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sábado, 14 de junio de 2014

Las témporas

Hughes
Abc
 
Para no escribir culo. Porque para empezar son dos. Si se dice nalgas remite a algo demasiado íntimo y sexual. Una desnudez. Nalga parece sugerir al marqués de Sade (el divino marqués hasta Del Bosque) y unos azotes. Simetría perfecta del cuerpo, hemisférica, que despierta un eco hipotalámico y unas apetencias paleolíticas. Estamos encerrados en una forma aligerada que parte de la Venus Calípica griega y la reduce aún más. Redondez sin relieve. En Europa hay mucho gusto por lo mamífero, por el escote. Y luego una finura de la pierna, el fetichismo de la silueta estilizada del gemelo y el tobillo. Lo más muscular, cárnico, es el ser muslero. El culo remite a una silueta anterior del ser humano y es sustentante de nuestra condición bípeda (bisagra darwinista). Es estupendo que Jennifer Lopez cante en Brasil. Ella, Beyoncé o Kim Kardashian devuelven el gusto por las supremas redondeces. En el caso de Kardashian hay, incluso, una violencia del canon. Un más allá. Brasil era el sitio. Este no es el Mundial del fútbol brasileño, es el Mundial de la restitución del culo a su lugar hegemónico. En Brasil la mirada se libera de la esclavitud del canon mínimo. El culo brasileño es un milagro racial, historia hecha cuerpo, el equivalente físico a su convivencia étnica (¡Brasil es una nalga!). La longitud de pierna africana y la redondez voluptuosa de una diosa de la fertilidad precolombina se ahorman en una figura europea.¿No es el stretching de Miley
Cyrus
, su perreo anglosajón, una especie de impotencia, de espasmo desesperado de la mujer occidental por alcanzar esas formas?