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viernes, 30 de agosto de 2019

Una histeria conocida



Hughes
Abc
 
Es complicado entender de dónde sacan el cuajo y la altura moral quienes califican de golpismo lo sucedido en el Reino Unido, pero, les venga de donde les venga, lo suyo no es nuevo y arranca por lo menos de 2016, momento en que Estados Unidos y Gran Bretaña quedaron bajo la amenaza del fascismo mientras el corazón de la democracia se desplazaba al eje Berlín-Madrid o (con mayor comicidad y donosura) París-Madrid. Fascismo era Trump y su triunfo, recordémoslo, obra de los rusos y de la degeneración neuronal de americanos ignorantes. Lo mismo que el Brexit, para el que los expertos inventaron el término posverdad. El populismo arrasaba el mundo y la democracia liberal se agarraba a la señora Merkel y un poco también a Rajoy.

De manera similar, ahora se considera «golpismo» que Boris Johnson haga uso oportunista de un mecanismo institucional ordinario, pero no se considera golpismo lo contrario, es decir, que se prolongue la más larga legislatura que allí recuerdan evitando la prórroga parlamentaria con el objetivo declarado de obstruir el Brexit, como si el Brexit fuera la guerra y no el resultado de una votación democrática por la que más de 17 millones de personas eligieron salir de la Unión Europea. Nos dicen que lo «democrático» es pretender que el Parlamento no se prorrogue más hasta que paralice el Brexit. Es decir, que las instituciones se supediten al no-Brexit, pero si el Brexit fue lo que votó la gente, ¿qué es golpismo entonces?

Ni la actitud de obstruccionismo parlamentario de los «remainers» ni la prepotencia negociadora europea hirieron esta sensibilidad democrática, la misma que lleva a opinar que «a Boris Johnson no lo eligió nadie» ignorando que ninguna papeleta penetró urna alguna para elegir a los líderes europeos.

Quienes al calor propagandístico y presupuestario de Bruselas abusan de la palabra «democracia» tienen con el Brexit una buena oportunidad para practicarla respetando una decisión que no les gusta. Hubo un referéndum y el pueblo británico votó. También puede ser buen momento para empezar a aceptar la posibilidad de que la UE admita ser repensada con (efectivamente) más democracia. Si es que tal cosa es posible.