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sábado, 7 de junio de 2014

Vigesimosexta de Feria. Victorino salva Madrid con el honor de su divisa

El perrillo de Fermín Mondaraiz Mosulén, émulo del Perro Paco,
 tratando de animar al Belador para volver a los corrales tras su indulto
Corrida de la Prensa 1982

José Ramón Márquez

El otro día, a la salida de los toros, me encontré con Victorino. Le dije: “La leyenda de tu casa se basa en el terror, en los toros indomeñables, fieros y listos. Todo lo que sea alejarse de eso es ruina”. Me respondió: “Podemos estar de acuerdo, pero esos toros que tú dices, hoy en día ¿quién los mata?"
 

A los pocos días, como un regalo, Victorino echa en Madrid un corridón. Un señor corridón de toros que me quita de encima más de treinta años, un corridón de toros que es un chute de autenticidad después de las treinta tardes, que manda huevos, treinta tardes de mofa y befa del ganado de lidia, de la sacrosanta tauromaquia. Y ha tenido que ser, una vez más, Victorino (¡Victorinooooooo, morucheroooooooo!) quién ha puesto en el arenal de Las Ventas una corrida de toros que reivindica la m... de la feria y que reparte de nuevo las cartas para que el que no se entere sepa que el toro es un bicho que no es para estar “muy a gusto” con él, ni para “disfrutar un montón”, ni para “pasarlo bomba toreando”, porque si el toro es lo que debe ser lo que debe salir de  ahí es lucha, hombría, torería, épica y nunca disfrute, placer o echar el rato como el que está en el Retiro.

Victorino ha vuelto a poner en Madrid el listón más alto con una corrida de muchísimos matices, de disfrute para el aficionado, que pedía a voces la presencia de los grandes, el primero Julián el Poderoso de San Blas, para que demostrase su poderío, y detrás los toreros en sazón que han ofendido la memoria de tantos grandes toreros profanando la Puerta de Madrid sin merecimiento alguno: Luque, Perera y otros de los que ni me acuerdo ni me da la gana ir a mirar sus prescindibles nombres. Ahí tenían que haber estado esta tarde los príncipes del escalafón retratando su tauromaquia ful de vaivén frente a la única verdad incuestionable, eterna e indestructible: el toro. El toro frente a la cabra, frente a la mona, frente a la cucaracha, frente al caracol, col, col, el toro frente a la inmundicia ganadera de todos los días, pintada en esa odiosa página 14 del programa reiterada veintiséis tardes de treinta con la peste del maldito juampedro, que Dios le perdone, monserga reiterada e inane, antitaurinismo modorro destinado a aburrir a las ovejas y a permitir que los de las coletas postizas disfruten, se lo pasen bomba y se expresen.


La victorinada de hoy en Madrid pedía el carnet de identidad. Lo primero en presencia, que se dice ahora, en trapío que se dijo siempre. Toros serios como un catedrático de Civil de antes de la Guerra, con miradas listas y escrutadoras, fuertes de pezuña. Toros sin lengua de Victorino, que imponían en el ruedo el respeto que se debe a lo que se teme. Les pegaron en varas lo que no está en los escritos, sangraron litros, les desgarraron los lomos, les trataron de reducir con el hierro afilado de la puya y no lo consiguieron, que los de la A y la corona se mantuvieron, cada uno de ellos con sus particularidades, incólumes ante la sangría.
 

Los dos primeros, Madrileño, número 56, y Escritor, número 57, fueron toros anteriores a la corrida histórica del 82. Tobilleros, más que listos, inteligentes, con memoria, magníficos. No imagino el terror que se debe sentir de estar frente a esos dos animales armado de una tela roja, aguantar sus miradas huecas y, sobre todo estar preparado para la incertidumbre del final del muletazo. ¡Qué seriedad la de estos dos toros!, ¡qué trapío!, ¡qué ruleta rusa la de sus embestidas! Y luego, el tercero, Vengativo, número 27, un toro en busca de un torero, impresionante despliegue de casta, de fiereza indomeñada, explosión primitiva de fuerza, de sentido, de autenticidad: el toro de la Feria por ahora, devorando la muleta, al torero y a quien se pusiese por delante. Y el cuarto, Jaqueco, número 16, el más bravo de la tarde, el de embestidas más atemperadas, un toro a la espera de un torero de auténtico pellizco y generoso que resaltase sus virtudes sin cicaterías. Y el quinto, Majito, número 94, un killer con el interés del manso encastado, toro difícil y fiero, complicadísima ecuación que no se deja matar, que se defiende, que vende cara su vida, como cualquiera de nosotros haríamos. Y el sexto, Cominero, número 46, complicado toro que se orienta, y que no pasa.

Una vez más ha tenido que venir Victorino a salvar los muebles de la Empresa. Una vez más Victorino ha puesto el listón en el nivel real de la exigencia ganadera, de la seriedad del toro, de la autenticidad. Una vez más Victorino demuestra con esta corrida que tiene la ganadería bajo control, que es capaz de echar en cada sitio la corrida que se precisa en cada momento y que lo mismo que el año pasado bajó el listón para echarle una mano a Talavante, aunque a la postre el pobre hiciera el ridículo, lo mismo es capaz de poner en Madrid una corrida -toda ella con el guarismo 0- que sea capaz de copar de manera total todo el protagonismo de la tarde.


La otra pata de la mesa son los toreros. Y en ese sentido también hemos de agradecer a Victorino que esta tarde, gracias al encierro que soltó, hayan vuelto a nuestras cabezas los nombres de grandes toreros que sabían qué hacer con estos toros, Antonio Bienvenida, Dámaso Gómez, Ruiz Miguel, Palomar, José Antonio Campuzano, Andrés Vázquez, Paquito Esplá, El Cid, y con esos nombres nos ha vuelto el recuerdo de faenas a sangre y fuego, de trasteos por la cara, de muleteos poderosos (de los de verdad, no de los de a tanto el adjetivo), de entereza y de arte, pues no hay mayor arte en los toros que dominar con guapeza la fiera embestida de un toro, entender sus complicaciones y superarlas con oficio y verdad.


Hoy, por primera vez en lo que va de Feria y gracias a  la presencia del toro,  ha resplandecido en Las Ventas la verdad inmutable de la Fiesta, que viene a redimir a la Plaza vilipendiada, humillada, reducida, enalteciéndola, prestigiándola. Hoy Madrid ha vuelto a ser, tras treinta días de oprobio, la Primera Plaza del Mundo, el espejo de la Fiesta toda, el sitio de referencia: mi Plaza.
 

Se me olvidaba decir que con el corridón de Victorino se anunciaron Uceda Leal, que dio una estocada soberbia a su segundo; Antonio Ferrera, que naufragó de forma estrepitosa con el quinto. Y Alberto Aguilar, que demostró que por mucho que le apoyen los que le apoyan, está más capacitado para Montealto que para Victorino, aunque diremos en su descargo que se vio solo y desatendido ante las embestidas de sus oponentes, rodeado de una birria de cuadrilla. Resaltemos además a Iturralde y a Grilo, picadores de Uceda y Ferrera, respectivamente. 

Victorino en Las Ventas 2014
...y todo lo que no sea esto... carece de importancia