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lunes, 22 de octubre de 2018

Equinoccio de Lopetegui

Klaus Kinski

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    La aventura equinoccial de Lope de Aguirre, llamó Sender a la nefasta expedición española al Amazonas.

    Sobre esa literatura de supermercado (muy superior, en cualquier caso, a la que hoy firma Paul Auster), el cinero alemán Werner Herzog montó en los 70 su “Aguirre, la cólera de Dios”, a la mayor gloria gestual de Klaus Kinski, una caricatura de Paco García Lozano, el feo de los Hermanos Calatrava, pero con una hija, Nastassia, que en los 80 nos tenía a todos en cola para convertirnos, a través de ella, en yernos de aquel egregio loco con síndrome de Tourette.
    
Tres lustros después, Saura reunió en España un capital de mil millones de pesetas del 88 (¡mil millones del 88!) para un “remake” que tituló “El Dorado”, con Omero Antonutti haciendo de Klaus Kinski, con lo cual la comedia no levanta vuelo ni cuando se ve en las empuñadoras de las espadas la leyenda “Recuerdo de Toledo”, que en ese cutrerío se fueron los mil millones de pesetas del 88. Bueno, en eso… y en los gastos de los extras, entre los que figuraba el fotógrafo Alberto García-Alix, que para viajar a Costa Rica, en cuyas selvas se localizaron los escenarios de rodaje, adquirió ropa militar en el Rastro madrileño, y al aterrizar en San José se hizo sospechoso, por el uniforme, de pertenecer a la “contra” nicaragüense: todos los trámites policiales hubo de pasarlos sin beber (en los 80 beber era muy importante), porque en la barra de la cantina atendía un negro imponente, y Alberto, que sólo bebía “Ron Negrita”, no sabía (no osaba) pedirlo.
    
La aventura equinoccial de Lope de Aguirre es hambre, sed y flechazos al azar.
    
El Madrid de Lopetegui (hambre de balón, sed de goles y flechazos de fantasmas) es el barco de Lope de Aguirre a la deriva por el Amazonas, con Mariano y Lucas Vázquez, el Colibrí de Curtis, como vanguardia marañona. Enfrente, el Levante de Morales.
    
Si en Sevilla, con el Combinado Autonómico de Luis Enrique, Harry Kane quitó a Ramos el cinturón con mañas de David Copperfield, en el Bernabéu, Morales, con el Levante de Paco López, le bajó los pantalones en una sacudida de calamar que hizo decir a Valdano que si Morales, que es de Getafe, no está con Luis Enrique es porque en el fútbol la estética es muy importante (¡recuerden a Isaac Cuenca!), pero que todas las demás condiciones las cumple Morales (¡Morales Nogales!) con creces.

    ¿Cómo puede ser que un tío de Getafe poco agraciado (si lo comparamos, por ejemplo, con Beckham) que se llama Morales tenga en jaque permanente en el Bernabéu a la defensa con el mejor portero del mundo (Lopetegui con sus dudas ha metido una serpiente en el jardín del pobre Courtois), del lateral derecho más prometedor del mundo, del mejor central del mundo, del mejor defensa (así, en general) del mundo y del mejor lateral izquierdo del mundo?
    
El mejor lateral izquierdo del mundo volvió al equipo más chevre que nunca: no vio a Morales en ningún momento, pero limitó los daños del Madrid en el Guinnes con un gol que deja los registros de la sequía de goles al alcance de cualquier cenizo. Se alejan, pues, la Liga y el récord de goles (la mayor parte ilegales, al ser producto del contrataque) de Mourinho, que ayer volvió a perder, y ante el Chelsea, en el último minuto. Ahora nos damos cuenta de que el desencuentro del Madrid y Mourinho consistió en que Mourinho es un perdedor de último minuto y el Madrid es un ganador de último minuto. Zidane supuso la exacerbación de ese último minuto, la flor del desierto, la baraka mora. Lopetegui es la negación de la mala suerte de Mourinho, pues llega al último minuto con todo perdido, y de la buena suerte de Zidane, pues, con él en el banquillo, y con la ley de Murphy por testigo, si algo malo puede pasar, pasará.
    
La única atenuante de Lopetegui es que la Mejor Liga del Mundo es la más agarrada en goles de los últimos doce años. En la Liga del sanchismo rampante, el Gol es fascista. Y Vinicius en la estantería, como un Oscar a la aventura equinoccial de Lopetegui. Los fans del doctor Esquerdo se frotan las manos pensando en Guti.


LA ONU CULÉ

    Y en una semana, el Barça de Vázquez Montalbán (¡aquel gagman obrero!), que, como se sabe, es más que un club. Es la Onu culé. Una Onu como de Roures, nuestros Soros comprado en los chinos, que un día ampara la secesión de Cataluña, hecho por el que el club debió ser expulsado de la competición nacional, y otro día afea a Ronaldinho su apoyo a la candidatura electoral de Bolsonaro en Brasil, “por homófobo, racista, machista” (?) y toda esa letanía progre de la socialdemocracia mundial. “Desde el Barcelona defendemos valores civiles y democráticos”, remacha su portavoz. ¿Qué son valores civiles y democráticos? Quien entienda estos solecismos de derecho constitucional, entenderá también los números del fichaje de Neymar.