martes, 6 de marzo de 2018

4. TOROS Y FILOSOFÍA HOY: DOS FORMAS DE JUGARSE LA CABEZA (9. En el principio era Michel Leiris; 10. Una particular Trinidad)


 Bonifacio 1995

(9. En el principio era Michel Leiris; 10. Una particular Trinidad)

 Michel Leiris, delante a la derecha. Detrás, Sartre, Camus, S. de Beauvoir, Picasso...

Jean Juan Palette-Cazajus

9. EN EL PRINCIPIO ERA MICHEL LEIRIS


Tres años después de la publicación de El sacrificio del toro, en 1986 aparecía un libro del antropólogo barcelonés Manuel Delgado Ruiz, titulado De la muerte de un dios y subtitulado La fiesta de los toros en el universo simbólico de la cultura popular.  De alguna forma, la obra venía a culminar el momento sociocultural y el tipo de pensamiento que hemos venido glosando. De la muerte de un dios también recorre los itinerarios del simbolismo taurino, pero los diversifica y los socializa de forma más próxima al cuerpo de las comunidades estudiadas. La originalidad del libro, aparte de su muy rico aparato de citas textuales, es su continuo recurso al caudal de las coplas y los cantares populares como vehículo semántico de sus hipótesis. Coplas y cantares desempeñan aquí un papel parecido al relato mítico en la obra de Lévi Strauss. Es decir que  más allá del inmediato frescor de las letras, exponen, no la opinión consciente de los actores, sino el significado inconsciente de las estructuras mentales legadas por la cultura. Si Delgado Ruiz pone sus pasos en la vereda recorrida por Pitt-Rivers pocos años antes, particularmente mediante la atención prestada a la mutación y el intercambio de los roles sexuales escenificados en la corrida de toros, es urgente recalcar la deuda absoluta de ambos con Espejo de Tauromaquia, publicado en 1938 por el  escritor y etnógrafo Michel Leiris (1901-1990) y ya citado al principio del presente trabajo. 

 Manuel Delgado Ruiz

Para quien fuera discípulo de los surrealistas, la corrida de toros era una tragedia donde hacía irrupción lo Sagrado. De lo sagrado nacía también el erotismo a través de la contraposición de los dos principios sexuales. El masculino actuaba como «sacrificador», el femenino como «víctima». Relación sacrificial en la base de toda relación erótica, pensaba Leiris, ahondando en la vía abierta años antes por Georges Bataille (1897-1962), que consideraba el acto sexual y erótico como «destructivo». No se entenderá bien la importancia otorgada por Delgado Ruiz a la necesidad de socialización de la sexualidad sin esta referencia a una sexualidad juvenil y destructora encarnada por el toro. La idea de que el torero encarna el principio femenino hasta el momento en que, mediante el estoque fálico, el sacrificio del toro le devuelve la preeminencia masculina está perfectamente expuesta en Espejo de Tauromaquia mucho antes de reaparecer en Pitt-Rivers. Pero los herederos de Leiris sólo han sido capaces de asumir una mínima parte de la extraordinaria riqueza conceptual de su libro. Leiris se apoyó en su momento en las consideraciones del etnólogo Robert Hertz, para desarrollar una original reflexión sobre el dualismo cosmológico y axiológico ligado a los conceptos de lado derecho y lado izquierdo: «El diestro, el de la belleza inmortal, soberana, plástica. Luego el elemento siniestro, situado del lado de la desgracia, del accidente, del pecado». A partir de allí insiste en esa dimensión especular generada por el «coito sacrificial» de la corrida, en la que, en un vertiginoso juego de espejos, los antagonismos duales dibujan el paisaje de nuestras ambigüedades fundamentales. Allí aparece la noción fundamental del «hiato», de la fisura inherente a toda existencia humana y que la corrida pone en juego como no lo hace ningún otro espectáculo. Muerto el torero, desaparecería con él la fisura; muerto el toro desaparece el espejo. El sentimiento del hiato, de la fisura es inseparable del acto de torear. Por  la fisura, llega a comprender Leiris, asoma algo parecido a lo sagrado. «El hombre es aquello que le falta» resumía Bataille.

 La trilogía de Delgado Ruiz: 1) el toro

10. UNA PARTICULAR TRINIDAD

 Pero Delgado Ruiz  negocia con la teoría «sacrificial». El etnólogo catalán privilegia el simbolismo y la manifestación discursiva de las estructuras inconscientes de la vida social, puestas de relieve tanto por la diversidad de las prácticas taurinas locales como por la riqueza y la fertilidad del acervo lírico popular. Más que por una consideración rutinaria sobre los roles sexuales tradicionales, Delgado Ruiz se interesa por la nupcialidad. Huelga decir que el recuerdo de Álvarez de Miranda es omnipresente. Sobre esta base Delgado Ruiz desarrolla una interesante parábola del papel del toro y de su muerte en tanto que ilustración de la progresiva renuncia cristiana al carácter instintivo y socialmente peligroso de la sexualidad masculina indómita. El único momento en que el joven varón español podía dar rienda suelta a su reprimida sexualidad, y ello con la aquiescencia de la sociedad, era durante la noche de bodas, con una novia preferentemente virgen. Pero a partir de aquella noche, se produce una turbadora y progresiva inversión de los papeles. La sexualidad varonil empieza a ser domesticada y reconducida hacia la moderación y la finalidad reproductiva de la familia y de la sociedad. La novia se convierte en madre, con el tiempo cada vez menos tentadora y deseable, pero definitivamente  poseedora, al fin y al cabo, del pene paterno, dueña y administradora, pues, del potencial genésico del núcleo familiar. En cambio, el varón domesticado por el matrimonio y la sexualidad socializada, de alguna forma queda equiparado al principio de dependencia y pasividad femenina. De nuevo reaparece aquí la ambigüedad de los roles sexuales.

Para Delgado Ruiz, la muerte del toro refleja el encauzamiento y la domesticación de la sexualidad  masculina juvenil, socializada en beneficio de todos. Ahora bien, no existe mejor arquetipo del hombre en la flor de la edad y obligado a sacrificar su potencia sexual en beneficio de la comunidad que la vida y muerte de Cristo. El etnólogo muestra cómo las tradiciones populares españolas, las coplas y los cantares multiplican los ejemplos de fusión y confusión entre las dos figuras míticas, la del toro y la de Cristo. Ya lo hiciera Unamuno con su Cristo español, en 1909. La fusión es sin duda tan armónica como antagónica y convendrá aquí recordar el genio de Marcel Mauss: «El dios sacrificado es el dios y el enemigo del dios”. Esta transformación permite a Delgado Ruiz potenciar el fundamental papel, en tal epifanía, de la Virgen María, mujer joven a la vez que madre del hombre joven sacrificado a la Comunidad. Nadie puede ignorar la abrumadora presencia en fiestas locales y de toros de la figura tutelar de la Virgen Madre en sus incontables advocaciones españolas. La tesis sorprendente de Delgado Ruiz es que tras la consunción, en el sacrificio, del Toro-Cristo, la que sobrevive y se impone es la religión de las mujeres, la de la diosa madre. El binomio  Toro-Cristo se convierte en trinidad coronada por la diosa-madre.

