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lunes, 8 de octubre de 2018

Lopetegui sí, Lopetegui tampoco

El Madrid marcando su último gol
@Giskexe

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El periodismo “engagé” tiene razones que la razón no entiende. Una de ellas es esa forma de salivar mientras mueve, o cree mover, los árboles de Mourinho y Lopetegui.

¿Temes por tu futuro? –preguntó el otro día a Mourinho una periodista de las del tuteo falangista.

¿Mi futuro? ¡Mi futuro es un espectáculo!

Mourinho es un independentista radical (independentista de sí mismo) que se defiende del periodismo “engagé” poniéndole un espejo, a lo Trump, de quien el periódico global no deja de proporcionarnos pistas de su “fascismo por cojones”: un trozo de papel higiénico adherido a la suela del zapato (pobres becarios cenutrios, que ni siquiera han leído a Marinetti), unos retratos de sus padres deformados por los estragos de la ancianidad, y así. Es el mismo periodismo “engagé” que escracheó al niño de Mourinho en Canillas y que nos quiso explicar a Cristiano por el presunto alcoholismo de su papá. Creen que si Mourinho pierde en Manchester, ellos ganan en Madrid, y la guinda sería colocarle a Casillas (¡se ofrece Casillas!) a Luis Enrique, que con la prensa, de momento, tiene más de Mourinho que de Lopetegui, pues de lo contrario ya estaría con Casillas en un hombro, y en el otro, con Jordi Alba.

Que llevamos quince días de infortunio –dice Lopetegui para explicar su presente.

El “infortunio” de Lopetegui comienza con su gana de hacer el canelo en la portería, alternando a Navas y Courtois (salvo que lo haga por superstición, creyendo que la flor de las Champions es Navas) y termina con la caricatura de Iwo Jima improvisada por Bale y Sergio Ramos en el campo del Alavés, renco Bale y ojiplático Ramos, para tirar una falta en el borde del área que no habían pisado en todo el partido. Bale era como el Caballero Negro de “Los Caballeros de la Mesa Cuadrada” (Monty Python). Y Ramos quería parecer uno de esos toreros con cornada que se empeñan en matar al toro. “¿Quién manda en ese equipo? ¿Las pelotas de Ramos? ¿La autoestima de Bale? ¿La pipa de agua de Benzema? ¿Las maracas de Ceballos? ¿La rueda de hámster de Modric? ¿La baraka, o su promesa, de Kéylor Navas?

Picasso es español; yo, también. Picasso es un genio; yo, también. Picasso tiene unos 72 años; yo, unos 48. Picasso es conocido mundialmente; yo, también. Picasso es comunista; yo, tampoco –resumió Dalí en el María Guerrero su idea del cornudo arte moderno.

En resumidas cuentas (y por lo visto hasta ahora): Lopetegui sí, Lopetegui tampoco.

El periodismo “engagé” va por Lopetegui por lo de Rubiales y el Mundial. “¡El honor de España!”, suspiraban entre ladillo y ladillo, y son todos devotos del Gandhi de Sampedor, a cuyo muermo tiquitaquero juega Lopetegui en el Madrid, rendido a los cantos de sirena de la posesión.

Resulta ominoso que nos defiendan –enseña Santayana, porque eso indica que no tardarán en poseernos.

Defendiendo, el Alavés del Pitu Abelardo, que no parece lector de Santayana, acabó por poseer al Madrid de Lopetegui, que da la sensación de haber hecho su último gol cuando García inventó lo de “salta la sorpresa en Las Gaunas”.

La verdad es que con este Madrid asomado como Narciso a la posesión por la posesión, en cuanto Lopetegui empieza a hacer cambios pasa un poco lo que, según Pepín Cabrales (amigo de Beni y de Pericón, de Migueli y de Aragonés, de Irigoyen y de Barrilaro), le pasaba al “Chiquetito” (García) con sus sutituciones:

Cuando lo hacía Gaspar Rosseti y decía “Buenas noches, les habla Gaspar”, la gente apagaba la radio. Y cuando era Fernando Soria, nada más decir “les habla Fer…”, ya los había dormido a todos.

Si es por poseer, renunciando, precisamente, a la posesión, pero armando el mejor contrataque del mundo, el Madrid de Mourinho aún posee la Liga con más goles de la historia, si bien el periodismo “engagé” los da por anulados en tanto que fueron producto del contrataque, que para los del Hare Krishna de la posesión vendría a ser como la piratería del fútbol.


Otro Cádiz
De pie: Felipe Campuzano, Pepe Palmera, Gabriel Gómez, Ortega, Andrés, Miguel Peló
Agachados: Pepín Cabrales,  Antonio Lorena, Manolo Motivos y Nino Jiménez


CHAVES Y EL DESPERTADOR

Pepín Cabrales, por cierto, era colchonero, y su manía al Madrid la dirigía contra el escudo (antes de las podas), que le parecía… ¡un despertador!, la máquina que un trasnochador más puede odiar. Ahora el Barcelona se prepara para cambiar su escudo, que algún guasón comparó en su día con… ¡la cara de Chaves!, al que Felipe González hizo ministro sólo para desafiar ante la posteridad a Cayo Julio César Augusto Germánico, que hizo senador a Incitatus. La idea de los culés es “modernizar”, verbo que no se les cae de la boca a los piperos del fútbol: se retiran las letras y se agranda la pelota. Hasta que marquen un gol, podían probar a hacer lo mismo con las camisetas del Madrid.