Duchamp I
Blog de la vida privada ("Humanismo es telecomunicación fundadora de amistades que se realiza en el medio del lenguaje escrito." Peter Sloterdijk)
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Con esta costumbre española de llamar democracia a la partidocracia vive uno como Pepe Isbert en “Bienvenido, Mr. Marshall”, que se pasaba, el hombre, el día corrigiendo al gobernador el nombre de su pueblo, que no era Villar del Campo, sino Villar del Río.
Un nuevo episodio chusco de “Bienvenido…” ha sido el de Perico Sánchez con Sleepy Joe en la cumbre de la Otan (de entrada, ni hola).
–Como líder progresista nos ha inspirado a muchos cuando ganó las elecciones –dijo Sánchez de Biden, cuyo modo de ganar las elecciones nos puso a muchos los pelos de punta: después de todo, Sleepy Joe, un demente senil, y Perico Sánchez, un “idiota” en su sentido etimológico (un particular incapaz de elevarse a lo universal) tienen los mismos jefes.
Inspiración progresista, en fin, para la política… ¡y para la ciencia!... del sanchismo, que sustituye a Ramón y Cajal por Ábalos y Koldo.
Para Santayana, de todas las palabras del léxico moderno, la palabra “progreso” es la más detestable, y John Lukacs, autor de la prosopografía “El Hitler de la Historia. Juicio a los biógrafos de Hitler”, considera al líder nazi, ¡ay, Perico!, el mayor progresista del siglo XX, durante el cual “una mezcla de nacionalismo y socialismo se ha convertido en la práctica casi universal de todos los Estados”.
–El nacionalsocialismo es una concepción fría y razonada de la realidad que se basa en el máximo conocimiento científico… –dice el Führer en una cita que Michael Burleigh transcribe en “El Tercer Reich: una nueva historia”.
De la fascinación que la ciencia ejerce en los locos, esta teoría que Hitler “le dijo” a Rauschning: “La creación no ha terminado. Se está esbozando una nueva variedad del hombre en el sentido científico. La antigua desaparecerá y la nueva la superará. De buena gana yo daría a estas dos variedades los nombres de Hombre-Dios y de Animal-Masa”. ¡Cielo Santo! ¿Será eso la Masa Autoritaria que según los liberalios intimida ambientalmente a los Gobiernos Progresistas?
[Miércoles, 16 de Junio]
Visnhu
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Somos meros espectadores del cambio de consensos: del consenso “confederalizador” del 78, en el cual ya sólo está Vox (la derecha a la que quitaron el bolso que apareció cuarenta años más tarde en el escaño de Rajoy el día de la censura de Sánchez), al consenso “federalizante” de 2016, anunciado editorialmente por el periódico de las elites.
¿Qué hace el movimiento liberalio defendiendo la Constitución cuando lo atacado es España?
En España, “desconstitucionalizada” desde 1823 por la “troupe” del duque de Angouleme, nos recuerda Ramiro Rico, las constituciones no dejan de ser un “provisorium”, siempre en precario, aunque vivir en crónico precario tampoco es ninguna novedad histórica, por aquello que decía Quevedo: …solamente lo fugitivo permanece y dura.
A nuestros liberalios hay que representarlos como a Visnhu (de donde ellos derivan “business”), con cuatro brazos para pillar a derecha e izquierda (Juntos Sumamos). En el 77, tal que hoy, pero al estilo liberal del XIX, en lugar de abrir un proceso constituyente de la sociedad política en la sociedad civil, como pedía la Junta Democrática, se impuso desde arriba un régimen de poder estatal “a” la sociedad política “en” la sociedad civil. En palabras del fundador de la Junta:
–La impostura es tan profunda que hasta el mismo nombre de España, devenido vergonzante, ha tenido que ser sustituido por la eufemia “este país”.
