
    
A Benzemá, si juega Cristiano, seguro que no, porque Ancelotti come menos chicle con el 4-4-2 que con lo otro.


    Ancelotti llegó a Madrid diciendo que el Madrid no es un club para el contrataque, sino para el espectáculo, pero hasta la fecha el único espectáculo que ha dado es el contrataque mourinhista contra el Barcelona en Valencia y contra el Bayern en Madrid, donde Guardiola, con la soberbia de la posesión, regaló media eliminatoria.

    Herodoto, el historiador más cotilla de la Historia, nos cuenta un caso de posesión tan enfermizo como el de Pep. Estamos en el Egipto de los faraones, que, de creer a Herodoto, levantaron sus pirámides con el dinero proveniente de la industria de los masajes, donde se hizo famosa por su codicia una esclava de sauna, Archídice, que una vez rechazó a un cliente que no llevaba dinero bastante, pero que presumía de haberla poseído en un sueño. Archídice llevó a juicio al indiscreto, reclamándole la tarifa de costumbre. Los jueces reconocieron la inteligencia de la acusación, pero sentenciaron que, dado que el acusado sólo había soñado que disfrutaba de su cuerpo, ella debería irse a casa… y soñar que le había pagado.


    El Bayern desnaturalizado (desgermanizado) de Gurdiola fue Archídice en el Bernabéu.
    
Matthias Sammer, director deportivo del club, había dicho que el Bayern de Guardiola “es un mundo ilusorio (¡el velo de maya de Schopenhauer!) y eso no me gusta”.
    
Me digo: “Pep, calm down” (tranquilo) –contestó Pep, que en Madrid habló un alemán muy de Julio Camba, es decir, de onomatopeyas compuestas y muy largas que impresionaron mucho al periodismo, que creía estar oyendo a Goethe: “Fukkkbooolll, clim-clam, clim-clam, clim-clan”. Y así.


    ¡Oh, Carletto! Mi fe es que, si usted los dejó salir vivos del Bernabéu, fue para poder vengarse de la risa burlona de Breitner en el Allianz.


NUMEROLOGÍA
    Fuera de los estadios, el espectáculo de las semifinales está en los medios. A Mourinho le dieron la del pulpo porque no se dejó ganar por el líder de la Mejor Liga del Mundo. Pero el equipo de Mourinho tiró en el Manzanares lo mismo que en el Bernabéu el de Guardiola, que dice saber que su filosofía “no es la cultura alemana”, pero que le han comprado “y así he ganado muchos títulos, también aquí”. Y es que el final… “Al final –palabra de Pep– son números”. O sea, goles. (¿Goles hijos del contrataque (que es el pecado) o hijos de la posesión?) Los dos equipos más en forma de Europa, Atlético y Liverpool, no le han hecho una sola ocasión de gol a un Chelsea de suplentes.