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viernes, 7 de junio de 2019

Un poco antes del Día D


Hughes
Abc

Una vez decidido el desembarco, la que dio problemas de última hora fue Francia. La de Vichy, por supuesto, y la de De Gaulle, que exigía a Roosevelt un reconocimiento. Paciente, Churchill decidió invitarle a Londres como líder militar. «A fin de cuentas, es muy difícil mantener a los franceses al margen de la liberación de Francia», escribió.

Al juntarse, discutieron. De Gaulle tenía, en opinión del historiador Beevor, una «visión absolutamente francocéntrica de todo» y Churchill le respondió algo que ayuda a entender ciertas cosas: «Vamos a liberar Europa, pero eso es porque los americanos están con nosotros. Así que esto debe quedar claro: cada vez que tengamos que decidir entre Europa y el mar abierto, siempre elegiremos el mar abierto. Cada vez que tenga que elegir entre usted y Roosevelt siempre elegiré a Roosevelt».

Churchill también informó a Stalin de que la deuda de sangre con los soviéticos iba a ser saldada. Roosevelt ya había escrito al ministro de Exteriores ruso comunicándole el Día D, a lo que el ministro contestó preguntando que qué significaba la D.

Los paracaidistas, mientras tanto, hacían tiempo viendo películas de Bob Hope. Se afeitaban la cabeza para facilitar el trabajo a los médicos en caso de herida o se dejaban una franja a lo mohicano. Parecerían jugadores de la NBA fuera de su tiempo.

Se daban arengas. El general Jim Gavin fue más bien conciso: «Soldados, lo que vais a vivir los próximos días no lo cambiaríais ni por un millón de dolares, pero tampoco os gustaría repetirlo con mucha frecuencia. Para la mayoría de vosotros será el primer combate. Recordad que estáis allí para matar, o los que moriréis seréis vosotros».

Eisenhower preguntó si había entre ellos alguien de su pueblo, por lo que mandaron llamar a un muchacho de Alabama que enmudeció de la impresión. Le dio el consejo bélico: «El truco consiste en tirar para adelante». Cuentan que cuando la 101ª Aerotransportada partía, Eisenhower contenía las lágrimas.

Un veterano dijo ayer que entre los de Normandía se querían más de lo que se quiere a una mujer. «Ellos salvaron al mundo y nunca los olvidaré».

Por fuerte y «macroní» que sea la europropaganda, las libertades son una cosa americana que Eisenhower puso aquí. Su relación con el original es parecida a la del jazz, el rock o la hamburguesa.