 La trilogía de Delgado Ruiz: 2) el varón sacrificado

A las fiestas taurinas, Delgado Ruiz las llama «taurolatrías». La palabra ya la había usado Pitt-Rivers en 1990, para encabezar otro interesante trabajo titulado Taurolatrías: “La Santa Verónica” y “El Toro de la Vega”. Pero lo importante es que por «taurolatrías», el etnólogo catalán se refiere exclusivamente a las manifestaciones tradicionales, callejeras y populares de las prácticas taurinas. Descarta drásticamente el espectáculo clásico, el más visible y concurrido, la corrida formal. Para él la corrida de toros no es más que un epifenómeno histórico de procedencia borbónica, artificial, encorsetado por las reglas, las normas y los preceptos, producto de una nefasta concepción paternal y dirigista, la del estado moderno y …masculino. «Hoy el combate contra las taurolatrías cobra esa misma dirección: la de la destrucción de la vieja religión de la madre y el hijo, de la casa, de la comunidad reconocible y la imposición, también entre las clases populares, las más reacias a ello, de un único modelo de orden y poder, que no es otro que el patriarcal, naturalmente adecuado […] a las grandes sociedades jerarquizadas y estratificadas, sometidas al control estatal». Taurolatría y cristolatría son una misma cosa. Y ambas se funden en una mariolatría que no es más que la versión cristiana del eterno culto mediterráneo a la diosa-madre. Y de allí a «Lo femenino radical como sedición» dice el autor, porque  «el reino de la madre está en los antípodas del reino del Estado…»

 La trilogía de Delgado Ruiz: 3) la diosa madre

 Toda la argumentación de Delgado Ruiz presupone la persistencia, en 1986,  de un «pueblo»  etnológicamente puro, naturalmente llevado a seguir expresándose mediante los valores tumultuarios del viejo paganismo transhistórico todavía vivo y capaz de expresarse mediante el soporte de los «mitemas» cristianos. La brillante exposición, argumentada, ejemplificada, que ha venido realizando Manuel Delgado Ruiz parece resumirse de pronto en la postulación de una utopía político-social apoyada en valores premodernos. En este sentido Pitt-Rivers y Delgado Ruiz llevaban camino de encontrarse. El pueblo que describen se parece mucho más al fantasma idealizado del labrador de las comedias de Lope de Vega que a su realidad sociológica moderna. La descripción que José María de Cossío hacía de las capeas rurales y del pueblo beodo que las protagonizaba la podría firmar un radical antitaurino. El libro de Delgado Ruiz aparece en cambio como una paradoja reactiva y «demófila». Hoy los actuales actores de encierros, toros en la calle, correbous y otros toros al carrer se han dividido entre una «élite» de corredores taurófilos y militantes, una mayoría de jóvenes aculturados a lo más tóxico y masificado de las culturas posmodernas y una minoría bárbara empeñada en darle la razón a Cossío.

Dentro de su innegable originalidad, el libro de Delgado Ruiz intriga, desconcierta, exaspera. Sus conclusiones extrañan, pierden a veces el hilo de la coherencia epistemológica. Creo que algunos datos sobre la trayectoria posterior del autor ayudarán a poner las cosas en su sitio. Delgado Ruiz es hoy profesor de antropología religiosa de la Universidad de Barcelona y veterano militante de EUiA (Esquerra Unida i Alternativa). Son particularmente conocidos sus numerosos trabajos sobre el uso y la ideología del espacio urbano. “De la muerte de un dios”, en 1986, fue su primer escrito de importancia. No ha vuelto a tocar ni mencionar el tema taurino en su vida ni se espera que lo haga. Como tal el libro señala la exasperación y la agonía de la “coartada simbolista”. Tal ocaso es el de las maniobras dilatorias. A partir de ahora nadie ya podrá rehuir el posicionamiento ético frente a la corrida de toros.

 La tauromaquia pura según Delgado Ruiz: Bous al carrer

Martes, 6 de Marzo


En el Verano se encaman en las humbrías, valles y barrancos montuosos, matas espesas, y sitios frios ó frescos que hay en los montes, como son cerbigueros, juncales y helechales.
D.J.M.G.N.

lunes, 5 de marzo de 2018

Panoramas



Francisco Javier Gómez Izquierdo
    
        Al rebasar los dos tercios de liga la lógica nos dice que entramos en el periodo mas interesante del campeonato futbolero, pero como todos estos últimos años, la premisa sólo se cumple en 2ª división. Esta temporada el título de 1ª será para el Barça por la insólita falta de atención del R. Madrid. El Atlético de Simeone sigue confirmándose como el pesado competidor que incomoda a los dos grandes. A veces hasta llegar a enfados injustificados. Lo acusan de cometer muchas faltas como si al fútbol se jugara como al balón-volea. El Atleti, Cristiano y Messi compiten. Madrid y Barça se dejan llevar.
    
Incluso el descenso parece resuelto, quedándonos la pequeña duda de quién acompañará a Málaga y Deportivo. Si Las Palmas o Levante. Quieran los goles que sea el Levante, pues a un servidor le vienen de vez en cuando a la mente las afrentas y desprecios padecidos por el Burgos. Hasta con el Córdoba ha tenido el Levante querellas preñadas de perversidad. Contra el Córdoba contó con la inestimable colaboración de un tal Valle Gil, al que deseamos en su retiro, pasados tantos años, le deje descansar  su conciencia.

      Lo interesante de verdad -“fuera aparte” la Copa de Europa en su actual fase- está en Segunda, donde parecía que Huesca y Cádiz no tenían rivales. Un servidor veía al Huesca imparable, pero con la lesión del “Cucho” Hernández y la altura en la clasificación parece haber asomado un vértigo inesperado en tierra con cumbres de bachiller antiguo como el Aneto, Cilindro o Maladeta. Del Huesca tiene uno dicho que quien mejor ve el fútbol es su mediocentro Juan Aguilera y para que los oscenses no sucumban de mal de altura -excepto “Cucho” Hernández, Chimy Ávila y quizás Melero, el resto de la plantilla no pasa de solvente en Segunda- el entrenador Rubí ha de encomendarse a su inteligencia, pero ya se sabe que Rubí es señor muy alejado de Dios y de padrenuestros.
    
El Cádiz. El Cádiz no sube y ojalá me equivoque. Al Cádiz le han cogido el truco y los equipos ya no le atacan. “Atacad vosotros”, dicen los rivales y como los gaditano no tienen bien estudiada la lección, cada vez que lo intentan suspenden. Además ha fichado a Jona. El futbolista gafe por excelencia. Equipo al que va, desciende: Jaén, Albacete, UCAM Murcia, el Córdoba hasta Navidad. Hace dos años tuvo que irse del Cádiz en 2ªB para que el Cádiz subiera. De todos modos el poder del Cádiz está en sus extremos  Álvaro y Salvi... pero sin espacios ¡ay, sin espacios!, se les encoge el talento.
    
Tras el desfallecimiento aparente de los hasta ayer dos favoritos, de los incorporados a la pelea el más solvente es el Rayo de Míchel. Buena plantilla, buen entrenador y sobre todo experiencia para afrontar los minutos delicados de cada partido. La mejor plantilla, a mi parecer, está en Granada. Nadie desequilibra como Machís y muy pocos tienen la calidad  Adrián Ramos. Si además añadimos una línea defensiva Víctor Díaz, Chico, Saunier y Alex Martínez cuyos componentes jugarían en muchos equipos de Primera, no extrañaría que hasta Oltra, experto en ascender con las mejores plantillas, consiguiera el objetivo marcado por los granadinos. No sé. No confío en Oltra, pero la calidad puede ser elemento definitivo. ¡No pierdan de vista al negrito que siempre tiene el Atleti cedido en Segunda! Éste se llama Pierre Kunde y es del Camerún. El Thomas o el Amath de cada temporada. 
     
Luego están los dos equipos asturianos. Para mí, mejor el Oviedo que el Spórting, pero ambos lejos del control de calidad exigible para dar el salto. Es más, no me extrañaría que a los dos los alcanzaran  Tenerife y  Zaragoza, desperezados a última hora de una extraña modorra que les hacía rendir por debajo de un nivel, que si no se presumía sobresaliente, al menos se esperaba de ellos un bien tirando a notable. Entiendan y perdonen mis calificaciones setenteras. El Zaragoza tiene muy buen entrenador, Nacho González,  y un delantero centro extraordinario, Borja Iglesias; a Tenerife ha llegado el gallo Echevarría dispuesto a no bajarse de los aires triunfadores, pero creo que le van a faltar plumas.