¿Qué se defiende en Colón invocando al poeta de Líster, jefe de los ejércitos del Ebro? Poca cosa. La dirección de España no está en España, país fuera del mapa, y en riesgo de que Sleepy Joe, que confunde Siria con Soria, lance “tomahawks” en la cuna de Machado, que diría Sánchez, a quien los propios liberalios han proporcionado la doctrina defensiva de la masa atacante:
–¡A mí la guardia! ¡Me atacan las masas!
Menos lata, pues, con la Constitución (todo cuanto ocurre es constitucional: ¡de esta Constitución!), y más España, que del mundo mundial ya se ocupa en Pekín el Gran Vinipú.
[Martes, 15 de Junio]
Dumfries. PSV
Francisco Javier Gómez Izquierdo
No sabemos qué está espantando más aficionados al fútbol, si las sobredosis televisivas, la peste de la China o la impostada calidad de muchos equipos que nos pone a cavilar hasta a los más acérrimos ¡¡en una Eurocopa!! por si nuestra fe es un error. Para mí que a los españoles también los espanta el seleccionador Luis Enrique, que es un tipo que sabe de fútbol, pero al que le pueden y pierden sus manías aparentes. Es posible que en el fútbol español no haya demasiadas cartas ganadoras, pero quizás convendría barajarlas mejor, descartar lo insoportablemente previsible y estudiar los puntos débiles de los rivales como ellos estudian los nuestros.
Dos son las cosas que nos ha dejado claro nuestra selección: que no tenemos gol y que si perdemos un balón en medio del campo tiembla todo el misterio procesional de Luis Enrique. A mi modesto entender al equipo le sobra estadística, que es la falsa columna que se cree sostenedora de los buenos conjuntos, y le falta velocidad, del balón y los protagonistas, que es la base brillante que te hace ganador. Si les digo que me fío más de Morata que de Laporte puede que "lo mío" les parezca sinrazón o desvarío, pero les prometo que en el gol de Lewandoski perdí toda confianza en nuestros hombres de atrás.
Me consta que todo se arregla con dos paradas de Unai Simón, aunque sean sin querer y sin mirar, y dos golitos más o menos bien cocinados, pero nuestra selección es una de las que menos transmite en esta Eurocopa y nos parece depresiva -con perdón- y tan decadente como esa Croacia que presume de Modric como España de posesión.
Francia, Italia, Alemania y un escalón más abajo Países Bajos y Bélgica, siempre que De Bruyne esté sano, se presentan en octavos como favoritos para la final. En Francia aún no ha reventado el trío atacante, pero sabemos que Mbappé, Benzemá y Griezzman están ahí, cargados de veneno letal para cualquier enemigo. Italia se está poniendo jaquetona y gana hasta sin proponérselo. Ayer Mancini sacó los reservas ante Gales en un partido que olía a empate como huele el Chequia-Inglaterra y ganó con un gol que ha metido miedo al resto de aspirantes. Los comentaristas españoles ponen por las nubes a Chiellini, que no juega, contra mi modesto parecer que creo le ha venido bien la lesión a Italia. Alemania es Alemania siempre y su orgullo pasa de estadísticas.
No deja de ser curioso que los jugadores más relevantes del torneo, para servidor al menos, hayan sido Dumfries y Gosens, dos llegadores por banda, defensa el primero y mediocampista el segundo, ambos con ese espíritu neerlandés que Jordi Alba parece perder en nuestra selección. Aún así, es motivo de preocupación que sea el mejor elemento de Luis Enrique... a su pesar.
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
El Madrid no quiere líos (la tranquilidad es una pasión conservadora propia de la vejez), y para eso ha traído a Ancelotti, el hombre tranquilo del liderazgo tranquilo con un método tranquilo.
–Si salgo ganador es porque soy un tipo tranquilo. Y si salgo perdedor, también es porque soy un tipo tranquilo. Es una paradoja: la razón por la que soy contratado al final se convierte en la razón por la que soy despedido.
Lo cuenta en su libro, “Liderazgo tranquilo”, que es un buen libro de fútbol, teniendo en cuenta lo que puede dar de sí… el fútbol.
