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miércoles, 31 de octubre de 2018

Casemiros



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Hughes lleva razón: estamos rodeados de un absurdo.

Como Casemiros.

Casemiro se siente uno al leer las melonadas políticas de Valls, que dice que el populismo es ir a buscar al enemigo. Hombre, Valls, buscar al enemigo es… ¡la política! Pero la distinción entre “la política” y “lo político” requiere de una fineza sólo al alcance de un genio del pensamiento, y Valls, que tiene a Azaña por “factor de unidad y convivencia”, carece de pensamiento para distinguir entre Boulanger, Poujade y todos esos “retrasados” que a dos manzanas de “chez” Valls ha estudiado Chantal Delsol. De ahí el estrambote de Valls (que es el de todo el “mainstream” periodístico que padecemos):
El nacionalismo lleva al fascismo.
El pueblo más nacionalista de la Tierra es Inglaterra, y allí no ha habido un dictador desde Cromwell, cuando quedó claro que los principios de la Nación estaban por encima de las facultades del Parlamento.
El segundo pueblo más nacionalista de la Tierra son los Estados Unidos, cuyo nacionalismo, que es patriotismo (su presidencialismo crea la nación y el patriotismo) es inventó de un inglés, Tom Paine, con un panfleto, y allí todavía no han conocido un dictador. Al contrario, son ellos los que, de cuando en vez, han de cruzar el charco para limpiar de fascistas la Europa de Valls. A Madison, Hamilton y Morris los llamaban “los jóvenes nacionalistas”, pero nadie, salvo Valls y estos politólogos del pan “pringao” que nos tienen hechos unos Casemiros, diría que iban… ¡para fascistas! A Hamilton, si acaso, lo acusaron privadamente de querer coronarse rey, pero eso sólo fue una maldad de Jefferson, un chinche de la demagogia.
¿Por qué el hecho de que May o Trump sean nacionalistas debe preocuparnos bastante menos que el hecho de que lo fueran MerkelTorra Pla… o Valls? La respuesta es simple, y se halla en la filosofía política, incluso en la de esos libros que en París amontona Valls como aceite el burro de Iriarte. A buscarla, urracas.