    Por abajo están descendidos Sevilla Atco. y Lorca. Mi Córdoba casi, casi, pero el míster Sandoval, hacedor de recetas salvadoras en distintas geografías, se ha empeñado en que no. Amparado en Kiescezk y confiado en la solvencia de Aythami y Quintanilla, dos defensas nuevos en El Arcángel, más las asistencias de Reyes y los goles de Guardiola, el hombre derrocha optimismo y no es cosa de chafar el buen ánimo del prójimo cercano. 
     
Para salvarnos tenemos que hacerlo mejor, es más, mucho mejor,  que la Cultural, Alcorcón, Reus y Albacete. Para mí, peores equipos que el nuestro. Si además lo hacemos muchos mejor, entiéndase más puntos, que el Tarragona, el Barcelona B o el Almería, superiores futbolísticamente a nuestras tácticas y técnicas, el final de Liga puede ser grandioso. Tan grande como si ganáramos el campeonato, título en segunda del que por si ustedes no lo saben nadie se acuerda. Será por que lo gana cualquiera. 

Too much, París Match

Ramón y Cajal


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Zidane dice “¡Hay Liga!” como Arsenio decía “¡Hay que joderse!”

    Pierde el Madrid con Quique Sánchez Flores, y cuando al día siguiente el Barcelona empata con Paco Jémez, dice Zidane: “¡Hay Liga!”

Si desdeñamos las romanzas de los tenores huecos y el coro de los grillos que cantan a la luna; si a distinguir nos paramos las voces de los ecos, y escuchamos solamente, entre las voces, una, ¿qué tenemos?

    Pues, tratándose de Zidane, tenemos… que hay Liga.

    Zidane es un francés con la flor de Monod y un oído interior que le permite oír voces. Quien dude de los poderes de la flor de Monod, que mire a Neymar, ausente, por una lesión idiota, del partido decisivo para el Paris Saint-Germain, más la duda de Mbappé. Y quien dude de las voces, que recuerde que Zidane, una vez retirado de su Selección, vio una zarza que ardiendo le decía: “Vuelve a la Selección, Zizou”. Que es la misma zarza que le dice: “Hay Liga”.

Algún castizo podría argumentar que no son voces, sino silbidos en los oídos de Zidane por causa de Ceballos, otra vez fuera de la lista del Bernabéu en otro partido de puesta a punto de Cristiano para el París-Match del martes. A Ceballos, el mejor veinteañero de España, Zidane se lo trajo de Sevilla a Valdebebas, y ahí lo tiene, en el vinagre, como un boquerón de Utrera. No lo dejan jugar y tampoco lo dejan marcharse. ¿Por qué? Porque… “hay Liga”.

Pero Liga, de momento, sólo hay para Benzemá, elegido, también, para modelo de la “Icon Jersey”, la nueva camiseta “vintage” del madridismo, que es un “merchandising” en expansión permanente. Está claro que Benzemá nunca se irá del Real Madrid “para poder ganar el Balón de Oro”, como se fue Neymar del Barcelona, donde la sombra de Messi es tan alargada que ni los aviones pueden pasar por donde vive el argentino, algo que no ocurre en ningún país del mundo, al decir del presidente de Vueling, que se queja de la limitación de pistas del aeropuerto barcelonés por culpa de la casa del futbolista.

En el Madrid, Benzema lleva vida de genio. Don Santiago Ramón y Cajal tenía fama de genio porque se hurgaba las narices en público y se olvidaba todos los días el paraguas al salir del café. De Benzema se puede decir que es un genio porque se toca las narices en el campo y se olvida todos los días el gol al entrar en el área. Y vive con la seguridad que proporciona contar con el puesto, contar con la prensa y contar con el “chic” de lo “vintage”. Además, es un equipo para el que la Liga, como dice Zidane, no se termina nunca.

    –La Liga está difícil. Pero no es imposible. Soy optimista hasta el final.

“Too much, París-Match”.

En París no estará Neymar en el campo, pero Émery estará en el banquillo, circunstancias que colocan la eliminatoria para Zidane como las carambolas para Fernando VII. Aun así, al Capricho Catarí le queda Di María, que le tiene gato al Madrid por una carta de desamor. “Helo, helo, por do viene / el infante vengador”. Di María en el Bernabéu hubiera sido un peligro, pero Émery parecía tan anonadado con el árbitro que ni se atrevió a salir del banquillo. Su competición es la Europa League.
  
Émery es el anti Guardiola, el sufragista de Sampedor que compara el lazo amarillo de los golpistas de Puigdemont con el lazo rosa del cáncer de mama. (Recordemos que Inglaterra le negó la nacionalidad a Marx porque no era un “gentleman”.

De la Ruritania de Anthony Hope a la Rouretania de Roures y Pep, que han tomado prestado el paradigma de Bibiana Aído: si “abortar es como ponerse tetas”, ponerse tetas será como votar a los Jordis.

¡Y Rouretania para los rouretanos!

La actriz polaca Jolanta Juskiewicz como Desdémona

GOL, TARJETA Y LIGA DE MESSI

    Vuelve el viejo Barça de las Desdémonas, como en su época de esplendor (Messi, Iniesta, Alves, Busquets…) las bautizó, por su capacidad de desmayo sin que nadie las toque, “The Wall Street Journal”, con Iniesta, el yerno de España, como Desdémona mayor, seguido por Messi, que en la primera parte hizo un gol de falta y una falta de tarjeta roja que fue amarilla porque la Desdémona agresora se arrojó al césped haciendo como que la muerta era ella. El problema del Atlético de Simeone es que no sabe caminar y mascar chicle al mismo tiempo. En Barcelona se jugaba la Liga y no tiró a gol. Para Telerroures, que tiene a Talín Alexanco escupiendo lugares comunes como los viejos progres, es decir, los prograjos, escupían pipas en el “Avión”, el espectáculo de la segunda parte estuvo en la rodilla de Piqué. Y la Liga, para el Txingurri, el hombre a una nariz pegado. Pero Zidane va por ahí diciendo, como un boxeador sonado, que “hay Liga”.

Maverick y el "Bolero" de Ravel. Cómo orientarse en España

Lunes, 5 de Marzo


Del secreto que descubrió el autor para conocer en Primavera y Verano la mata fija donde haya res de pelo.
D.J.M.G.N.

domingo, 4 de marzo de 2018

Segundo triunfo consecutivo por 1-2



Francisco Javier Gómez Izquierdo

       Cuando  el nuevo propietario del Córdoba anunció el fichaje de Reyes a finales de enero, entendí que el artista venía por vaya usted a saber qué compromiso personal con el empresario comprador o con alguno de sus compañeros de viaje. ¿López Ramos? ¿Oliver? Nunca pensé que lo hiciera por dinero, pues creo que el utrerano no tenía nada que ganar en un equipo prácticamente descendido al que llegó con tripita y andando. Fuerte ha de ser el compromiso emocional para aceptar que se le requiere para arreglar el final de los partidos con pases que sean cheques al portador y que los lanzamientos de falta salgan de su zurda hechos ya medio goles. Que me perdone la semejanza, pero viene para un ratito cada domingo, como un amor esporádico.
      