El Madrid, en efecto, no quiere líos. ¿Ramos? Ramos. ¿Varane? Varane. ¿Marcelo? Marcelo. ¿Lucas? Lucas? ¿Isco? Isco. Éste, señores, es un trabajo para toda la vida. Después de un año negro en blanco, ¿necesita un descanso el Madrid?
–¿Cuándo descansa Greta Garbo y cómo descansa? –llegó a preguntarse Alfonso Reyes en contemplación de una garza–. ¿El reposo es un ahorro de esfuerzo? ¿O será, pues, una mera convención mecánica, como el conceder honor al lado derecho?
El Madrid es la Greta Garbo del fútbol, y Garbo fue la culpable, según Ruano, “de que toda nariz un poco escasa se quiera completar con una ceja alta y cargada de desdén”. Por eso está aquí Ancelotti, el hombre de la ceja que descubrió la siesta.
–Me gusta la costumbre española de echar una siesta después de comer. Un par de horas, quizá.
Pero a los ingleses los cautivó con la ceja, no con la siesta, que aún le era desconocida. Ellos, los ingleses, presumen de entender el lenguaje de las cejas (“Esa forma de hablar es la nuestra”), pues hace un siglo que el “Times” dividió el mundo en “cejialtos” y “cejibajos”; “highbrows” y “lowbrows”, hallazgo que llegó a España por la “Revista de Occidente”: pasaron del “prig” (“pedante”) al “highbrow”, más humilde y más cargado de desprecio: el sarcasmo perfecto. “Highbrow” es la ceja de Kathleen Turner en la cama de “Fuego en el cuerpo” y “highbrow” es la ceja de Ancelotti en la rueda de prensa de Valdebebas, dijimos para saludar la primera venida de Ancelotti al Madrid.
–Un Madrid guarecido bajo la ceja de Ancelotti, cuya primera rueda de prensa nos ha transportado al 11 de abril de 1954, que pasa por ser el día más aburrido del siglo XX, según un estudio de la Universidad de Cambridge que, con trescientos millones de datos agitándose en la coctelera de un procesador, sólo encontró destacables unas elecciones belgas y el nacimiento de un académico turco.
Ibrahimovic, uno de los colaboradores del libro de Ancelotti, dice en ese libro que en el descanso siempre sabes si pasa algo porque a Ancelotti las cejas se le arquean. A Ancelotti, pues, hay que mirarle a las cejas como a los toros, al decir de Domingo Ortega, hay que mirarles a las orejas, para saber qué van a hacer.
–Yo estaba sentado y pensé: “Ahora revienta”. Carlo nos hablaba y tenía delante una caja, y de pronto le dio una patada, salió volando y me dio en la cabeza. “Joder”, me dije, “pues sí que está cabreado”.
La ceja de Ancelotti es lo que Ancelotti llama “arco de liderazgo”. Su primer arco de liderazgo en Madrid duró un par de temporadas: salió del club con una lesión de cuello, como si hubiera sido mal ahorcado. Poca cosa, después de haber pasado por Berlusconi, Abramovich, Pérez y Nasser Al-Khelaifi. Su ídolo literario es Vito Corleone, que desprende la tranquilidad que a Ancelotti le gusta.
–En el Madrid, un año después de conseguir la Champions al primer intento, pagué el precio: el puesto de trabajo. Como habría dicho Corleone: “No es nada personal, sólo negocios”.
A Ancelotti le encanta “El Padrino”·porque la película demuestra que las dos cosas más importantes son “el respeto y la autoridad serena”. Quizás por eso tiene inversiones en una empresa que investiga en válvulas cardíacas, y hasta asistió a un congreso de cardiología en California. Y de repente suelta:
–En el fútbol necesitamos más pensamiento lateral.
La “lateralidad” es una especialidad de la escuela de comentaristas de Álvaro Benito, a cuyos miembros no se les cae de la boca. Hasta entonces, la lateralidad era para mí el lado de carga del borracho y del toro mal apuntillado camino del desolladero.
