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miércoles, 25 de junio de 2014

Orbaneja






Ignacio Ruiz Quintano
Abc

      Quienes se escandalizan por el “putsch” catalanista de Cebrián es que no conocen a Orbaneja.

    –Todas las revoluciones han sido promovidas por hombres a los que no se les ha dejado colocar sus discursos.
  
Eso lo aprendió Camba en el “Speakers’ Corner” de Londres: los ingleses comprenden que un discurso embotellado es una bomba y lo dejan salir.

    En España, no, y por esta razón nuestra historia está llena de pronunciamientos (“putsches”). Camba pone el caso de Orbaneja:

    –Orbaneja lee el fondo de “El País” y allí encuentra dos o tres frases que le enamoran. Esas frases son la semilla de un discurso. Un día, Orbaneja le coloca un párrafo a su mujer; otro día le salen dos o tres párrafos en un café. Orbaneja es irresponsable. El discurso puede más que él. Por fin una noche pide la palabra. ¿Qué dice? Que es preciso cortar las siete cabezas de la hidra reaccionaria. Pero que nadie juzgue mal a Orbaneja, que es un hombre de ideas avanzadas, aunque de sentimientos pacíficos. La prueba de su inocencia al hablar de la hidra es que no sabe lo que es una hidra
  
Tampoco Cebrián sabe qué es el “derecho a decidir” (esa forma forense del cojonudismo hispánico: hacer lo que a uno, si tiene poder, se le ponga en los c...)
  
Cebrián sólo quería colocarle al Rey su discurso, una pieza trufada de citas falsas y por la paz del mundo (?) y la libertad de expresión (?), pero se ve que el Rey no quería parecer una aspirante a Miss Mundo, cuyo trono acostumbra adornarse con los discursos por la paz mundial, y tampoco un huelguista de “El País” como los que hemos visto manifestarse por la libertad de expresión en la calle de Alcalá, y devolvió el discurso.

    La reacción de Cebrián, en quien todo es ya reaccionario, ha sido irse con Mas para proceder a la voladura controlada, no de España, que para él es concepto franquista, sino de “Estepaís”, mas no el suyo, sino el nuestro.

    –¡Orbaneja! ¡Un hombre tan pacífico!
  
Es el poder de las ideas –dirán los becarios.