Sandoval lo ha sacado los últimos quince minutos para desnivelar el 1-1 en el Santo Domingo de Alcorcón y Reyes, más listo que obediente, con la barriguita apreciablemente limada ha buscado un contacto al borde del área. Errasti, aquel capitán de las gestas eibarresas, ha picado y le ha arrollado al borde del área, arrepintiéndose, veterano también él, de su torpeza en el mismo momento que Reyes se revolcaba en el césped. Como dos horas antes Messi había colocado el balón en la escuadra de Oblak, nuestro número nueve se lo ha puesto a Aythami Artiles -éste ha llegado ha repartir orden, jerarquía y equilibrio atrás- para que lo empuje a las redes del guardameta Casto. Dos goles de falta. Dos goles que han supuesto tres puntos cada uno en una tarde en la que un servidor lleva apoltronado en el sofá buscando la emoción que no existe para el título de Liga en primera, y la misión imposible de un Córdoba condenado a ganar nueve veces de trece.
     
Reyes ha puesto la rúbrica a un partido tosco y trabado donde alguno de los jugadores cordobeses ha patinado más de lo tolerable. Nos ha mantenido de pie hasta el final el de siempre Pavel Kieszeck. Nuestro portero polaco. Para un servidor el más brillante de los de Segunda. Aún así, creo que el Alcorcón es peor equipo que el Córdoba y me sigue dando la triste impresión que me dio en la primera vuelta. Los de abajo nos hemos despegado mucho, pero tengo para mí que los alfareros , apodo de los de por derecho, van a caer al pelotón de cola y lo van a pasar regular. Egoistamente, ojalá. No por que les tenga inquina, sino por aliviar la situación del Córdoba. Mi equipo.

3. TOROS Y FILOSOFÍA HOY: DOS FORMAS DE JUGARSE LA CABEZA (7. Símbolos del sacrificio; 8. Sacrificio de los símbolos)

Bonifacio 1995


(7. Símbolos del sacrificio; 8. Sacrificio de los símbolos)


 Ritos y símbolos


Jean Juan Palette-Cazajus

7. SÍMBOLOS DEL SACRIFICIO

En mayo de 1984 la Revista de Occidente publica El sacrificio del Toro, de Julian Pitt-Rivers, etnólogo británico afincado en Grazalema, un artículo que se convertirá en uno de los míticos textos de referencia. El texto va a inaugurar una temática -correcto sería decir también una moda- en el tratamiento de la tauromaquia, cuya onda de choque se hace sentir hasta nuestros días. La cuestión de saber si la corrida de toros es un rito, o un sacrificio, o ambas cosas a la vez se va a convertir en ineludible para toda reflexión que aspire a ser tenida en cuenta. Aquella hoguera ya había empezado a prender con el libro de Álvarez de Miranda. Libro por otra parte fragmentario, inacabado, publicado por su viuda posteriormente a la muerte prematura de su autor. Con anterioridad, ya habían aparecido signos precursores. El escritor y dramaturgo francés Henry de Montherlant publicaba en 1926 una autobiografía novelada donde narraba sus pinitos taurinos en Andalucía. La tradujo posteriormente al español Pedro Salinas. El propio título nos ponía sobre aviso: Los bestiarios. En varias ocasiones el narrador invocaba los antiguos ritos mitraicos y la religión tardorromana  del “Sol invicto”. El escritor francés había contraído la pasión por estos temas al contacto de un personaje singular, el marqués de Baroncelli-Javon (1869-1943), considerado el “inventor” de muchas de las que hoy se consideran tradiciones taurinas indígenas en aquella marisma del Sureste francés llamada Camarga. Conviene tener en mente este concepto de Invención de la tradición, conocido título de una obra de Hobsbawm y Ranger que fue pionera en mostrarnos que las tradiciones pretendidamente más inmemoriales fueron habitualmente inventadas, reinventadas o remendadas en fechas asombrosamente recientes. 


Montherlant (1895-1972) y Belmonte. 1925 

Es el caso de las tradiciones taurinas. En el actual «momento de la verdad» que ve el progresivo acorralamiento  de las fiestas de toros por grupos de presión cada vez más poderosos y en un contexto ideológico y axiológico de las sociedades siempre más hostil, produce desazón comprobar cómo el argumentario de muchos de sus defensores se reduce al vetusto y pueril sonajero de la tradición. El estado actual de las prácticas taurinas populares y de la propia corrida de toros, lo veremos también a través de las tesis de Manuel Delgado Ruiz, es el resultado de la modernidad histórica y política. En cuanto al recurso a la antigüedad de los consabidos cultos, ritos y sacrificios del toro en el área mediterránea, con sus sempiternas referencias a las categorías de fertilidad, de fecundidad o de virilidad, su invocación ha pasado a formar parte de la panoplia y de la munición polémica de muchos aficionados. Un ejemplo reciente ha sido la difusión en Canal Plus Toros de un largo documental en el cual su director, André Viard, conocido y pugnaz defensor francés de las tauromaquias, muy obsesionado con tales referencias histórico-culturales, les dedicaba un espacio importante. Siempre hemos considerado que al margen de su incuestionable interés antropológico e histórico, la relación de estas antiguas categorías míticas o religiosas con los contenidos de la tauromaquia moderna y los problemas que la acucian es absolutamente tangencial. 

Por eso no deja de ser sorprendente el éxito de la publicación de Julian Pitt-Rivers, cuya tonalidad general era la de un trabajo pensado para el lectorado británico y profano en cuestiones españolas y taurinas. Tampoco contiene nada susceptible de enganchar al aficionado práctico a los toros. La interpretación está basada en los conocidos polos de interés del etnólogo británico, es decir los valores tradicionales de las sociedades mediterráneas y en particular la Antropología del honor o política de los sexos para citar el título de una de sus obras más conocidas.  Pitt Rivers aplica a la corrida de toros una mayéutica basada en el método estructuralista donde la deuda con los brillantes análisis de Lévi Strauss parece obvia. A partir de ella, pretende extraer una construcción simbólica, transitiva e inobjetable. Para Don Julián, la corrida de toros es una representación «de la modalidad andaluza de relación entre los sexos». Inicialmente femenina al inicio de la lidia, la figura del torero termina interiorizando la virilidad del toro, dándole la muerte al animal a través del explícito símbolo fálico del estoque. «A través de la representación de un intercambio de sexo entre el torero y el toro así como la inmolación de este último, que transmite su capacidad de engendrar al vencedor, se efectúa un trasvase entre la Humanidad y la Naturaleza: los hombres sacrifican el toro y reciben a cambio la capacidad sexual de aquél». Pero el rito solo puede entenderse cabalmente si contempla «el peligro de la sangre menstrual conjurado por el sacrificio de un animal con cuernos». Objetivo cumplido mediante una particularidad de la muerte del toro que consiste, según Pitt-Rivers, en que el diestro reasume plenamente su masculinidad cuando hunde el estoque en «esa vagina que le ha abierto el picador sobre el mons veneris de su lomo». La audacia y la truculencia de la demostración pueden producir desconcierto y perplejidad. 

 André Viard. Torero (alternativa 9 de junio 1985), universitario, pintor y escritor

Pero la técnica comparativa es conocida y consiste en practicar, con más o menos acierto, talento y coherencia, un particular juego de «Lego» que manipula los elementos simbólicos según un método, el estructural, basado en jugar con las oposiciones, inversiones, sustituciones y transformaciones. El resultado resulta a menudo muy espectacular sin que estemos siempre en condiciones de establecer si se trata de hipótesis rigurosas y plausibles o de simples juegos malabares más o menos deslumbrantes. El brillo y sobre todo la coherencia de la demostración actúan como factores inconscientes de veracidad. Pitt-Rivers se cura en salud y cita a Víctor Turner para recordarnos que  «el significado de los símbolos nunca es evidente para quienes los emplean y sólo aparece ante el que los observa desde fuera». El problema es que ninguna coherencia o lógica interna del discurso símbólico extraído de unos hechos contingentes -aquí el rito o sacrificio taurino- garantiza que la interpretación del observador sea la adecuada. No lo olvidemos, la construcción de cadenas simbólicas, lógicas e interpretativas, es un puro producto de la antropología  occidental y de sus protocolos, caracterizados por la continuidad discursiva. Las sociedades tradicionales, rituales, no «construyen» símbolos interpretativos, «producen» símbolos usuales y ello de forma básicamente discontinua. La «vividura» -diría Américo Castro- de los Toros es un sentimiento interior, su interpretación etnológica es siempre una exterioridad. Mitos y símbolos en las pequeñas sociedades tradicionales aparecen pues bajo la forma de unidades discretas, a menudo antagónicas o contradictorias. Es la forma que adoptó el Pensamiento salvaje, tal como lo definió Lévi Strauss, para que dichas sociedades pudiesen disfrutar de una mínima transparencia para sí mismas.