Ancelotti seguramente sea el tipo más inteligente que anda por el fútbol. Otra cosa es que este momento sea su momento en el Madrid.
LO DE ERIKSEN
Lo de Christian Eriksen nos ha impresionado más porque se trata del único futbolista danés que nos es familiar, después de años de tabarrón para traerlo al Madrid cuando jugaba en el Tottenham, el equipo de los positivistas lógicos, como Kane y Bale. Como futbolista, Eriksen nos dejaba indiferentes, pues uno no imaginaba a Julia Roberts poniéndose la camiseta de Eriksen como se puso la de Fellaini. Mas como personaje Eriksen nos caía simpático porque es una mezcla de Fernando Fernán Gómez en “Balarrasa” y de Albert Boadella mirando por un tubo. Única sólo es España, cuya TV sacó de una fideuá al médico del Elche para que contara qué le había pasado a Eriksen en un césped de Dinamarca.
[Lunes, 14 de Junio]
Ignacio Ruiz Quintano
La historia, como el inconsciente, sólo es un palimpsesto. Como gremio, sin embargo, a los progresistas los fascina la historia: no la de los hombres, que se mueve por necesidades demoníacas, sino la de la humanidad, cuyo impulso es utópico y verbalista. De aquí la incendiada admiración retórica del progresismo profesional por los franceses a lo Bové, icono —palabra de artículo serio— de esa facultad genuinamente francesa para sentirse en víspera de alguna cosa: de la noche de San Bartolomé, de la Revolución, de la Comuna o del Día del Juicio. Es lo que Chesterton llamaba "sentido de crisis", que hace que Francia —y el progresismo— se sienta eternamente joven. Pero el descrédito de la historia progresivamente considerada viene de que nunca nos aclara dónde está la realidad. Las verdades de ayer son las mentiras de hoy. En ese palimpsesto, si la sociedad industrial nos convirtió en máquinas, la sociedad de la información nos ha convertido en signos. En la sociedad de la información, el progresista que en la calle da con un expendedor de "La Farola", en vez de adquirirle un ejemplar, intenta colocarle un artículo. Todos los ismos y todos los istas han surgido igual. Así, del humano afán de notoriedad, unido a la superstición humanitarista de tener que cumplir con los pobres, en este caso entregándoles un artículo en lugar de una propina, ha surgido el globalismo.
Teóricamente, el globalismo iba a disipar los ciclos de la economía, pero como la India disipó los ciclos del tiempo, que son literalmente el sueño de Brahma. A Octavio Paz lo espantaba la duración de ese sueño: según los indios, esta edad que vivimos ahora, caracterizada por la injusta posesión de riquezas, durará cuatrocientos treinta y dos mil años. Y más lo espantaba saber que el dios está condenado, cada vez que despierta, a volverse a dormir, y a soñar el mismo sueño. Ese enorme sueño circular es monótono: inflexible repeticiónde las mismas abominaciones. Y de las mismas controversias.
La controversia sobre el globalismo es un mero eco de la que en su día desató Salaverría sobre el mondadentismo. ¿Debemos ser o no ser universales? ¿Debemos querer entregarnos a la civilización y a la actualidad del mundo, con todas sus consecuencias, o vivir apartados como unos extraños y originales? ¿Darle cara a la corriente moderna y universal, o quedar con el rostro vuelto hacia los prejuicios viejos y nativos? ¿Decidirse a ser verdaderamente progresistas, o resignarse a ser reaccionarios? ¿Mondadentistas o antimondadentistas? Mondadentistas y reaccionarios eran quienes concebían mejor el mondadientes sin comida que la comidasin mondadientes.
Como razonaba Camba, si despuésde comer no puede uno relamerse un poco delante de los amigos, ¿de qué le servirá el haber comido? Antimondadentistas y progresistas, en cambio, eran quienes veían en el mondadientes una supervivencia aristocrática, semejante, en cierto modo, a la uña del chino; o, como se dice en la sociedad de la información, un signo de distinción y elegancia.