 Mithra tauróctono. Tangencial para la tauromaquia

8. SACRIFICIO DE LOS SÍMBOLOS

 Aquellas sociedades pequeñas eran unánimes, no contradictorias. El conflicto sólo podía ser con el exterior so pena de suicidio colectivo. Eran sociedades «frías» cuya temporalidad era determinada por los mitos originarios y el culto a los antepasados. Su relación con el tiempo puede entenderse como una tentativa de abolirlo. Lévi Strauss pensaba que el tiempo de tales sociedades no era el de la historia. Hoy asumimos que ninguna sociedad puede librarse de algún régimen de historicidad. El punto importante es que tal historicidad puede seguir escapando a la conciencia y en todo caso abrirse camino contra la voluntad consciente de sus miembros. Nuestras sociedades, ellas, son plurales, contradictorias, movidas por el antagonismo, conscientes de ser arrastradas por el tiempo. Las sociedades tradicionales eran sociedades de la «duración», en el sentido bergsoniano, duración engendrada desde la vivencia. Las nuestras son las de un tiempo instrumental, mecánico, medido e impuesto desde fuera. En 1983, las relaciones entre los sexos en España o en Grazalema nada tenían que ver con los valores ancestrales que sostienen la construcción simbólica llevada a cabo por Pitt-Rivers. Incluso en 1954, fecha de publicación de su controvertida obra emblemática,  The people of the Sierra, la historicidad y la modernidad movían la conciencia de los moradores del hermoso pueblo de la sierra gaditana en mucha mayor medida de lo que  la distanciada mirada etnológica del  estudioso británico estaba dispuesta a aceptar. Hacía tiempo que habían dejado de pertenecer a una sociedad «fría», si es que este hubiese sido el caso alguna vez. Julio Caro Baroja, amigo íntimo de Pitt-Rivers, mostraba cierta perplejidad ante este exotismo fundamental de la mirada y sobre la pertinencia del entramado simbólico extraído de la corrida de toros. En realidad creo que hay que leer, en filigrana de lo que escribe Pitt-Rivers, las huellas del capítulo del libro de Álvarez de Miranda titulado «Elementos rituales del toro nupcial en las corridas modernas». 

 Toro ensogado en Grazalema

Ciertamente, las comunidades rurales españolas, desde la Edad Media hasta los siglos XVI o XVII, eran efectivamente más próximas al tipo de microsociedad «fría» que al pueblo de Grazalema de los años 1950. En aquellos siglos, los valores dominantes eran claros, identificables y plenamente asumidos por el campo de la conciencia social. Cuando se usaba en el toro nupcial, a efectos lúdicos o rituales, un lienzo blanco del ajuar de la novia, cuando el novio -a veces la novia desde su ventana- clavaba al toro ensogado unas banderillas, los participantes no podían dejar de tener claro en ambos casos -la albura del lienzo y la sangre producida por las banderillas- la presencia de una evidente connotación virginal y sexual. La producción de trabajos casi miméticos, a veces hasta el esperpento, engendrada por el artículo de Pitt-Rivers fue notable. Lo más importante es entender las razones de semejante éxito. Inicialmente, son años en que coexiste cierta bonanza de la tauromaquia con alguna forma de interés y de benevolencia hacia ella por parte del mundo intelectual. Al mismo tiempo, los grupos animalistas hostiles a las fiestas de toros empiezan a movilizarse de forma cada vez más eficiente y organizada, en particular a través de un inteligente aprovechamiento de la esfera mediática. Los aficionados más lúcidos entienden que ese momento relativamente dulce para la tauromaquia no puede ocultar la transición hacia una actitud cada vez más defensiva. A partir de Pitt-Rivers, las referencias al espesor histórico-cultural o simbólico que sustenta la tauromaquia se van a utilizar en tanto que estrategia de legitimación, en tanto que coartada para su continuidad. Pero desde entonces las reflexiones sobre la tauromaquia irán adoptando también cierto carácter de autopsia. Parecen proceder a la disección de un precadáver que no obstante se sigue moviendo demasiado. Sin duda el rigor mortis facilitaría las cosas. En segundo lugar la tauromaquia se ha convertido en un pretexto para la práctica de ejercicios intelectuales más o menos malabares que usurpan literalmente su realidad existencial. El cuerpo todavía vivo de la tauromaquia concreta es lo único que parece no interesar a nadie en la ruidosa traca heurística. Sin duda con algunas excepciones alrededor de la Universidad de Sevilla y de Víctor Gómez Pin.

De qué manera interpretar, si no, esta reveladora frase de Pitt-Rivers: « La significación simbólica que daré en este ensayo queda completamente escondida a la conciencia del público taurino, el cual se contenta con comprender la corrida únicamente al nivel práctico». Y remacha el etnólogo: «Es un ejemplo de lo que se entiende por represión colectiva». Ahonda aquí en la herida crucial, en el malentendido que preside siempre la relación entre las prácticas taurinas y toda reflexión de ellas emanada. Cualquier epistemología apunta al establecimiento de una mayor y mejor intelección, primero de su objeto, después del propio sujeto reflexivo. Tratamos siempre de disminuir el eterno hiato entre el hombre y el mundo. En el caso de las prácticas taurinas, la reveladora frase de Pitt-Rivers revela todo lo contrario, una profundización del hiato, un divorcio entre el objeto y la reflexión. La reflexión aparece como un pretexto antes que como un proceso de esclarecimiento. Debemos buscar la raíz del problema en la ambigüedad fundamental que caracteriza la corrida de toros. Por un lado es un rito y una liturgia caracterizados por su repetición periódica e inmutable. Al rito pertenecen la estructura de la corrida, su organización, sus fases, sus actores, sus reglas preceptivas, sus elementos litúrgicos. Por otro lado, sobre esta base ritual, emerge en cada ocasión la cualidad de un evento particular, un tipo de representación dramática, efímera e irrepetible, dotada de un eminente carácter aleatorio. El transcurso de esta representación debe cumplir con obligaciones preceptivas de carácter deóntico y axiológico y su finalidad es el juicio del aficionado. El contenido cabe en tres valores griegos clásicos, Andreía, hombría de bien (singularmente glosada por Gómez Pin), To Kalón, lo bello, más ético que estético, Areté, virtud y excelencia. Antes, también había que incluir en la representación el colgante triperío de los caballos. Lo sublime convivía con lo inmundo. Hoy estos valores han cambiado como han cambiado la sociedad y las costumbres y sólo se aguarda diversión y esporádicos destellos de una plástica liviana. La dimensión ritual sólo es un espectáculo para quienes son ajenos a su práctica habitual. Para el aficionado a los toros, la dimensión ritual se vuelve más implícita que visible. Al revés, el neófito descubre y observa fascinado los aspectos rituales pero al carecer de claves para interpretarlo, el contenido particular de la corrida se le hace poco visible.

Dicho de otra forma: en los toros la continuidad iterativa del rito es el continente formal; el evento nuevo y efímero, cada corrida particular, es el contenido. El rito es la permanencia del significante; la novedad, la calidad aleatoria de cada festejo, es la transitoriedad del significado. En términos lingüísticos, significante y significado son las dos caras de una misma moneda. En el uso que hacemos aquí de ellas, paradójicamente, nos damos cuenta de que es imposible pensar simultáneamente ambas categorías. Hasta el punto de que los antitaurinos están obsesionados por acabar con lo institucional, el significante, mientras los aficionados viven pendientes de la emergencia incierta de lo efímero, el significado.

Toro nupcial en las Cantigas de Santa María

Domingo, 4 de Marzo


Es comida exquisita la de estas Palomas y la de los Chorlitos serranos; y no es tan buena ni gorda la de las Aves frías.
D.J.M.G.N.

"Haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo"

DOMINGO, 4 DE MARZO

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:

-Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.

Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.» Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?» Jesús contestó:

-Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.

Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús. Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

Juan 2,13-25

sábado, 3 de marzo de 2018

Humoradas

José Santugini, gionista de La torre de los 7 jorobados


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El mismo Supremo que sentencia que el cliente (no el Banco) debe pagar los impuestos de la hipoteca, absuelve a la tuitera Cassandra por sus cogitaciones (“Eta impulsó una política contra los coches oficiales combinada con un programa espacial”…) sobre Carrero Blanco.

Juego en clave de humor –viene a decir el juez.

De “humor negro”, concepto desarrollado por el juez Pedraz en su auto de sobreseimiento de Zapata, el gagman de la Shoá, ¿y quién sabrá más de humor negro que un juez?

Cumplida una edad, la experiencia enseña que libertad de pensamiento y libertad de expresión son excluyentes. No sé de nadie, salvo Trump, que haya triunfado expresando lo que piensa. La derecha no piensa, y lo que piensa la izquierda sobre la vida en general ya lo sabemos, pero ¿puede expresarlo?

Implantación de la Censura Previa o derogación del Código Penal, es la solución (disyunción) que veo como periodista. La implantación de la Censura Previa acabaría con el momio de la justicia, que es una pérdida de tiempo, que es decir de dinero, para el particular. Pero la derogación del Código Penal, llevada a cabo de manera festiva, como Groucho Marx arrancando hojas del contrato, o de manera profesional, como John Huston arrancando hojas del guion para ponerse al día en el rodaje, democratizaría de una vez la libertad de expresión en España, hoy reducida al humorismo progre, dentro del cual cualquier necio se cree Louis C.K. y no pasa de Marianico el Corto.
Antes de ser arrasado por el tsunami Me Too, Louis C.K. representaba la sagacidad y el humorismo americano mezclados, diría Santayana, con una curiosa crueldad:
A la mente aguda las cosas le parecen retorcidas, perversas, hace juegos de palabras sobre ellas y no entiende por qué no había de esperarse o disponer que fueran distintas de lo que son, pero sin esperanza de remediarlas y con una sonrisa burlona.
Nuestros juristas ven en Zapata la chispa de Santugini, y en Cassandra, el gracejo de Laly Soldevilla.

Sábado, 3 de Marzo


Las Palomas cujás se vén y pasan por la mañana de siete á nueve.
D.J.M.G.N.

viernes, 2 de marzo de 2018

Trevijano

García-Trevijano con Morante de la Puebla en Las Ventas


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Lo único importante que he leído sobre estética y sobre política en los últimos treinta años está en la obra de un español, Antonio García-Trevijano (“Ateísmo estético, arte del siglo XX”, “Sentido de la Revolución francesa”, “Teoría pura de la Democracia”, “Teoría pura de la República”), que sólo se sentó a escribir a los 60 (“como Kant”), pues sólo se puede pensar, decía, cuando se desvanece el mundo de las ilusiones.

Tuvo la pasión (el incendio, en su caso) de la libertad, y fue el único español demócrata que uno ha conocido.

Primero, contra el franquismo, acuñó el término de “Ruptura”, inspirado en la teoría de los paradigmas del americano Thomas Kuhn, y luego, frente al Estado de Partidos, construyó el concepto de “Libertad Política Colectiva”, dando forma al gran acontecimiento de la Revolución buena, la americana.

Gramsci dice que todo gobierno es dictadura más hegemonía. Hegemonía es el predominio de una determinada cultura. Dictadura es prohibición de la libertad política. Si uno no pertenece a la cultura hegemónica, el sentimiento de dictadura es total.
Y todo el peso del “ostrakón” español cayó sobre él, que se agarró al consejo de un Nobel, Romain Rolland (“Juan Cristóbal”), para aprender a estar solo en el mundo, “y si es necesario, frente al mundo”.

Ahora lo recuerdo, en serio, en su apoteosis ateneísta de julio de 2015 con “El porvenir de España”, y en broma, cenando (¡el asombro con que lo contaba!) en casa de Isabel Preysler en Puerta de Hierro con otro Nobel, Vargas, que quería saber de la Revolución francesa a la luz de unas velas tipo Kubrick en “Barry Lyndon” que no dejaban ver el plato, mientras la dulce Tamara hacía al invitado temerarias objeciones, que es como el padre Guépin, abad mitrado de Silos, se figuraba el cielo. También Sócrates expresa en la “Apología” su deseo del paraíso como círculo de amigos en el Hades con los hombres ilustres del pasado.
A Trevijano, al final, sólo le hacía gracia Morante de la Puebla.

Viernes, 2 de Marzo


De las Palomas cujás, y de los Chorlitos serranos y Aves frías.
D.J.M.G.N.

jueves, 1 de marzo de 2018

La estatua

Los descamisados risones de Yue Minjun


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Juncker, el presidente de la Comisión Europea (¿cuántos europeos han votado a Juncker?), erigirá una estatua de Marx en Tréveris, al cumplirse los doscientos años del padre del “socialismo científico” y sus cien millones de muertos.

No una estatua de San Gregorio VII, por la cosa de la unidad europea. Tampoco una estatua de Santo Tomás, cuya “Summa Theologica”, nos dice el viejo Schumpeter, es para la historia del pensamiento lo que la aguja suroeste de la catedral de Chartres es para la historia de la arquitectura.
Una estatua de Marx pagada por los chinos, es lo que quiere Juncker, quizás para tener con quién hablar al salir del pub.

Para castigar a Trump, que ha pasado las facturas de defensa atrasadas al cobro, la Unión Europea, ese IV Reich de frau Merkel, escogió a Xi Jinping como “líder del mundo libre”, y la jefa de su diplomacia, Federica Mogherini, es una “groupie” de Raúl Castro, el “marxista científico” que pastorea al medio millón de vagos del partido comunista cubano que chupan, España mediante, la sangre de Venezuela.

Si el socialismo es ciencia, entonces es infalible, y siendo infalible puede atribuirse el derecho a la violencia. Esa ciencia consiste en leyes motrices de la historia por las cuales una dictadura del proletariado hará innecesario el Estado y, con todo cubierto, viviremos “cazando por la mañana (se ve que Pablemos, que quiere prohibir la caza, tampoco ha leído “La ideología alemana”), pescando por la tarde”.

La maquinaria funciona con piloto automático –dice Scruton siguiendo a Havel, algo no logrado por los jacobinos ni los nazis, pero sí por los comunistas. Hemos aprendido a “vivir en el interior de la mentira”.
¿Qué Marx elegirá el chisposo Juncker? ¿Un Marx flotante, muy Louis Vouiton, de Wang Zhan? ¿Un Marx hueco en un traje de Mao de Sui Jianguo? ¿Un Marx de hueso cabalgando el mosquito gigante de Shaomin Shen? ¿O un Marx risón (“realismo cínico”) como los descamisados de Vancouver de Yue Minjun?