Chesterton se hacía cruces de que Francia siempre estuviera al borde de la disolución. Como mala imitación del francés, el progresismo español es tópico, declamatorio y sentimental: nuestro antiglobalismo prevé la disolución de los agiotistas como el antimondadentismo previó la de los mondadientes. No digo que no lleven razón. Pero los mejores restaurantes siguen llenándose de agiotistas que, con un mondadientes por complemento de la buena mesa y el fiero aspecto que conviene a los de su clase y destreza, hurgan y hurgan con la determinación de quien, al final, siempre acaba por pescar algo.
José María Salaverría y la controversia sobre el mondadientes
DOMINGO, 20 DE JUNIO
Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos:
-Vamos a la otra orilla.
Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?» Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago:
-¡Silencio, cállate!
El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo:
-¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?
Se quedaron espantados y se decían unos a otros: «¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!»
Marcos 4,35-40
Manuel García-Pelayo
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Filtran que el Tribunal Constitucional (TC) estudia declarar inconstitucional el primer estado de alarma.
El TC es el Video Assistant Referee (VAR) que se puso el Régimen para sus cosas. En la jerga del abate Sieyes, el TC es un poder constitucionario, que es el poder constituido que ejerce de poder constituyente a conveniencia de Faraón, que en España es quien decide el estado de excepción: sus miembros hacen de sacerdotes del antiguo Egipto disfrazados de formalistas kelsenianos.
El TC declaró constitucional el robo de Rumasa con el “voto de calidad” de su presidente, García Pelayo, el hombre que nos contó –sin que nadie quisiera oírlo, y no sólo porque escribiera mal– el Estado de Partidos y que una vez visitó en Berlín a Carl Schmitt, que le dedicó, con un aforismo de Jünger, un libro sobre Scharnhorst, el mítico militar prusiano: “Nadie muere antes de cumplir su misión, pero hay quien la sobrevive”. Pues eso.
El TC ha considerado más urgente destruir las maletas venezolanas de Ábalos que construir una doctrina constitucional coherente con la Constitución (y tenemos en cuenta que la coherencia destruiría esa misma Constitución). Así que, si ahora el TC declarara inconstitucional el inconstitucional decreto de alarma ¿qué? Si el VAR llama a Hernández Hernández para ver la mano de Felipe, de frente y con desvío de balón, y dice que no es penalti y decide el derbi ¿qué? Y si el VAR llama a Fernández Mañueco para ver la mano de Militao, de espaldas y sin desvío de balón, y dice que es penalti y decide la Liga ¿qué? Pues nada. Como mucho, sale Butragueño, el Paul Married del madridismo, y suelta un “¡Cáspita!”, como famosamente hizo Fernando de los Ríos, alias Don Suave, cuando amenazó con soltar también él tacos, si Prieto no dejaba de soltarlos. Prieto no se calló y Don Suave estalló:
–¡Cáspita, Prieto! ¡Cállate!
Pero si ustedes creen que un “¡Cáspita!” puede sonar más viril haciéndolo chocar contra los pedruscos de Vaquero Turcios, vayan a Colón.
[Sábado, 12 de Junio]
Hughes
Abc
Han sido muy celebradas entre el público de derechas las palabras de Ayuso sobre el aborto. Ayuso ha presentado para Madrid lo que se ha querido ver como un programa de gobierno nacional. Pero un programa de gobierno que deja sin tocar el peliagudo tema de las lenguas, la ideología de género y la memoria histórica es un cambio muy relativo. Por supuesto, tampoco toca lo territorial. Ayuso se lanza, incluso más allá de sus competencia, a hacer política nacional. Se sale un poco de sus zapatos. Ayuso hace política nacional desde Madrid, subrayando el autonomismo de su partido, ya considerable. Inolvidable fue aquel “Madrid DF”.
Pero Ayuso hace otra cosa. Su discurso usurpa el lugar de Vox. Habla del aborto pero es Vox quien ‘da la batalla’ con el asunto. Ayuso ocupa una zona de Abascal pero está en el PP y por eso sus propuestas sobre natalidad o eliminación de cargos, influidas por Vox, no son consideradas populismo sino liberalismo. Ayuso habla un poco como Vox, pero pasa por liberal. Es admitida. De esa forma, parte de la carga política de Vox es filtrada hacia el discurso general y las televisiones, donde Vox solo aparece si hay un negro, un gay o una mujer agredida de por medio, reforzando la caricatura. Ayuso vampiriza parte de su mensaje y no sólo su contenido, también un cierto aire retador y rupturista que ha hecho suyo. Esto ha bloqueado aun más la expansión de Vox hacia el público general. Es otro dique. Se vio claramente con la polémica sobre el Rey en Colón. Eso que dijo Ayuso activó un circuito que se repite estos meses:
-Ayuso dice algo rompedor que casi parece un lapsus o tiene un puntito negligente.
-Comienzan los ataques obsesivos en la izquierda. Aquí ganan todos. El PSOE encuentra un objetivo y ella un efecto de solidaridad ya demostrado.
-‘Ayuso vs PSOE’ polariza el debate, y aparece la plana mayor del PP para centrarlo. Casado interviene institucionalizando lo del Mocito Feliz.
-Ayuso aclara o matiza y se produce, tras la discordia primera, un intento de síntesis de Ayuso-Casado que da al ‘nuevo’ PP un relieve que no tenía.
Esto, por supuesto, centra el debate, lo acapara. De Vox no se habla para nada, sólo si Ortega Smith se aleja unos pasos del grupo oficial que viste el luto de ‘viogen’. Sólo salen por algo que, suficientemente mal explicado, les deje en un lugar solitario y lejano. Y el PP no sólo ocupa el debate, es que lo hace ganando el centro cada vez. Esa labor de Casado, que está hasta en la sopa, al entrar es un permanente ‘ir ganando el centro’, siempre entre Ayuso y la izquierda. Siempre reforzando la idea de la moderación, repitiendo ese movimiento una y otra vez. Pero ahí está todo, en ese diálogo, en ese teatrillo: lo progre, lo ‘ultra’, lo moderado. Con esa dialéctica se comen las portadas y los telediarios y Vox, que estaba a nada del sorpasso, no se come un rosco en los medios y ve interrumpida su extensión y popularización.
Ayuso, sin embargo, está todo el tiempo en el candelero. Todos los días. Todos los días dice algo, hace algo, inicia algo que se lleva el foco. Y si no, va donde Bertín. Se diría que hace algo parecido a Cayetana, una versión más incisiva y aguda del PP, pero sin reñir con Vox, sin subirse al púlpito liberal. Ayuso no levanta suspicacias ni rechazo, hay un halo de empatía. Esa dualidad debilidad-atrevimiento suya apasiona al madrileño.
En la actitud de Vox ante este fenómeno de Ayuso parece que pueda dibujarse la evolución y límites del partido. Cuando Casado se fue al centro rompiendo con Abascal en el Congreso, dejaba mucho territorio a su derecha. Él podía correr al centro, pero todo lo que abandonase sería para Vox. Sin embargo, con Ayuso, esto no es necesariamente así. Mientras Casado va a caballo hacia el dorado centro, arrasando las tribus dubitativas de Ciudadanos, alguien le sostiene el espacio planteándole a Vox una resistencia, como un fuerte, como una cordillera… Ese retén pepero del que parece que a veces el propio PP se ha olvidado es el efecto Ayuso, y, bien utilizado, sujeta mucho al PP, que podría ganar por el centro sin perder tanto por la derecha (en una variante fantástica, el retén Ayuso se alía con Vox, que se apodera de la derecha unificándola como Gengis Kan el Imperio Mongol).