En la muerte de Antonio García-Trevijano



Hermann Tertsch

Eran las once en esta noche de perros cuando sonó el teléfono, vi en la pantalla quién era y me pregunté qué querría Antonio García-Trevijano a esas horas. No era él sino su fiel ayudante Elena que me anunciaba que el maestro, como le llamaban y seguirán llamando sus muchos discípulos, acababa de morir. Por complicaciones con el implante de un catéter. No se puede improvisar de madrugada la necrológica de un coloso, de un hombre completo como surgen muy pocos en una nación en un siglo. Hoy la mayor parte de los españoles apenas conocen la figura de este inmenso intelectual y pensador, pero también hombre de acción que tuvo inmensa relevancia en esa transición política española tan manoseada y usurpada tantas veces por personajes menores.

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Morante de la Puebla brindando su toro a Antonio García-Trevijano en Las Ventas

Al hombre más inteligente que he conocido. ¡Viva España! 

2. TOROS Y FILOSOFÍA HOY: DOS FORMAS DE JUGARSE LA CABEZA (4. Entre inventario y decadencia; 5. El planeta de los Toros; 6. Pemán espejo de su tiempo )

Bonifacio 2003

(4. Entre inventario y decadencia; 5. El planeta de los Toros; 6. Pemán espejo de su tiempo )

 Norbert Elias: El proceso de civilización

Jean Juan Palette-Cazajus


4. ENTRE INVENTARIO Y DECADENCIA

El sentimiento de decadencia ha acompañado la tauromaquia desde sus inicios. Siempre ha sido la tauromaquia una extraña «anomalía» en el sentido que le dan a la palabra los astrofísicos. Porque ha sido siempre un objeto celeste difícilmente identificable. Cuando toda Europa parecía inscribirse en el Proceso de la civilización tal como lo exponía Norbert Elías, es decir el proceso de expulsión, fuera del paisaje social, del espectáculo de los humores del cuerpo como de los humores y las aristas de la mente, de las emociones más invasivas, a fortiori la violencia y la muerte, aparece la corrida de toros que se complace en exhibir y potenciar estéticamente un espectáculo que gira alrededor del sacrificio público de un ser vivo. El rico manantial semántico y axiológico de la tauromaquia se desarrollará en absoluta  contraposición a la normativa del Proceso de Civilización.

José Gómez Ortega, «Joselito», muere trágicamente en Talavera en 1920. Juan Belmonte se retira de los toros en 1922, con 30 años, para regresar a los ruedos dos años después. El período que sigue, hasta la Guerra Civil, resultará efectivamente más grisáceo. La Segunda República, salvo excepciones, es poco taurófila cuando no antitaurina y el propio Azaña confesaba que los toros «le aburrían una barbaridad». El fútbol y el cine llevan camino de convertirse en las grandes pasiones populares. Y  a partir de 1928, con la progresiva implantación del llamado «peto» destinado a proteger al caballo de las cornadas del toro, irrumpe una innovación de consecuencias trascendentales para la identidad, el equilibrio y el porvenir de la tauromaquia.

 Anteriormente, durante la llamada suerte de varas, cada toro despanzurraba entre 2 y 5 caballos, a veces más. Es decir que a lo largo del siglo XIX y casi del primer tercio del XX finaron infinitamente más caballos que toros. Zuloaga pintó en 1910 un cuadro, hoy en la Hispanic Society de Nueva York,  que muestra un picador a lomos de un penco esquelético y ensangrentado y lo tituló La víctima de la Fiesta. Cualquiera puede encontrar en YouTube secuencias en turbio blanco y negro donde los desgraciados matalones yacen desparramados en el ruedo o aparecen arrastrando por la plaza el sórdido bulto negro del mondongo. Aquellos tristes rocines eran los residuos escuálidos y crepusculares, desechados por edad o condiciones, de las labores del campo y del transporte público, en una época en que apenas existía la motorización. Lo que aparecía como un progreso ético era también el simple epifenómeno determinista de un cambio de paradigma en la historia de las fuentes de energía. Para los humanos, el animal empezaba a «ser» porque estaba dejando de «hacer». Curiosamente, entre muchos aficionados, no forzosamente perversos ni fascinados por el desparrame de vísceras caballunas, la imposición legal del peto fue acogida como una auténtica desgracia. Para muchos iba a ser la puntilla que acababa con la «Fiesta». Miguel, primogénito de Ortega y Gasset, cuenta que su padre le decía «...que entonces existía un equilibrio entre la fuerza del picador y la del toro; que al imponer los petos, ese equilibrio había desaparecido al hacerse fuerte el picador con el caballo protegido, con lo cual el toro quedaba deshecho». 

 Zuloaga: La víctima de la Fiesta

Otros muchos, entre los cuales estaban los promotores y redactores del Cossío, conscientes de los motivos que imponían poner fin a una situación demasiado polémica, también intuyeron que la corrida de toros se estaba enfrentando a una ruptura epistemológica de impredecibles consecuencias. Tal ruptura epistemológica afectó por igual la estructura histórica de la corrida de toros y la estructura mental de muchos aficionados. La nueva situación fue vivida, incluso por sus partidarios, sin duda mayoritarios, no como un progreso civilizador sino como un síntoma preagónico. Hasta entonces, el primitivismo de aquella «Fiesta» le confería, podríamos pensar, una vitalidad casi «precultural». Algo como si la tauromaquia anterior a la imposición del peto se dirigiera a esa dimensión de la vivencia social que Durkheim calificaba de «efervescencia comunitaria». Toda la realidad social, desde el neolítico, durante muchos miles de años, fue orgánica. Nunca volveremos a tener acceso a las milenarias percepciones y representaciones, emocionales y mentales, desaparecidas con el maquinismo y la motorización. Magistralmente lo expresaba Ortega, agradeciéndole a Marañon el envío de unas fotos del malogrado Espartero (1865-1894): «Lo que ha cambiado por encima y por debajo de todo eso es la zona del alma de que todavía vivía el toreo»[Nota 2]  . La enciclopedia dirigida por José María de Cossío inauguró para los aficionados a los toros los tiempos del acceso a una práctica reflexiva. Transformó de alguna forma la tauromaquia en un objeto social y cultural sometido a la racionalidad, la reflexión y la distancia que proporcionan las fuentes escritas y  el rigor de los documentos. La tauromaquia se convirtió en un objeto moderno y marcado por la temporalidad. Es decir transitorio; es decir mortal. De modo que el libro de Cecilio Muñoz Fillol aparece como un apéndice existencial al Cossío, y a la vez una protesta contra su empirismo descriptivo. Es un escrito nostálgico y litúrgico, ingenuo y reivindicativo.

Manuel García Cuesta, El Espartero (1866-1894)

5. EL PLANETA DE LOS TOROS.

A todos aquellos, la gran mayoría, que no son moradores de lo que Antonio Díaz Cañabate llamaba «planeta de los toros», les asombrará el carácter profuso de la literatura taurina. Pero cualquiera que se asome a su feraz hojarasca pronto se dará cuenta de que sobra el casticismo trasnochado, la retórica obesa, las consideraciones polvorientas y las anécdotas triviales. Un riguroso trabajo de clasificación de los tropos y los semantemas que alimentan dicha literatura supliría con ventaja el objeto de este trabajo.  El pensamiento taurino parece haber sido siempre aquejado de temor e impotencia frente a las exigencias filosóficas y éticas de su propio objeto.