Ayuso bloquea el avance de Vox y le permiten (por el momento) un juego anfibio: resabios populistas de Evita de las Camelias, pero homologación liberal del discurso. Esa homologación Vox no la tiene. Ha recibido sólo la de Segunda Derecha, la Otra (como la cadena), la derecha minoritaria muy cafetera que recupera el voto de los descontentos, de los muy hartos, y hasta el voto obrero que jamás votaría al PP. Vox puede ir a que le abran la crisma a ‘los barrios’. Pero no mucho más. ¿Se contentará con ese papel que le permiten desempeñar?
Esto puede ser bueno para el famoso ‘centroderecha’, que cifra el objetivo nacional en una única cosa: echar a Sánchez, pero dejaría en muy poco las intenciones iniciales de Vox. Sin embargo, su labor de oposición y alternativa no ha parado. Está en los tribunales, en los planteamientos de lucha ideológica, hasta en tremendismos como eliminar Telemadrid (con el resto funcionando), o en ‘honestidades brutales’ como decirle al negro ilegal que era ilegal, o negar la mayor al feminismo hegemónico. Vox hace una oposición real al gobierno, pero eso no se ve. Se ve a Casado pintiparado, y a una terna Casado-Almeida-Ayuso que es, bien mirado, una gradación perfecta de matices. Flojo, medio, intenso. La titánica labor de Olona no llega a la superficie.
Vox, de alguna forma, sostiene la ventana de Overton, el marco de lo que se puede decir. Vox la amplia y la lleva sobre sus hombros y por debajo Ayuso entra y sale. Vox recuerda al currante-voxero que llevaba el pladur a las espaldas. Vox lleva encima el gran ventanal de Overton pero lo está aprovechando Ayuso, que hoy presume de lucha ideológica con el aborto, por ejemplo.
El Efecto Ayuso parece una cosa importante que puede limitar la evolución de Vox dejando las cosas más o menos donde estaban. De otro modo: ¿quiere o puede Vox superar realmente al PP? ¿Puede hacerlo sin atacar la consistencia real del Efecto Ayuso?
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
El Renacimiento 2030 pide literatura pastoril como Oliver Giroud, delantero centro de Francia, anda pidiendo cuero (que Mbappé le pase el balón, vamos), y la literatura pastoril pide pastores de villancico, demanda que la ministra de Trabajo, simpatiquísima caricatura de Doña Rogelia, satisfará con el relevo generacional “en el pastoreo de alta montaña, la ganadería extensiva y la apicultura”. De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades, como manda el buen marxista. Quien pueda ovejas, ovejas, y abejas quien pueda abejas. Arcipreste de Hita o Mandeville.
Nuestro mundo sería distinto si en los 80 nuestros políticos hubieran podido enviar a sus hijos al pastoreo en vez de al politiqueo. Nadia sería hoy una serrana de Juan Ruiz; Pincho, un galateo cervantino; Espinar, un marmolillo monumental en Ameyugo; Bernardino, un melibeo salmantino; Verstrynge, una serranilla de pastoriles cantos al son del blando caramillo…
Mas el progreso consiste en ir hacia atrás, siguiendo, como Rousseau, la pista del hombre primitivo, ya que “todos los progresos llevados a cabo por la especie humana la alejan sin cesar del estado primitivo”. ¡Ah, la simplicidad de los primeros tiempos! Hacia esa simplicidad retrocedemos y para esa simplicidad nos preparamos. Seremos los Terribles Simplificadores anunciados hace un par de siglos por Burckhardt: en tertulianés, los amigos de las soluciones sencillas para los problemas complejos.
De Rousseau la Revolución, y de la Revolución, la simplificación. Por la inocencia pastoril llegaremos todos a simples como por el papeo centrista hemos llegado todos a liberales. A lord Acton le hacía gracia que todas las facciones revolucionarias fueran tenidas por liberales: “Montesquieu porque fue un tory inteligente; Voltaire, por anticlerical; Turgot, por reformista; Rousseau, por demócrata; Diderot, por librepensador…”
–Pero la única cosa que tenían todas las facciones en común era su desprecio a la libertad.
Ahí seguimos.
[Viernes, 11 de Junio]