La propensión al vacío retórico y al cartón piedra dialéctico que lastra buena parte de la literatura taurina, tiene su equivalente en los ruedos actuales. Es la diferencia entre toreo «pa fuera» y toreo «pa dentro», entre toreo exterior y toreo interior. La diferencia entre los dos está al alcance del más profano. Está basada en el etograma fundamental de los herbívoros que huyen de sus predadores o los embisten si no queda más remedio. La intensa selección ganadera practicada con el toro de lidia ha potenciado la dimensión acometedora y reiterativa de la embestida. Pero siempre queda presente en el animal la tentación atávica de romper el enfrentamiento, la de irse «por sus terrenos», se dice en la plaza. Conocido por torear «al alimón», en fiestas camperas y en el estrado de las conferencias, con Ortega y Gasset, el torero Domingo Ortega decía que torear era conseguir que “el toro vaya por donde no quiere ir”. Ni más ni menos. Hablar de toreo interior quiere decir lo mismo. Hablar de toreo exterior supone, lo habrán deducido, pactar de  forma más o menos descarada con el toro para que se vaya por sus terrenos, por donde quiere ir, por donde «coge» menos. Paradójicamente, ese toreo, rectilíneo o apenas arqueado, suele ser más largo, más espectacular, más fácil de «ligar» que el auténtico y encandila al «espectador» mientras el aficionado se desespera. El toreo interior es curvo,  sobrio, intenso, fuerza el terreno y  la naturaleza del toro y se practica en el espacio de la «corná». Nada más concreto, más biológico, más prosaico si cabe. Conseguir de forma metódica, armónica, rítmica y de principio a fin que el toro vaya por donde no quiere ir es la definición de la faena perfecta. No se torea citando a Heidegger y enarbolando Ser y tiempo. Se torea “citando” al toro, conociendo y forzando su etología comportamental. Entonces sí cabe la posibilidad de que, alguna vez, milagrosamente, surjan y se conjuren ser y tiempo. Siempre que el toro sea «bravo». 

 José María de Cossío y Juan Belmonte

El aficionado piensa que un toro no puede ser calificado de bravo si no es peligroso. Pero hoy existen numerosos cerebros crepusculares que sueñan con maridar bravura y docilidad. No se imagina el profano con qué indudable profesionalidad y admirable competencia genética los ganaderos actuales son capaces de crear un toro que embista sin crear peligro. Bien pocos son ya los toros bravos que salen de toriles. Cuando irrumpe uno, el aficionado cabal dice simplemente: «Hoy salió el toro».  El torero podrá optar entonces entre exteriorizar el peligro o interiorizarlo. Podrá elegir entre la permanencia del Ente o la arriesgada posibilidad del Ser. Cuando coinciden en el ruedo toreo interior, es decir etimológicamente «egocéntrico», y  toro bravo, el «Ser hacia la muerte» accede a la plena conciencia de sí. Surge una inesperada forma de «ereignis», de advenimiento que fusiona verdad del espacio, verdad del tiempo y, si nos gusta jugar con la palabra, verdad del Ser. De alguna manera se habrá representado en la arena la alegoría de la constitución ética de la propia conciencia. Pero en la plaza, como en la vida, la inercia de la existencia se complace con los encantos de Eigentlichkeit, la diosa Inautenticidad. Las halagüeñas exhibiciones del simulacro bastan para complacernos. Optar por Eigentlichen Seinkönnens, por la propia capacidad de acercarse a la autenticidad, en la plaza como en la vida, es voluntad de pocos. 

 En la casa de Cecilio Muñoz Fillol (1909-1979)

6. PEMÁN ESPEJO DE SU TIEMPO 

- «Los toros son un sacrificio, un rito ancestral, no sanguinario, pero sí ineludiblemente sangriento. Hay que ligarlos con raíces micénicas, ibéricas y romanas de razas fuertes y solares. (...)  Existe como atávico rito de purificación y liberación de la crueldad animal y nativa, de esas ardientes razas solares (…)  pero estoy dispuesto a admitir que de no matar tantos toros, nos hubiéramos matado unos a otros. (…) Nunca sé que de una corrida saliera la gente para asesinarse o quemar conventos [Nota 3]. Para estas cosas se ha salido de los Ateneos, de los mítines y aún de las cátedras. Es la inteligencia la que, cuando es cruel, lo es definitivamente, porque no se libera a sí misma tan estética y fácilmente como el instinto» [Nota 4].

La cita es de José María Pemán. En una crónica de 1951 dedicada al ya citado libro del crítico taurino «Giraldillo», uno de tantos atrevida e impropiamente titulados Filosofía del toreo. Baña en la sopa ideológica de su época. Al mismo tiempo su recurso, nada gratuito, a dos palabras tan significativas como «sacrificio» y «rito» anticipa la temática que resultará dominante durante medio siglo en las reflexiones «serias» sobre la tauromaquia. Pemán, como hiciera Fillol, se acuerda de la crueldad. En ambos casos parece dictar la palabra el contexto cronológico posguerracivilista y la memoria escaldada de la irracionalidad de las turbas. La totalidad del artículo se caracteriza por el tono ligero y la «gracia» de que alardeaba el autor. Pero la cosa es más interesante de lo que parece. Los Toros se postulaban entonces como «La Fiesta Nacional». Pero al amparo de la retórica ampulosa, el trapío del animal había quedado reducido y sus defensas solían mermarse de manera fraudulenta y sistemática. Frente a quienes se atrevían a protestar, estaban los que temían que el regreso a un toro más voluminoso y mejor armado tuviese consecuencias sangrientas. El eco de la muerte de Manolete (1947) no se había apagado. El artículo de Pemán glosaba tal polémica y mostraba cómo ya existía entonces la divisoria entre autenticidad y simulacro, riesgo e inocuidad,  profundidad y espectacularidad. 

Tal período histórico constituyó una travesía del desierto para la reflexión sobre la tauromaquia. Brilla como un diamante aislado el bellísimo libro de Ángel Álvarez de Miranda, Ritos y juegos del toro, publicado en 1962. El investigador quiere encontrar las premisas del toreo moderno en las prácticas asociadas al rito del toro nupcial, documentadas desde la época de Alfonso el Sabio. En puridad habla poco o nada de la corrida de toros. Pero casi todos los que escribirán sobre toros a continuación, tendrán metida la obra en un rincón de su mente. Muerto el dictador, los toros recobraron por un tiempo cierta frescura, se renovó y rejuveneció la afición, subió el nivel de exigencia y también la altura del debate taurino. Porque el advenimiento de la democracia estimuló a la vez el pensamiento taurino y su inseparable dioscuro inverso, el discurso animalista y antitaurino.  Todo el mundo sabe que el discurso antitaurino ha sido una constante histórica desde la misma Edad Media. Pero sólo en los últimos decenios acabó de centrarse en la exclusiva dimensión filoanimalista. Tradicionalmente, las razones invocadas para el rechazo cabían en la expresión «pan y toros», tópico que pretendía significar la “alienación” popular contrapuesta a las exigencias regeneracionistas del ciudadano ilustrado. Pan y toros era el título de un panfleto de 1812 atribuido a León de Arroyal. Las razones de la hostilidad hacia los Toros podían ser religiosas a veces, pero eran esencialmente de índole económica, política y social. Nadie se preocupaba por la muerte del toro. Recordábamos hace un instante que la mortandad en el ruedo era antes caballuna que taurina.

Ortega y Gasset y Domingo Ortega al alimón

Nota 2. GONZÁLEZ ALCÁZAR, Felipe: Paquiro o de las corridas de toros. Ortega y la tauromaquia. Revista de Estudios Orteguianos N.º 16/17 2008.
Nota 3. Al alimón: Modalidad del toreo en que dos lidiadores asen cada uno el extremo de un solo capote para citar y pasar el toro, con mayor frecuencia una vaquilla.
Nota 4. Pemán parece ignorar que tras una mala corrida en la plaza del Torín de Barcelona, “El dia de Sant Jaume del any trenta-cinc” (25 de Julio 1835),  en un contexto anticarlista y anticlerical, ”això va ser la causa de cremar els convents”.
Nota 5. PEMÁN José María: Filosofía del toreo. ABC, 23 de agosto de 1951.

Jueves, 1 de Marzo


Están regularmente entre espadañas y maleza, y no se necesita de silencio sino de ruido. Son tardas en salir.
D.J.M.G.N.